El CEO de Boldyn Networks para España e Italia defiende el modelo de infraestructuras compartidas y redes privadas 5G como la base imprescindible para acelerar la transformación digital de las ciudades y convertir la innovación en servicios reales para los ciudadanos

Con más de treinta años liderando el despliegue de redes de telecomunicaciones en Europa y Latinoamérica, Antonio Ruggiero dirige la expansión de Boldyn Networks en España e Italia. Tras impulsar proyectos de referencia internacional como Roma 5G, sostiene que el futuro de las smart cities no dependerá de instalar más sensores, sino de construir infraestructuras digitales compartidas, resilientes y preparadas para la inteligencia artificial, los gemelos digitales y la movilidad conectada. 

TSCJ.- Boldyn ha anunciado una apuesta muy ambiciosa por España. ¿Cuál es su visión del mercado español de smart cities para los próximos cinco años y qué papel quieren desempeñar en los grandes proyectos urbanos que se están impulsando con fondos europeos? 

AR.- España es uno de los mercados europeos con mayor potencial para el desarrollo de smart cities en los próximos cinco años. El país atraviesa un auténtico punto de inflexión en su transformación digital. Prueba de ello es el enorme interés que ha despertado la convocatoria RedCyTI para impulsar ciudades y territorios inteligentes, que ha duplicado su presupuesto inicial debido al elevado número de proyectos presentados. Las ciudades españolas han entendido que la digitalización ya no es una opción, sino una prioridad estratégica para mejorar los servicios públicos, atraer inversión y dar respuesta a retos como la movilidad, la sostenibilidad o la resiliencia urbana mediante la colaboración público-privada. 

En Boldyn queremos desempeñar un papel protagonista como socio tecnológico de largo plazo para las administraciones, aportando infraestructuras digitales avanzadas que impulsen la transformación digital y faciliten la ejecución de proyectos respaldados por los fondos europeos (NextGenerationEU). Actualmente, desarrollamos redes urbanas avanzadas en ciudades como Londres, Nueva York, San Francisco, Sunderland (Reino Unido) y Roma. 

De hecho, uno de nuestros proyectos más ambiciosos es Roma 5G, el cual muestra cómo se puede convertir a una de las ciudades más visitadas y ancianas del continente en una de las ciudades inteligentes más conectadas y sostenibles de Europa. Para ello, se ha desplegado una infraestructura 5G compartida en su red de transporte público que permitirá mejorar la gestión de la movilidad, optimizar los servicios urbanos y responder mejor a retos como el turismo masivo. De hecho, Roma ya ha sido reconocida por su innovación y transformación urbana como la Ciudad Inteligente de 2025 por los Premios Mundiales a las Ciudades Inteligentes celebrada en el Smart City Expo World Congress (SCEWC).

En todas ellas, desplegamos ‘autopistas’ digitales que conectan el tejido urbano con la innovación. Nuestro objetivo es materializar una gestión urbana eficiente basada en datos en tiempo real, asegurando que la digitalización se traduzca en un beneficio directo, sostenible y medible para los ciudadanos.

TSCJ.- Durante años muchas ciudades han invertido en plataformas digitales y sensores, pero el gran reto sigue siendo disponer de una conectividad robusta y segura. ¿Hasta qué punto considera Boldyn que las redes privadas 5G y las infraestructuras compartidas serán el verdadero catalizador de la siguiente generación de ciudades inteligentes? 

AR.- Desde mi perspectiva al frente de Boldyn Networks en España e Italia, la respuesta es contundente: las redes privadas 5G y las infraestructuras compartidas no son solo un catalizador, son la única base real para la siguiente generación de ciudades inteligentes. Durante años, muchas ciudades han caído en la sensorización masiva instalando plataformas y dispositivos aislados, olvidando que, si las arterias que transportan esa información fallan o se saturan, todo el ecosistema digital colapsa. El verdadero reto ya no es capturar el dato, sino garantizar una conectividad robusta, segura y masiva en tiempo real.

