Datos “limitados y poco fiables” en las apps y wearables de monitorización del sueño

Datos “limitados y poco fiables” en las apps y wearables de monitorización del sueño

El incremento de la conciencia social sobre la importancia del sueño como pilar de salud, unido al creciente desarrollo tecnológico, ha llevado en los últimos años al surgimiento de un sinfín de aplicaciones móviles (apps) y dispositivos tecnológicos (wearables) que aseguran tener la capacidad de monitorizar y controlar el sueño de los usuarios. Sin embargo, desde la Sociedad Española de Sueño (SES) se quiere matizar la utilidad de estas apps y dispositivos, y alertan del riesgo de que este interés creciente por el sueño pueda acabar convertido en algunos casos en una obsesión o preocupación excesiva que pueda tener el efecto opuesto.

“Los estudios realizados hasta la fecha con estas apps y wearables han demostrado que más o menos tienen una cierta fiabilidad respecto al tiempo de sueño y al tiempo pasado en la cama (porque se basan fundamentalmente en la señal de un acelerómetro que mide actividad e inactividad, asumiendo como inactividad el sueño), pero son poco o nada fiables respecto a otros aspectos del sueño como la eficiencia, la calidad, la continuidad y la profundidad del sueño. Hasta ahora, por ejemplo, no hay dispositivos que nos permitan identificar las fases de sueño”, explica el doctor Javier Puertas, vicepresidente de la SES.

En ese sentido, Puertas recuerda que en la actualidad “no existe ningún dispositivo o app” validado o que pueda obtener los datos que ofrecen las pruebas diagnósticas del laboratorio de sueño, como la polisomnografía. Según el experto, el futuro en este campo debe caminar hacia el desarrollo de apps y dispositivos que integren otros parámetros fisiológicos distintos al de actividad/reposo.

“En estos momentos el patrón de la actividad cardíaca ya es registrado por algunos dispositivos y pronto ese patrón, como otros que registran la temperatura de la piel, podrán proporcionar junto al de actividad/reposo señales que, todas integradas, puedan dar mayor fiabilidad en los datos obtenidos. Aún estamos lejos de poder decir que los dispositivos de hoy son fiables, pero hay una fuerte tendencia y desarrollo tecnológico que es posible que en pocos años haga que podamos disponer de dispositivos que, sin sustituir a las pruebas de las unidades de sueño, aporten un beneficio añadido en la valoración del sueño y sus trastornos de forma más cómoda, fiable y durante más tiempo que una sola noche de registro”, reflexiona.

Preocupación por la obsesión por el sueño

Desde la Sociedad Española de Sueño se insiste en que es “positivo” que haya un interés creciente sobre el sueño entre la población, pero subrayan tres aspectos de esta “moda” que pueden tener repercusiones negativas.

Por un lado, el propio concepto de “moda”, que puede convertir el interés por el sueño “en algo frívolo y pasajero”. Por otro, que la preocupación por el sueño derive en una obsesión anormal, como ya ha ocurrido con otros aspectos de la salud como el ejercicio físico (vigorexia) o la alimentación (ortorexia).

“Además, en el caso del sueño, la preocupación excesiva por el mismo es peor incluso en el corto plazo que los casos mencionados en la alimentación y el ejercicio físico, porque justamente el sueño solo aparece y es de calidad cuando desconectamos y no estamos obsesionados con él. Es más, uno de los factores para el desarrollo de insomnio en muchos pacientes es precisamente una excesiva preocupación por dormir, porque justamente un elevado nivel de alerta o atención es incompatible con el sueño”, argumenta el vicepresidente de la SES.

Por último, Javier Puertas señala los riesgos de automedicación asociados al autodiagnóstico de problemas relacionados con el sueño a través de los datos proporcionados por apps y gadgets tecnológicos: “Nos podemos encontrar con personas que son dormidores cortos, que tienen suficiente con seis horas, pero que empiezan a preocuparse por su sueño y comienzan a tomar pastillas cuando probablemente no necesiten nada”.

En ese sentido, desde la SES recomiendan a los usuarios que empiecen a tener interés por monitorizar su sueño que no tomen decisiones interpretando de forma aislada o parcial los datos “limitados e insuficientes” que proporcionan estos dispositivos y apps, “sin la ayuda y el consejo de un profesional”.

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