Se logra una facturación real en todos los períodos, evitando estimaciones y dotando al proceso de mayor trasparencia para el usuario

Hace muchos años que Internet dejó de ser una novedad en nuestra vida para convertirse en una herramienta habitual. Trabajamos en línea, pagamos con el móvil, visitamos al médico a través del ordenador... incluso nuestros hijos han acudido a clase conectándose a la red. Y, sin embargo, los avances en este campo no solo no se detienen, sino que se suceden a una velocidad de vértigo, alcanzando a nuevos aspectos de nuestra cotidianidad. Es el caso del Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés)

El IoT hace referencia a la red de objetos físicos que llevan conectados sensores, software u otro tipo de tecnología con la finalidad de enlazarse con otros dispositivos a través de la red, optimizando de esta manera su uso. Pueden ser objetos cotidianos (el termostato de la calefacción, la aspiradora, la lavadora, el monitor de bebé...), o complejas máquinas industriales, pero todas tienen en común esta conectividad que permite un mejor control, una monitorización de la actividad a tiempo real y una mejora de la eficiencia, todo gracias a la conexión on line.

Quizás una de las características más interesantes de esta herramienta es su capacidad para almacenar datos y procesarlos, ofreciendo información muy útil al usuario sobre sus costumbres, su forma de consumir y sus hábitos cotidianos. Estos datos nos van a permitir obtener una foto dinámica y real del empleo que se le da a determinada tecnología, así como establecer patrones e, incluso realizar predicciones en diferentes escenarios, con lo que se puede mejorar de manera notable su uso.

Un buen ejemplo lo encontramos en los robots aspiradora, que no solo se pueden programar a través del móvil, sino que también permiten conocer el tiempo de trabajo e, incluso, el recorrido realizado, optimizándolo para lograr el mejor resultado con un máximo ahorro de recursos y energía.

Y lo mismo ocurre con la calefacción y los dispositivos para su control o para la lectura de los consumos en remoto.

En el caso de la calefacción individual, los termostatos inteligentes nos permiten programar su encendido para garantizar una temperatura de confort cuando lleguemos a casa, controlar la temperatura a distancia o realizar una monitorización del consumo para optimizar el gasto energético sin incurrir en un mayor desembolso económico.

¿Y qué ocurre con la calefacción central? ¿También se puede mejorar su consumo?

En los edificios con sistemas centralizados de calefacción, el usuario puede llegar a pensar que poco puede hacer para controlar el consumo, más allá de cerrar elementos o abrir las ventanas. Sin embargo, la tecnología avanza y en el mercado contamos con dispositivos inteligentes que facilitan la monitorización del uso y un mejor control del gasto. Desde la instalación de repartidores de costes, hasta la incorporación de válvulas termostáticas, con las que se logra una temperatura constante, evitando el derroche de calor.

Además, estos dispositivos permiten realizar una lectura del consumo en remoto, sin que nadie tenga que acceder al interior de la vivienda. De esta manera se logra una facturación real en todos los períodos, evitando estimaciones y dotando al proceso de mayor trasparencia para el usuario. Pero quizás, lo más importante de la digitalización de los sistemas de medición está en la excelente oportunidad que ofrece para conocer y, por lo tanto, intervenir y controlar, el consumo energético, reduciendo de manera efectiva la demanda de calefacción.

Pero la tecnología y el IoT van más allá y ahora también contamos con dispositivos que no solo realizan un análisis de los datos, también aprenden del comportamiento del edificio– hábitos de uso y tiempos de puesta en marcha–, anticipándose a las necesidades de climatización y teniendo en cuenta además la temperatura exterior o la de la vivienda más desfavorable y la predicción meteorológica. De esta manera, se mejora el nivel de confort en todas las viviendas y se logra que el rendimiento sea óptimo.

Nuestra experiencia en aquellas comunidades de vecinos donde se ha implantado esta tecnología -y que ya cuentan con otras medidas para mejorar el consumo de calefacción como los repartidores de costes y las válvulas termostática- es que el ahorro ha sido cercan al 30%.

Y no es esta una cuestión vana. En un momento en el que el control del consumo de energía y la reducción de la demanda es uno de los ejes clave de las políticas europeas –tanto en economía como en la lucha contra el cambio climático–, el Internet de las Cosas nos puede brindar excelentes herramientas con los que alcanzar los objetivos fijados.

Autor

ignacio abati ista

Ignacio Abati, Director General de ISTA España


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