Marketing Circular

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Marketing

Los negocios no son para competir. Si quieres competir mucho, no te va a quedar más remedio que ampliar tus negocios innecesariamente. En cambio, si trabajas convencido de que tienes una misión en tu vida, tus negocios se ampliarán progresivamente. El marketing circular es como la economía circular. No se trata sólo de fabricar productos para vender, sino de fabricarlos con emoción, con energía interior, poniendo todo tu sentimiento. Sólo así, los productos llegarán a la gente que realmente los necesita, y esa energía entregada volverá a ti multiplicada. “Por eso digo”, sostiene el autor de este artículo, “que los negocios no son para competir”.

Si no quieres luchar en el complicado mundo de la competencia comercial, ¿cómo hacer marketing? Bien. Primero tenemos que saber cómo es tu vida, o qué tienes que hacer en tu vida. De la misma manera, esta reflexión puede ser aplicada en grupos o en empresas. Si no estás seguro de qué estás haciendo o fabricando, no sabrás qué cosa produces. Si te obsesionas en fabricar productos sólo para vender bien, difícilmente nacerán cosas que casen con tu misión en la vida; si estás seguro de que estás haciendo lo que quieres hacer, entonces puedes producir cosas que otras empresas no podrán producir, y si produces cosas originales que otros no pueden producir, no habrá competencia. Son cosas que transmitan tu voluntad, que tengan voluntad. No me refiero a una voluntad cualquiera, sino a la voluntad universal y circular.

 

Voy a hablar de mi vida, como ejemplo. Yo era un experto, un asesor de marketing en una multinacional japonesa, vicepresidente de Koikeya… hasta que me convertí en artista. Era mi destino. Por mi propia experiencia, sabía que para cambiar era importante alejarse de la vida cotidiana aunque, en mi caso, siendo máximo responsable de mercadeo de una empresa, sabía que me costaría mucho aceptarlo. Así que abandoné totalmente mi típica vida empresarial. Con el tiempo, tengo que decir que me siento más natural, más yo mismo, como si hubiese vuelto a mi naturaleza, a mi verdadero origen. 

 

Investigando sólo con el microscopio nunca sabremos cómo es el mundo en realidad

 

Los negocios no son para competir. Si quieres competir mucho, no te va a quedar más remedio que ampliar tus negocios innecesariamente. En cambio, si trabajas convencido de que tienes una misión en tu vida, tus negocios se ampliarán progresivamente. El marketing circular es como la economía circular. No se trata sólo de fabricar productos para vender, sino de fabricarlos con emoción, con energía interior, poniendo todo tu sentimiento. Sólo así, los productos llegarán a la gente que realmente los necesita, y esa energía entregada volverá a ti multiplicada. “Por eso digo”, sostiene el autor de este artículo, “que los negocios no son para competir”.

Convirtiéndome en artista me fui quitando lo que me sobraba, como si se tratara de las diferentes capas de ropa: abrigo, chaqueta, jersey, camisa, ropa interior… La sensación era como regresar al momento de mi llegada al mundo, un renacimiento. En otras palabras: me daba la impresión de estar en el mismo momento del origen de los seres vivos, de poder estar con las estrellas…

Durante ese proceso sensitivo, dibujé el símbolo de la vida (‘inochi’, en japonés). Para conseguir este nuevo estado de vida, creo que tenemos que alejarnos del ritmo de vida actual. O intentar hacer algo nuevo. Hay que decidir y escoger una de las dos maneras. No hace falta cambiar al cien por ciento o las 24 horas al día. Olvidar durante unas tres horas al día nuestra vida habitual podría ser razonable para intentar ese cambio. Pero lo que está claro es que si no haces nada, nunca podrás conseguir esta sensación. Yo, cuando era aún empresario, comencé a experimentarla dibujando, o reuniéndome con otro tipo de personas que no tuvieran nada que ver con el marketing. Hoy me siento natural, auténtico, todo el día. 

 

Ser auténtico

¿Qué quiero decir con sentirme auténtico, natural? Pues que todos somos iguales: humanos, animales, vegetales, los más pequeños de seres vivos. Y puede que hasta las estrellas. Todos tenemos el mismo origen, y la única manera para tener esta sensación es quitarnos lo que nos abruma. Sentirse auténtico es sinónimo de volver a nuestros orígenes. Volviendo al ellos puedes recuperar habilidades o capacidades ocultadas. Volviendo a tus orígenes puedes conseguir mejores resultados en los negocios o en la expresión artística. La mayoría de gente piensa al revés: sólo busca cosas nuevas. Pero lo cierto es que tendremos más capacidades si, una vez alejados de la vida habitual, intentamos recuperar nuestros orígenes.

