Entrevista Carlo Petrini, fundador de SlowFood

Entrevista Carlo Petrini, fundador de SlowFood

Carlo Petrini

“Salvamos a los campesinos salvando a los pequeños comercios de barrio”

“La comida ha perdido valor. Preguntamos cuanto cuesta, no cuanto vale”

Existe una relación muy estrecha entre conceptos como slow, green y smart. Los tres comparten objetivo: mejorar la calidad de vida de las personas a través de una actitud responsable y sostenible. Cada uno de estos conceptos se puede definir como vanguardista por su visión de futuro y por ser perfectamente aplicables en el presente. Cuando, a mitad de los años ochenta, Carlo Petrini (Bra, Italia, 1949) fundó SlowFood, uno de los movimientos más rompedores e innovadores de la gastronomía, no podía prever que su criatura seguiría en plena forma y con más sentido si cabe 30 años después. Comer (y vivir) lentamente es comer (y vivir) mejor y de forma más inteligente. Por ello, SC Actual Smart City no podía dejar pasar la ocasión de charlar con él durante su visita a Barcelona el pasado mes de marzo para otorgar la placa de SlowFood “Kilómetro 0” a diversos restaurantes catalanes. Carlin (con este apodo se conoce a Carlo Petrini en todo el mundo) nos habló sobre el estado actual de este emblemático movimiento y de cómo mejorar nuestro estilo de vida. Sin duda, no estamos ante una simple moda pasajera.

SCASC.- SlowFood está a punto de cumplir su 30 aniversario. En casi tres décadas ha alcanzado una visibilidad planetaria y, sobre todo, ha creado una filosofía de vida que va más allá de la comida. ¿Cuál es la batalla más importante que está llevando a cabo SlowFood hoy en día?.
CP.- Vista la época que nos toca vivir, con una crisis que está generando mucha pobreza y hambre incluso en los países más ricos, la lucha en contra de los desperdicios alimentarios es sin duda la más importante. En el mundo producimos comida para 12.000 millones de personas. Si pensamos que en el planeta vivimos 7.000 millones de personas y 1.000 millones pasan hambre, comprenderéis que estamos viviendo una fase de esquizofrenia alimentaria de la que todos, en diferentes medidas, somos culpables.

SCASC.- ¿Cómo se puede concienciar las personas de que la filosofía Slow Food conduce directamente a una mayor calidad de vida?.
CP.- A quien hay que concienciar es a la política, ya que es necesaria una voz unánime para solucionar este tema. Existen políticos de todas las ideologías conscientes de esta situación y en Bruselas algo se está haciendo, pero estamos todavía a mitad del camino. Lo que sería útil es que alguien pidiera cuentas a los gobiernos europeos sobre los motivos que les llevan a posicionarse a favor de los ONG, por poner un ejemplo.

SCASC.- ¿Esto quiere decir que los motivos de la implantación de los ONG no son sólo económicos?
CP.- Le contaré una anécdota. Hace unas semanas recibí una llamada del Papa Francisco. Hablamos de posibles vías para erradicar el hambre en el mundo y de la economía de la subsistencia. Ambos llegamos a la conclusión de que aplicar el paradigma de la industria a la agricultura lleva a la muerte de la producción agrícola, algo que nadie en el mundo puede permitirse.

SCASC.- Últimamente asistimos a un auge de los programas de cocina en la televisión. ¿Cree que son útiles para concienciar a la gente de la importancia de los productos de la tierra y de alimentarse de forma sana?
CP.- Lamentablemente los programas de televisión y las revistas hablan solamente de recetas y no de materias primas, de biodiversidad y de los campesinos que hacen posible traer a nuestra mesa productos sanos y buenos. Me duele decirlo, pero hoy en día la comida ha perdido valor: nos preguntamos cuánto cuesta y no cuánto vale. Toda esta filosofía nos lleva a una gastronomía donde priman las fotos artísticas y los programas de televisión. Yo la llamo pornografía alimentaria.

SCASC.- En nuestra revista hablamos de vida en la ciudad. ¿Cómo podemos convencer a los ciudadanos de que para vivir mejor hay que comer mejor?
CP.- Primero sería interesante promocionar los productos de kilómetro 0, es decir, de proximidad, pero eso no es suficiente si no sabemos cómo venderlos. Una forma de hacerlo es activando un sistema de mercados y mercadillos locales en las ciudades y en los pueblos y sustentar así al campesino y a su economía. En EEUU, por ejemplo, en los últimos años se ha activado una red de 12.000 mercados donde el campesino puede vender su producto directamente al consumidor final.

SCASC.- ¿Quiere decir que en las ciudades asistiremos a una lucha de David contra Goliath: mercados locales contra la gran distribución?
CP.- Tenemos que hacer algo para evitar que la gran distribución se lleve la totalidad del mercado de los alimentos. En otras palabras, hay que dar soporte a la pequeña distribución organizada a través de la creación de auténticas comunidades de productores y consumidores. El resultado será también dar vitalidad al pequeño comercio de barrio que compra el producto directamente a quien lo produce”.

 

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