Ambientalismo del Más Allá

Ambientalismo del Más Allá

Blog de Carmelo Scalone, Director Internacional de Desarrollo de Negocio en Falck Renewables (www.unef.es).

La casa está en llamas, pero nosotros debatimos sobre la estética y la ubicación de los extintores. Creo que no hay mejor metáfora para ayudarnos a comprender la paradoja del "Ambientalismo del Más Allá".

En honor a la verdad, la primera parte de la metáfora no está tan lejos de la realidad, pues la temperatura media de nuestra casa común, el planeta, sigue subiendo y las consecuencias de este calentamiento global son directamente verdaderos incendios a gran escala, cuya frecuencia ha aumentado dramáticamente en los últimos años, o bien otras catástrofes igualmente devastadoras a nivel natural, económico e incluso social (inundaciones, huracanes o la propia deforestación). Queda por aclarar qué representan los extintores en nuestra pequeña metáfora. El extintor más eficiente que tenemos para frenar los cambios climáticos, que también resulta ser el único, es la descarbonización de nuestras economías, que tendrá que realizarse improrrogablemente dentro de la primera mitad de este siglo, si es que queremos evitar lo irreparable.

Exactamente por esta razón, a nivel de la Unión Europea, nos hemos puesto el ambicioso objetivo de la neutralidad climática, es decir ser 100% netos en CO2, en 2050 (European Green Deal y Acuerdo de París).

Hay varias formas prácticas para descarbonizar, pero ninguna puede prescindir de una masiva electrificación de nuestros sistemas de producción, de transporte y de climatización. Y, evidentemente, para no volver a las causas de nuestros problemas, la gran cantidad de electricidad que se necesita para realizar esta transición energética tiene necesariamente que ser de procedencia no sólo renovable, sino también no contaminante y a cero emisiones. Lo que, a su vez, significa que toda la energía que necesitamos para remplazar los combustibles fósiles y para empezar a producir hidrógeno verde (el combustible limpio del futuro) tiene que generarse esencialmente con el sol (fotovoltaica) y con el viento (eólica).

Coherentemente, con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, nos hemos puesto como meta alcanzar los 50 GW de potencia eólica y los 39 GW de potencia fotovoltaica instalados en España en 2030, sumando el conjunto de las dos tecnologías a finales del 2020 un total de 42,7 GW. Es un reto que se presenta muy desafiante, puesto que, partiendo de la realidad actual, va a suponer un ritmo de instalación medio de aproximadamente 170 MW de eólica y 210 MW de fotovoltaica cada mes durante 10 años.

Hasta aquí creo que estamos todos de acuerdo, incluso los antiguos negacionistas del calentamiento global y los veteranos paladinos de los hidrocarburos. La paradoja viene ahora: por supuesto que queremos que se realicen estas nuevas plantas solares y eólicas – faltaría más – pero que no se hagan aquí, que se instalen en otro sitio, ¡que se construyan más allá!

Si las plantas en cuestión se ubican correctamente – es decir, fuera de áreas protegidas o reservadas – y si se diseñan con criterios de sostenibilidad, de reversibilidad y de compatibilidad entre uso pasado y futuro del territorio (por ejemplo, con las técnicas agrivoltaicas, que permiten no perder, e incluso recuperar, la eventual vocación agrícola del suelo), no hay argumento más miope, más egoísta, más irresponsable e inoportuno que este ‘Ambientalismo del Más Allá’.

Ahora que la solar y la eólica – ¡por fin! – han logrado convertirse incuestionablemente en la forma más barata de producir energía y de hacerlo, para que quede claro de una vez y a todos, sin necesidad de recurrir a ayudas públicas o a subvenciones, algunos de esos mismos ecologistas de la primera ola, que hasta ayer se manifestaban contra la nuclear, el carbón y el petróleo, y muchos maestros del pensamiento de última hora, que, por supuesto, nunca renunciarían a cargar sus teléfonos móviles o sus coches eléctricos, invocan que las renovables no se hagan en ‘sus’ municipios, en ‘sus’ comarcas y en ‘sus’ alrededores.

Pero, si no es allí, ¿dónde? Y, si no es ahora, ¿cuándo?

Ha llegado el momento, y es este, de desenmascarar este ‘ecologismo’ oportunista y localista, en búsqueda de consenso político (o mediático) barato, que prescinde de su razón de ser y que renuncia a asumir la responsabilidad, que claramente le pertenece, de entregar un planeta habitable a las futuras generaciones. Salvo que esos mismos convencidos ‘ambientalistas’ no piensen que la mejor estrategia para echarles una mano a las futuras generaciones sea hacerlo sin prisa y cómodamente desde el verdadero Más Allá…

Falck Renewables (www.unef.es)

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