Yo, como otras personas, practicaba deporte y estudiaba en escuelas. Pensaba que trabajando mucho, estudiando mucho, tendría una vida mejor, saludable e inteligente. Pero un día me di cuenta de que todas estas teorías son falsas. Investigando sólo con el microscopio, nunca sabremos cómo es el mundo en realidad. No niego la investigación microscópica en sí; lo que quiero decir es que ahí no está todo, que es una visión reducida. Creeremos erróneamente. 

 

Sentirse auténtico es sinónimo de volver a nuestros orígenes

 

Los humanos no somos diferentes a otros seres vivos. Todos somos básicamente iguales. Creemos que somos diferentes a ellos porque los clasificamos, pero todos compartimos el mismo origen. La única diferencia es que los humanos tenemos las capacidades de tener voluntad y del intercambio comunicativo. Y puesto que tenemos la capacidad de entender cómo es la naturaleza, podemos volver a esa naturaleza.

Cuando era empresario sólo veía las cosas del mundo a través del espacio-tiempo, la consecuencia de lo que pensamos todos nosotros en nuestro interior a partir de la realidad física. Nuestros pensamientos y voluntades crean el fenómeno del mundo donde vivimos. 

¿Qué me motivó a dibujar cuando era empresario? Posiblemente ese era mi destino. Dibujando en la oficina después del trabajo del día me di cuenta de qué cosa quería hacer realmente con mi vida. Estaba muy contento con la manera en que enfocaba el marketing de nuestro negocio. Recuerdo, a propósito, el episodio de la niña Rina*. Entendí que haciendo productos con sentimiento podíamos trasladarlo a nuestros consumidores. No podemos disfrutar la vida haciendo negocios si solamente pensamos en la compra-venta. En el mundo de negocios, para tomar una decisión importante muchas veces la prioridad es obtener la ‘mejor venta’ o el ‘mejor beneficio’. Pero ese no es el camino correcto. Cuando podemos comunicar nuestro sentimiento, nuestra pasión, a los consumidores es cuando se puede sentir la felicidad de la vida haciendo negocios. Dibujar es crear arte. ¿Y qué es el arte? El arte debe ser comunicación y creación. Yo puedo decir que vivir es arte. Podemos sentir la vida en diversos escenarios: negocios, comunicando o creando. Pero la comunicación no es suficiente con palabras. Hay que transmitir voluntad y sentimiento a los otros. 

 

 

Marketing y arte 

Se puede aplicar todo esto en el marketing actual. Desde que soy artista, he encontrado a mucha gente y he viajado a muchos lugares. Cada encuentro me da una nueva sensación de ‘vida’. Tanto el marketing como el arte pueden conseguirlo. Pero sin ‘vida’ no puedes transmitir tu sentimiento o tu voluntad a otra gente. No me refiero a una voluntad cualquiera, sino a la voluntad universal y circular, la que beneficia a todos y que nos es devuelta.

Como artista puedo recibir la fuerza de tierra y del universo. Lo importante es sentirlo físicamente, más que en la mente. Esa fuerza no solamente llega a los artistas, sino también al empresario o a cualquiera que haga negocios; se puede experimentar esa sensación de fuerza o energía cuando se siente sintonía entre ambas partes negociadoras. Se intercambian corrientes de energía cálida, y esa fuerza cálida nos motiva para crear cosas nuevas. Por ejemplo, si encontramos a una chica que esté contenta de nuestros productos, la fuerza o la energía de ella nos es devuelta con creces.

Pero, insisto, hay que conectar de verdad las dos partes que intervienen en un acuerdo de negocio, o entre productores y consumidores. Si no, es imposible que circule esa corriente cálida.

El origen del universo, de todo y de todos, no es material sino energía voluntariosa. Tenemos que volver a eso. Debemos desprendernos de lo innecesario y regresar a lo auténtico. Unificarse con el origen, mejor dicho. Como se deshace el hielo en el agua, todo queda así unificado. Y una vez se unifican, ya no se puede distinguir entre una cosa y la otra, entre tú y yo, entre tú y él. Somos nosotros mismos. En la escena del mundo de los negocios ocurre lo mismo. Fabricantes y consumidores son unificados, no hay nosotros ni ellos. Una vez unificados, el movimiento circular, que es el sistema del universo, no se para las cosas, sino que acelera el movimiento. Sirva este paralelismo con lo que se ha dado por llamar economía circular.

