Smart Tourism
Benidorm: La paradoja de la densidad y el éxito de la precisión urbana
Para los expertos en urbanismo, el modelo de Benidorm constituye un caso de estudio único donde la rentabilidad y la protección ambiental conviven en equilibrio
Benidorm suele ser juzgada por sus rascacielos, pero la verdadera magia reside en lo que ocurre "bajo el capó" de esa verticalidad. Como capital turística que desafía todos los tópicos, la ciudad recibe a más de 3 millones de turistas anuales en alojamiento regulado. Lejos de sufrir la habitual extrema estacionalidad del sector, funciona de forma continua los doce meses del año, lo que le permite consolidarse como un motor generador de empleo estable y situarse con la menor tasa de paro de la Comunitat Valenciana. Nuestro modelo vertical no es una mera elección estética, sino una herramienta de eficiencia estructural: al concentrar la actividad ocupando mucho menos suelo, demostramos que la densidad es la mejor aliada de una "ciudad verde", un concepto que va mucho más allá de plantar árboles y que se gestiona como un ecosistema interconectado de precisión.
Para los expertos en urbanismo, el modelo de Benidorm constituye un caso de estudio único donde la rentabilidad y la protección ambiental conviven en equilibrio. El ejemplo más rotundo de esta precisión tecnológica se encuentra en la gestión del agua. Con una población real que promedia los 252.000 habitantes diarios detectados mediante el análisis de datos de telefonía móvil, el consumo por persona se limita a unos 117 litros al día. Detrás de este éxito hay más de 45 millones de euros invertidos en sensorización, gemelos digitales y sistemas SCADA que elevan la eficiencia de la red al 95%, atajando las fugas antes de que ocurran. Pero la clave está en su circularidad: el municipio recolecta y trata el 100% de sus aguas residuales bajo los máximos estándares europeos, derivando un 36% de este recurso (35.000 m3 al día) hacia su Red de Agua Regenerada para limpiar calles o regar jardines, blindando la ciudad contra las sequías sin tocar el agua potable.

En el contenedor de los residuos urbanos, la historia se repite. Existe la falsa creencia de que el turismo de masas multiplica de forma descontrolada los desechos. Sin embargo, en los últimos veinte años, mientras el volumen de turistas en Benidorm se disparaba un 40,96%, la generación global de residuos de la ciudad caía un 8,2%. Si calculamos la ratio en base a la capacidad de carga real de la ciudad, cada habitante genera 292 kg al año, una cifra drásticamente inferior a los 464 kg de la media nacional. Alianzas estratégicas con el sector hotelero a través de HOSBEC y sistemas avanzados de triaje permiten reciclar el 65,69% del residuo municipal y el 71% de los envases, erradicando por completo la incineración y convirtiendo el desecho en un nuevo recurso.
Esta optimización del espacio tiene un impacto directo en el bienestar diario: el aire que se respira y el ruido que se evita. Al ser una ciudad compacta, las distancias se acortan de tal manera que el 75% de los trayectos internos se realizan cómodamente a pie. Además, la puesta en marcha de su Zona de Bajas Emisiones (ZBE) ha liberado al centro urbano de 2.000 vehículos diarios, calmando el tráfico y logrando que las estaciones ambientales registren niveles de partículas contaminantes insignificantes. Este control de la movilidad también se traduce en salud acústica: el mapa de ruido revela que el 87,95% de la población vive confortablemente por debajo de los 55 decibelios durante el día, y roza la excelencia nocturna con un 99,9% por debajo de los 45 decibelios. En paralelo la ciudad mantiene campañas de medición y control acústico para evaluar y controlar el ruido generado por el ocio.
Por último, crecer en altura ha permitido a Benidorm proteger su horizonte horizontal. El 61% del término municipal está blindado medioambientalmente e integrado en redes de biodiversidad como Natura 2000, destacando el Parque Natural Marítimo-Terrestre de la Serra Gelada con 173 hectareas de Posidonia Oceanica. Proyectos como el pulmón verde periurbano de El Moralet —un millón de metros cuadrados recuperados y galardonado como Sendero Azul— o la renaturalización de la antigua cantera del Racó de l'Infern (que absorberá casi 1.800 toneladas de CO2) aseguran una distribución equitativa de la naturaleza. El resultado es que el 92% de los ciudadanos tiene un gran parque público a menos de cinco minutos a pie de su casa. Benidorm, por tanto, no es solo un destino vacacional; es un laboratorio vivo de precisión urbana que demuestra al mundo que la alta densidad en el turismo es sostenible basada en el dato y la innovación.
Un artículo de:
Leire Bilbao

Directora Gerente de Visit Benidorm

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