Ciudades
La innovación, una apuesta de los ciudadanos
En nuestra conciencia colectiva la innovación no puede quedar restringida a la tecnología, sino que también ha de aplicarse a las ciencias sociales
Hoy, por suerte, ya está sobradamente demostrada la relación entre la inversión en Investigación e Innovación y la riqueza de una sociedad. Pero cuando decimos esto muchas veces lo hacemos desde un sesgo económico; lo hacemos pensando únicamente en la aplicación de la I+D+i en la mejora los resultados financieros de nuestras empresas y olvidando que la riqueza de una sociedad no es una mera cuestión económica.
Una sociedad realmente rica es la que logra repartir esa riqueza, garantiza el bienestar de todos sus ciudadanos, tiene un sistema educativo excelente que genera talento, valora su patrimonio cultural, preserva su entorno natural e implica a sus ciudadanos en el establecimiento de sus políticas públicas.
Así que me gustaría dedicar estas líneas a animaros a partir de ahora a hablar de la innovación (y su siempre necesario impulso) desde una atalaya más alta. Es cierto que la mejora de los resultados de nuestras empresas, el mantenimiento de su competitividad, es fundamental. Es cierto también que la riqueza de una sociedad es, para empezar, riqueza económica. Pero, os animo a no quedarnos en eso, a que vayamos más allá y dejemos de centrar nuestros esfuerzos por crear una sociedad con una economía innovadora para construir una sociedad innovadora.
En la Agencia Vasca de la Innovación-Innobasque somos conscientes de que lograr que la innovación llegue a todos los ámbitos de una sociedad es un objetivo muy ambicioso. Tanto, que alcanzarlo sólo es posible poniendo el acento en las personas. Todas y cada una de ellas.
Esto quiere decir que lo primero, lo realmente fundamental, es sensibilizarlas. Convencerlas de la necesidad de la I+D+i. Esa va a ser una de las pocas cosas buenas que, pasado el tiempo, podremos decir que nos ha dejado la pandemia. El rápido desarrollo de las vacunas ha puesto de relieve la labor de los investigadores y, por tanto, ha evidenciado la necesidad de contar con personas e infraestructuras especializadas en investigar e innovar.
Es más, ha subrayado la necesidad de que esos recursos no sean sólo privados, sino que es fundamental que la propia sociedad, a través de sus administraciones públicas, primero colabore en su financiación y después garantice que los beneficios de esas innovaciones lleguen a todas las personas en igualdad de condiciones.
Por otra parte, creemos que también hay que inculcar otra idea; la innovación es una herramienta para solucionar toda clase de problemas sociales. En nuestra conciencia colectiva la innovación no puede quedar restringida a la tecnología, sino que también ha de aplicarse a las ciencias sociales. Minimizar el impacto de una pandemia ya puede ser considerada una solución social, pero en este punto me refiero a los grandes retos a los que nos enfrentamos como sociedad y que se acentuarán en los próximos años; nuestra población envejece, los flujos migratorios se aceleran, las desigualdades económicas se acrecientan, la polarización política se consolida, las tensiones geopolíticas desestabilizan el equilibrio global, el cambio climático se agrava, los recursos naturales se agota.
Estas transformaciones sin precedentes, vividas además a la vez y en un contexto de creciente interdependencia mundial, han de abordarse conjuntamente y de forma multidisciplinar, puesto que interaccionan de maneras complejas y con frecuencia imprevistas. Es decir, frente a todos estos desafíos hay un único punto de partida; la búsqueda de nuevas soluciones capaces de abordar nuevos problemas. O lo que es lo mismo; la I+D+i social.
Finalmente, creemos que la innovación no es social sólo porque se financie con fondos públicos o incluso porque tenga por objetivo la resolución de problemas sociales como los anteriormente descritos. La innovación es social cuando los ciudadanos asumimos nuestra participación activa en los procesos que la promueven o que se impulsan gracias a ella.
Cuando ponemos a prueba las nuevas soluciones que nos plantean desde el ámbito empresarial o institucional (lo que se llama innovación abierta); cuando proponemos a las administraciones públicas o empresas mejoras en los servicios que ofrecen o incluso en la gestión que hacen de sus recursos o cuando votamos en un proceso participativo que aboga por un nuevo modelo de gobernanza.
En definitiva, cuando nos mostramos receptivos a nuevas ideas y estamos abiertos a ver y cuantificar el impacto de la innovación en nuestra sociedad, en nuestra vida.
Si conseguimos que los ciudadanos sientan y defiendan (sintamos y defendamos) la innovación como algo propio porque se ha financiado entre todos, porque sus resultados son aplicables a nuestros problemas del día a día y porque, además, nos implica en su avance podremos decir que la nuestra es una sociedad innovadora. Y eso será tanto como decir que la nuestra es una sociedad realmente rica porque ésa ha sido la apuesta de sus ciudadanos.
Autora

Leire Bilbao Elguezabal
Directora General de la Agencia Vasca de la Innovación-Innobasque
Leyre Bilbao Elguezabal es la Directora General de la Agencia Vasca de la Innovación – Innobasque, la alianza público-privada por la Innovación en Euskadi, cuyo objetivo es impulsar la innovación en las organizaciones vascas para situar Euskadi entre las regiones con mayor nivel de innovación de Europa en 2030, como estrategia para atraer talento e inversión, y desarrollar una sociedad avanzada.
Anteriormente, durante la X legislatura del Gobierno Vasco, desde la Dirección de Tecnología y Estrategia, Bilbao lideró la política de competitividad e I+D+i y las políticas de la Unión Europea, gestionando programas del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación y promoviendo acciones vinculadas a la creación e implantación de infraestructuras estratégicas tecnológicas e innovadoras vinculadas a la política de ciencia y tecnología del País Vasco.
Leire Bilbao es Ingeniera informática por la Universidad de Deusto y experta en Gestión Avanzada por IE Business School y en Alta Dirección de Empresas por el IESE Business School. Experta en gestión de equipos humanos y relaciones comerciales, su trayectoria profesional se ha desarrollado tanto en la industria privada como en la pública, en los sectores petroquímico y electrónico en el Reino Unido en sus inicios y en el campo de la innovación en los últimos 20 años.
Es miembro de las juntas directivas de BCBL, BCAM y Euskalit.

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