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RECI: de 25 ciudades pioneras al gran proyecto municipalista de la innovación

Composición con dos representantes de la RECI, su logotipo y un entorno urbano conectado

La Red, nacida en 2012, reúne hoy a 160 ayuntamientos y siete diputaciones y se ha convertido en un referente internacional de transformación urbana

Hay proyectos que nacen con grandes presupuestos, estructuras poderosas y objetivos cuidadosamente calculados. Y hay otros que comienzan con una idea, un grupo de personas comprometidas y la convicción de que compartir conocimiento puede cambiar la manera de gobernar las ciudades. La Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) pertenece claramente a esta segunda categoría.

La RECI se constituyó formalmente el 27 de junio de 2012 en Valladolid. Lo hizo impulsada por 25 ayuntamientos que entendieron, antes que muchos otros, que la innovación tecnológica iba a convertirse en una herramienta decisiva para mejorar los servicios públicos y la calidad de vida de los ciudadanos.

A Coruña, Alicante, Barcelona, Burgos, Cáceres, Castellón de la Plana, Córdoba, Guadalajara, Huesca, Logroño, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Palencia, Pamplona, Rivas-Vaciamadrid, Sabadell, Salamanca, Santander, Segovia, Valencia, Valladolid, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza fueron las ciudades fundadoras.

El primer gran impulsor y presidente de la RECI fue Íñigo de la Serna, entonces alcalde de Santander. Su liderazgo político resultó decisivo para reunir a ciudades muy distintas alrededor de una visión compartida y para situar la innovación urbana en la agenda municipal española.

De la Serna comprendió que la transformación de las ciudades no podía depender únicamente de proyectos aislados. Era necesario crear una red estable en la que los municipios compartieran soluciones, conocimiento y experiencias, evitando que cada ayuntamiento tuviera que comenzar siempre desde cero.

En aquella etapa fundacional desempeñaron también un papel esencial May Escobar y José Antonio Teixeira.

May Escobar, a través de Fundetec, asumió la dirección de la Oficina Técnica de la RECI. Desde allí se encargó de coordinar la actividad organizativa de la Red, sus comunicaciones, reuniones, proyectos y grupos de trabajo, convirtiéndose en una de las principales responsables de transformar la iniciativa política en una estructura operativa.

José Antonio Teixeira, entonces director general de Innovación del Ayuntamiento de Santander, dirigió y coordinó el Comité Técnico de la RECI. Su responsabilidad consistió en articular el trabajo de los técnicos municipales y ordenar la aportación de las ciudades en ámbitos como energía, movilidad, medio ambiente, infraestructuras, administración electrónica e innovación social.

La combinación de estos tres perfiles fue determinante. Íñigo de la Serna aportó liderazgo político; May Escobar construyó la organización y la coordinación técnica; y José Antonio Teixeira impulsó el trabajo práctico de los ayuntamientos.

Aquella primera fotografía reunía municipios muy diferentes en población, territorio, capacidad económica y orientación política. Precisamente ahí residía una de las fortalezas del proyecto: la voluntad de colaborar por encima de siglas, dimensiones y fronteras administrativas.

La premisa era sencilla y, al mismo tiempo, revolucionaria para la Administración local española: si una ciudad encontraba una solución eficaz, las demás debían poder conocerla, adaptarla y aprovecharla.

No tenía sentido que cada ayuntamiento repitiera los mismos errores o pagara varias veces por resolver problemas idénticos. La RECI convirtió así el intercambio de experiencias en una forma de innovación.

La inteligencia no estaba únicamente en los sensores, las plataformas digitales o los centros de control. También residía en la capacidad de los municipios para trabajar juntos y poner sus conocimientos al servicio del conjunto.

Catorce años después, aquella pequeña red se ha transformado en una organización integrada por 167 entidades locales: 160 ayuntamientos y siete diputaciones.

El crecimiento no es solamente cuantitativo. La incorporación de las diputaciones permite llevar la transformación digital más allá de las grandes ciudades y acercarla a los municipios pequeños, que difícilmente podrían disponer por sí solos de los recursos técnicos necesarios.