Todos somos iguales, tenemos el mismo origen, aunque cada uno tenga su destino particular. En 2006, cuando dejé de ser asesor de marketing para convertirme en artista, también descubrí que podemos producir cosas nuevas si tenemos química, una sintonía natural con nuestros colaboradores. Sintonía natural quiere decir que hay comunicación profunda. Esta experiencia de crear cosas nuevas nos estimula a repetir colaboraciones, ya que entramos en otra escena superior desconocida. De la misma manera que los niños crecen progresivamente, tanto física como mentalmente, si experimentas esa sensación es normal que quieras hacer más cosas con gente como tú. 

 

El cambio continuo 

El mundo actual se está enfrentando a graves problemas como son el calentamiento global, los terremotos o tsunamis. El universo está cambiando. 

Visitando monumentos antiguos, observando artes antiguos, sintiendo la energía de la Tierra o del universo, poco a poco uno se da cuenta de su destino en la vida. La manera de darse cuenta no es única, depende de cada persona. Hay gente a la que le cuesta. Yo lo he encontrado con el arte, y haciendo arte me he dado cuenta de que el arte y el marketing son diferentes expresiones de una misma cosa. Estoy convencido de que podríamos producir productos comerciales a la par que artísticos, que transmitiesen valores. También los servicios sociales pueden ser arte si contienen su destino universal.

Los humanos podemos convertir nuestra voluntad en realidad. Si todo el mundo conociese su destino, no existirían guerras comerciales, o esa desnaturalizada competencia comercial. Si cada uno de nosotros ejerce el papel que le corresponde, no tiene por qué haber conflicto en los negocios. Pero la gran mayoría de la gente no se da cuenta de eso. Por eso sigue compitiendo. No pueden producir productos o servicios que se correspondan a su misión en la vida. La mayoría imita e intentan ganar más territorio, pero eso es fatuo y lleva a la frustración.

Podemos expresarnos también en los productos comerciales. Si son productos alimentarios, hay que conseguir que entren en el cuerpo a través del estómago; si es pintura, que lo haga a través de los ojos; si es música, por los oídos.

 

Las empresas y sus responsables de marketing necesitan trabajar sobre un concepto común

 

Las empresas y sus responsables de marketing necesitan trabajar sobre un concepto común. Si los dos, persona y empresa, comparten conceptos comunes, podrán trabajar bien juntos. Si se trata de una pequeña o mediana empresa, un presidente de confianza fijará en ella su concepto universal; si es una empresa de gran tamaño o tiene mucha historia, muchas veces el concepto no fluye en todos los sectores de la organización; es difícil operar, pero si se crea un proyecto, se puede involucrar a todos. 

Si un grupo de personas comparte la misma voluntad, pueden trabajar juntos. La voluntad será el origen de su motivación. La voluntad y la fuerza serán sinónimas. La voluntad servirá para hacer cosas nuevas que realmente necesite el mundo. Si trabajas solamente para conseguir beneficios, no favorecerás al mundo. 

 

El sucesor 

Un día tendremos que despedirnos de la vida, ya que tenemos cuerpos que caducan. Si no podemos encontrar personas con nuestra misma voluntad, no podremos hacer el relevo generacional. En una empresa, si se cambia la dirección y la nueva no mantiene la misma voluntad que tenía la anterior, cambiando la estrategia o sencillamente cambiando la presentación de los productos, será una empresa diferente, con otro concepto. Si antes vendía bien, no podrá hacerlo tan bien como antes. Hace falta que la gente que tiene voluntad transmita su conocimiento a la siguiente generación. Si alguien que no la tiene piensa intentar transmitirla, se equivoca. Para transmitir ese conocimiento, hay que dejarlo en libros, o pinturas o algo similar. Sólo así quedará para siempre.

* Pinky era una marca de caramelos con sabor a fruta-menta. En cada paquete había tabletas redondas, pero a veces aparecía una con forma del corazón. Esto animó a las mujeres, jóvenes y adultas, a comprarlas. Un día recibimos un e-mail de una madre que tenía una hija pequeña, llamada Rika. Decía: “Mi hija compra Pinky, pero nunca hemos encontrado la tableta del corazón. Ella está muy triste. ¿Podríais enviarle a mi hija un Pinky con un corazón?”. El problema es que nosotros no podíamos colocar manualmente un corazón dentro de las bolsas que se hacían en la fábrica, así que finalmente decidimos enviarle tres sobres de Pinkys con este mensaje: “¡Que tengas buena suerte!”. Al cabo de unos días recibimos una carta de Rika. Escribía ella misma. Decía: “Soy Rika, estoy muy feliz”. Nadie de nosotros pudo contener la emoción… y yo sentí que alguna cosa que estaba en mi interior salía de golpe hacia fuera. Posteriormente nos llegó una carta de un niño. Otra vez me emocioné. Sentía que un lazo nos había ligado con aquellos niños.

 

Por Wataru Koike

artista, ex vicepresidente de Koikeya

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