El email marketing se está imponiendo a las redes sociales

El email marketing se está imponiendo a las redes sociales

Las redes sociales tienen millones de usuarios. El target más joven pasa más tiempo consultando Instagram y Snapchat que viendo la televisión. En 2017, Facebook ya tenía más “habitantes” que Estados Unidos, China, Japón y México juntos.

A juzgar por todos estos argumentos parece que el director o directora de marketing que no apostase por tener presencia en social media sería un inconsciente. A grandes rasgos lo es. Aunque más inconsciente aún sería el que lo apostase todo a las redes sociales pasando por alto todo que cada vez más usuarios jóvenes se van de la red de Mark Zuckerberg, que aquí se generan mucho ruido y fake news o que sus vidas son efímeras. ¿Alguien se acuerda de Google+? ¿Cuánto le queda a Instagram para desterrar definitivamente a Facebook?

El email marketing no es la estrategia de comunicación más novedosa que una marca puede usar para entrar en contacto con su audiencia. Probablemente tampoco la más masiva, pero sí una de las más eficaces a nivel de personalización, conversión y fidelización de la audiencia. 

LA CLAVE ESTÁ EN LOS ALGORITMOS 

Una alternativa al email en marketing digital puede ser trabajar el posicionamiento web. El posicionamiento en buscadores, optimización en motores de búsqueda o SEO, es imprescindible para una marca. Aparecer en la segunda página de resultados de búsquedas de Google, o cualquier otro buscador, puede implicar el más estrepitoso de los fracasos, en tanto que un buen posicionamiento implica grandes beneficios a medio y largo plazo.

Recibir tráfico de forma constante a una web está directamente relacionado con alcanzar los objetivos de marketing que esa compañía en concreto se haya marcado.

No obstante, el SEO no lo es todo en este tema. De hecho, una estrategia perfectamente estudiada y trabajada, con la inversión de tiempo y dinero que implica, se lo juega todo a un algoritmo. Y si un día Google decide cambiar su algoritmo y echar por tierra todos los criterios que una marca había trabajado escrupulosamente para aparecer en el primero, o al menos en el segundo, resultado de búsquedas, todo habrá servido para nada. En el mejor de los casos, el cambio afectaría para bien. En el peor, para mal.

Un cambio de algoritmo que Google puede marcar como “minor update” en ocasiones se traduce en decenas de miles de visitas a la web perdidas. Al fin y al cabo, Google define su algoritmo en base a los parámetros que son útiles para su modelo de negocio, no para el de una marca en concreto. Algo que pasa, inevitablemente, cuando no se tiene el control de la herramienta que se usa. Y este, por contra, no es el caso del email marketing. Como tampoco lo son las cookies que persiguen al usuario por su navegación web después de hacer una búsqueda concreta, muchas veces incluso de forma prácticamente accidental.

 Igual que pasa con el posicionamiento web, una marca tampoco tiene el control sobre las redes sociales. Además, el tráfico que se genera desde estas plataformas es demasiado volátil. No hay más que recordar uno de los últimos cambios de algoritmo de Facebook para premiar las publicaciones de nuestros amigos por encima del contenido de páginas de medios de comunicación y marcas. Algo que Facebook decidió pensando en su propio modelo de negocio, no en los millones de estrategias de marketing online pensadas y diseñadas para que las marcas que usan esta plataforma puedan conectar con su target.

El email marketing se está imponiendo a las redes sociales

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