Durante buena parte de esta trayectoria, Daniel Vega ha sido una de las personas más estrechamente vinculadas al funcionamiento ejecutivo de la Red. Desde la Secretaría Técnica trabajó con una entrega reconocida por quienes han participado en sus grupos, reuniones y proyectos.

Su labor resultó esencial para mantener conectados a responsables municipales, técnicos, empresas e instituciones. Ahora, su experiencia se proyecta especialmente sobre EDINT, el gran espacio de datos para las infraestructuras urbanas inteligentes promovido desde la Federación Española de Municipios y Provincias.

La integración de la RECI en la estructura de la FEMP abre una etapa distinta. La Red gana respaldo administrativo, capacidad institucional y posibilidades de coordinación, sin perder la esencia que explica su éxito: el protagonismo de los ayuntamientos y de sus equipos técnicos.

Al frente de esta nueva etapa se encuentra José de la Uz, alcalde de Las Rozas y presidente de la RECI.

Bajo su presidencia, la organización está experimentando una profunda transformación, orientada a ampliar su base municipal, incorporar a las diputaciones y reforzar la cooperación con empresas, organismos nacionales y entidades internacionales.

De la Uz ha entendido que una red de ciudades no puede limitarse a organizar encuentros o elaborar declaraciones. Necesita proyectos compartidos, resultados visibles y una estructura capaz de convertir las ideas en actuaciones que puedan reproducirse en distintos territorios.

En este proceso han desempeñado también un papel destacado profesionales como Javier Peña, coordinador general de la RECI, y Amparo Troncoso, integrante de su equipo de coordinación.

Su trabajo simboliza el de muchas personas que, con pocos medios y una considerable dedicación, han sostenido la actividad cotidiana de la Red.

Porque la historia de la RECI es también la historia de un proyecto construido casi sin dinero. Frente a otras estructuras dotadas de amplios presupuestos, la Red ha avanzado gracias al compromiso de alcaldes, concejales, técnicos municipales y coordinadores que han aportado conocimiento, horas de trabajo y voluntad de cooperación.

Ese esfuerzo ha convertido a la RECI en uno de los proyectos triunfantes del municipalismo español.

Sus comités técnicos constituyen espacios de trabajo real en los que se comparten soluciones sobre movilidad, energía, administración electrónica, datos urbanos, sostenibilidad, inteligencia artificial, seguridad, turismo y atención a las personas.

La Red ha demostrado, además, que una ciudad inteligente no es necesariamente la que acumula más tecnología. Es la que utiliza la innovación para prestar mejores servicios, gestionar con mayor eficiencia los recursos públicos y responder de forma más rápida y justa a las necesidades de sus habitantes.

Este modelo ha trascendido las fronteras españolas. Países como Chile y Argentina, entre otros, han desarrollado redes e iniciativas de cooperación municipal inspiradas en principios similares: compartir experiencias, evitar duplicidades y transformar las ciudades mediante el conocimiento colectivo.

España, que tantas veces ha buscado referentes urbanos fuera de sus fronteras, ha conseguido en este ámbito construir uno propio.

La RECI es observada internacionalmente porque reúne algo difícil de reproducir: una amplia diversidad territorial trabajando alrededor de una agenda común de innovación.

Quedan desafíos importantes. La inteligencia artificial, la gobernanza de los datos, la ciberseguridad, la transición energética y la brecha digital obligarán a los municipios a tomar decisiones complejas durante los próximos años.

También será necesario garantizar que la modernización llegue a las ciudades medias, a los pequeños municipios y al mundo rural.

Pero la RECI afronta esos retos desde una posición que parecía impensable en 2012. Ya no es una iniciativa experimental de 25 ciudades visionarias, sino una poderosa comunidad de 167 entidades locales con capacidad para influir en el futuro urbano de España.

Su mayor éxito, sin embargo, continúa siendo el mismo que inspiró su nacimiento en Valladolid: demostrar que los ayuntamientos avanzan más y mejor cuando dejan de competir por separado y comienzan a compartir lo que saben.

La tecnología cambia, los proyectos evolucionan y las personas se relevan. La voluntad de cooperación permanece. Y esa es, probablemente, la forma más auténtica de inteligencia que una ciudad puede alcanzar.

Un artículo de

Manuel Tarín Alonso

www.thesmartcityjournal.com