Nuestra experiencia global con proyectos emblemáticos como #Roma5G nos demuestra que el modelo tradicional de despliegue —donde cada operador duplica infraestructura— es económicamente inviable y urbanísticamente insostenible. Mediante el modelo de Neutral Host (operador neutro) que impulsamos en Boldyn, desplegamos una única red compartida de alta capacidad que da servicio a múltiples operadores y servicios municipales. Al mismo tiempo, las redes privadas 5G aportan la latencia ultrabaja y la seguridad crítica con cifrado avanzado que demandan los servicios públicos esenciales, garantizando que la red nunca se congestione. Es esta infraestructura invisible pero resiliente la que verdaderamente transformará la gestión urbana, tal como ya estamos trasladando al tejido industrial y portuario en España.

TSCJ.- Cada vez más ayuntamientos buscan reducir costes sin renunciar a la innovación. El modelo de 'neutral host' que impulsa Boldyn permite compartir infraestructuras entre distintos operadores. ¿Qué ventajas económicas y operativas ofrece este enfoque frente a los modelos tradicionales de despliegue? 

AR.- El modelo neutral host parte de una idea muy sencilla: no tiene sentido que cada operador construya su propia infraestructura cuando todos pueden apoyarse en una misma red. Por poner un ejemplo, para un Ayuntamiento, esto se traduce en calles levantadas constantemente por obras, una saturación visual de antenas en fachadas históricas y un coste económico desorbitado que frena la innovación. El enfoque que planteamos desde Boldyn rompe con esta ineficiencia: nosotros realizamos la inversión, desplegamos una única red compartida de alta capacidad y permitimos que todos los operadores y servicios públicos se conecten a ella.

Desde el punto de vista operativo y económico, las ventajas son disruptivas para la administración local. Para una ciudad, supone menos obras, una menor ocupación del espacio urbano y una infraestructura preparada para adaptarse a nuevas necesidades sin tener que empezar de cero cada vez que aparece una nueva tecnología o un nuevo servicio, además de reducir el gasto. 

En Boldyn nuestro papel es precisamente ese. No competimos con los operadores; colaboramos con ellos y con las administraciones para desarrollar y gestionar una infraestructura digital común sobre la que distintos actores puedan ofrecer sus servicios. Es un modelo que ya funciona con otras infraestructuras esenciales y que tiene todo el sentido ya que transforma la conectividad urbana en un servicio público tan eficiente y transparente como la red de agua o de iluminación.

Creemos que este enfoque permite a las ciudades centrarse en lo realmente importante: impulsar nuevos servicios para la ciudadanía, mientras cuentan con una base tecnológica sólida, abierta y preparada para el futuro.

TSCJ.- La inteligencia artificial, los gemelos digitales, la movilidad conectada o la gestión energética necesitan datos en tiempo real y comunicaciones ultrafiables. ¿Qué tipo de ciudades están hoy realmente preparadas para aprovechar estas tecnologías y cuáles son las principales barreras que aún encuentran las administraciones públicas? 

AR.- Más que hablar de ciudades grandes o pequeñas, hablaría de ciudades que tienen una estrategia clara de transformación digital. Las que están mejor preparadas son aquellas que han entendido que la tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para mejorar los servicios públicos y la calidad de vida de la ciudadanía.

Referentes como Málaga, consolidada en el informe IESE Cities in Motion 2026, demuestran que la innovación urbana no es patrimonio exclusivo de las grandes capitales globales. Estas ciudades tienen una visión a largo plazo y la clave no es si son más grandes o pequeñas sino su madurez estructural. 

Las administraciones se enfrentan a varios desafíos. Por un lado, la necesidad de optimizar la inversión pública y priorizar proyectos con un impacto real. Por otro, la complejidad de coordinar a los distintos actores implicados y garantizar que las soluciones que se despliegan hoy puedan seguir siendo útiles dentro de diez o quince años. Por eso creemos que la colaboración entre administraciones y empresas especializadas será cada vez más importante.

Las ciudades preparadas para ser smart cities son aquellas que segmenten su red en tiempo real para priorizar una ambulancia conectada o procesar flujos masivos de tráfico sin que la red comercial de los ciudadanos sufra el más mínimo impacto. 

