Un veterano y sabio doctor dogmatizaba el otro día sobre la salud de las personas insistiendo en que una gran parte de nuestra naturaleza dependía de la capacidad de adaptación al medio (físico y espiritual) en el que nos desenvolvíamos. Sus palabras, en realidad, traspasan la frontera de nuestro cuerpo y sirven otro sí para el desarrollo de las ciudades inteligentes en las que resulta indispensable un rápida, ordenada y civilizada adaptación a un nuevo entorno que finalmente debe ser también un mundo mejor para los ciudadanos.
Las ciudades están haciendo grandes esfuerzos en esa peregrinación entre las ciudades industriales y las nuevas ciudades del consumo y se han convertido en el alma de esta nueva civilización interconectada y virtual, pero con el peso específico de aglutinar culturas, esperanzas y frustraciones, tal y como describe el genial Edward Glaesser en el artículo que recoge SC Actual Smart City.
Ahora, además, esas “Ciudades Inteligentes” que en los últimos años se han ido desplegando por diferentes escenarios han encontrado un hogar: la Smart City Expo & World Congress, que cerró el 2012 con su segunda edición y un impresionante éxito de participación y visitantes quedando ya marcada como referencia única y pionera de esa tercera revolución industrial a la que hemos hecho referencia en nuestro número anterior. Su apuesta por un avanzado marco de sinergias entre empresas, urbes y personas sirve como manual para la configuración de nuestro futuro.
Todos debemos adaptarnos a esa nueva realidad y SC Actual Smart City no es una excepción. Esta edición aporta un valor añadido de gran calado: a través de un código QR ya se podrá acceder a los principales artículos en inglés. Estamos ante una aventura transversal y universal y el espectacular crecimiento de las visitas internacionales en www.smartcities.com (con incrementos de casi el 30% mensuales) nos ha hecho reflexionar sobre la necesidad de comunicar más cosas a más gente que devoran todos los contenidos, desde el magníficoartículo de las Smart Grids hasta la original puesta en escena del Monasterio de Poblet.
Y esto es sólo el principio.
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