Para hacer frente a estos desafíos, desde Boldyn impulsamos de forma decidida el modelo de colaboración público-privada: si el sector privado asume el riesgo tecnológico y financiero del despliegue mediante un modelo de operador neutro (Neutral Host), las ciudades pueden derribar estas barreras de golpe, garantizando la seguridad militar de sus comunicaciones y liberando recursos públicos para centrarse, única y exclusivamente, en innovar y mejorar la vida de sus ciudadanos.

TSCJ.- Si dentro de cinco años entrevistáramos de nuevo a Boldyn, ¿qué hitos le gustaría poder señalar como prueba de que la compañía ha transformado la forma en que las ciudades españolas gestionan su conectividad y sus servicios inteligentes? 

AR.- Nos gustaría poder decir que hemos consolidado nuestro modelo como estándar indiscutible para la gestión de las telecomunicaciones urbanas. Nuestra ambición es trasladar a España un modelo que ya ha demostrado su éxito en ciudades como Londres, Nueva York, San Francisco, Sunderland o Roma, adaptándolo a las necesidades de cada territorio. Creemos que las mejores soluciones no consisten en empezar de cero, sino en aprovechar la experiencia acumulada y aplicar aquellas fórmulas que ya han demostrado generar valor.

Si dentro de cinco años pudiéramos señalar que hemos ayudado a acelerar proyectos de digitalización urbana, facilitado modelos de infraestructura compartida y contribuido a que más ciudades desplieguen nuevos servicios de una forma más rápida, eficiente y sostenible, consideraríamos que habremos cumplido nuestro objetivo.

Al final, el mayor éxito para Boldyn no será el número de redes desplegadas, sino haber sido un colaborador de confianza para las administraciones y el conjunto del ecosistema, ayudando a construir la infraestructura digital que hará posible la próxima generación de ciudades inteligentes.

TSCJ.- Muchos proyectos de smart city siguen siendo pilotos que nunca llegan a escalar. ¿Qué tendría que cambiar en la colaboración entre administraciones, operadores tecnológicos y empresas para que las ciudades pasen definitivamente de los proyectos demostrativos a una transformación urbana a gran escala?

AR.- Nuestro papel es precisamente facilitar ese cambio, aportando la infraestructura digital y los modelos de colaboración que ya han demostrado su eficacia en otras ciudades. Nuestro objetivo es ayudar a que las administraciones pasen de proyectos puntuales a una estrategia de transformación urbana sostenida en el tiempo, basada en una conectividad robusta, compartida y preparada para el futuro.

Las administraciones públicas tienen que abandonar el modelo tradicional de compra de tecnología basado en subvenciones puntuales o gasto de capital, que financia un despliegue inicial y deja el proyecto sin fondos para su mantenimiento y evolución. El verdadero salto de escala se dará cuando se generalicen las fórmulas de colaboración público-privada a largo plazo.  En este escenario, empresas como Boldyn asumimos la inversión inicial, el riesgo tecnológico y el ciclo de vida de la infraestructura, permitiendo que las ciudades paguen por el servicio de forma predecible como un gasto operativo, asegurando que la tecnología nunca quede obsoleta.

El segundo gran cambio pasa por la gobernanza del ecosistema y la interoperabilidad de las redes. Hasta ahora, los operadores tecnológicos y las empresas han trabajado en silos: un piloto para el alumbrado, otro independiente para la gestión del agua y otro para la movilidad, cada uno con su propia conectividad fragmentada. Para que un proyecto crezca, debemos pensar que la conectividad no es un producto que se compra e instala. Es una infraestructura común, neutral y compartida que actúa como el sistema nervioso de la ciudad. 

Nuestra experiencia en Sunderland demuestra que las ciudades obtienen mejores resultados cuando dejan de poner el foco en la tecnología y lo sitúan en los problemas que quieren resolver. La conectividad, los datos y la colaboración entre administraciones, empresas y otros actores del territorio se convierten así en habilitadores de una transformación urbana que continua, orientada a resultados tangibles como una movilidad más eficiente, una mejor gestión ambiental, una mayor resiliencia climática, una salud pública más preventiva y, en última instancia, una mejor calidad de vida para la ciudadanía hoy y a futuro.

Entrevista de

Manuel Tarín Alonso


We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.