En 1948, al poco de finalizar la II Guerra Mundial, en el contexto de una Europa desbastada y en crisis, Londres acogía sus primeros Juegos Olímpicos, consciente de que estaba ante una inigualable oportunidad movilizadora de esfuerzos y compromisos para cerrar una etapa difícil y extremadamente dura, planteando con orgullo un futuro de prosperidad y crecimiento. Ese mismo año, el vicepresidente del Comité Olímpico Internacional y Presidente del Comité Egipcio, Mohamed Taher Pacha, lanzaba la idea de unos juegos Mediterráneos que hicieran del deporte y la cultura un instrumento de diplomacia pública al servicio de la estabilidad y la prosperidad de los países ribereños del Mediterráneo. La idea cobraba forma en Alejandría en 1951, y seguía con Barcelona en 1955, hasta nuestros días.  

Hoy, por causas muy diferentes, pero también sumidos en una crisis económica y social de gran alcance, Tarragona asume el reto de celebrar en el 2017 la XVII edición de los Juegos Mediterráneos, también como una oportunidad para su reactivación económica, construyendo las bases para una salida proactiva de la crisis, que nos permitan pensar en un futuro de crecimiento económico y de cohesión social para nuestra ciudad y su área metropolitana. Los Juegos nos aparecen, en un contexto difícil, como una oportunidad que nadie entendería que no aprovecháramos, fijándonos, más allá del evento deportivo, un horizonte ilusiónate capaz de movilizar esfuerzos, talento y recursos que dejen en Tarragona un legado sobre el que consolidar la ciudad moderna  y mediterránea que estamos entre todos construyendo.

El Mediterráneo, denominado así por griegos, romanos y árabes, como mar en el medio de la tierra –“Mesogeios Thalassa”Medi Terraneum” “āl-Baħr āl-Mutawāsi-, concentra todas las miradas globales del planeta, como cuna de las grandes civilizaciones, pero también hoy, con la esperanza de los procesos democratizadores iniciados en su ribera Sur. Una región que de aquí al 2020, como señalan múltiples informes de prospectiva mundial, tendrá un elevado crecimiento y desarrollo económico, pasando a ocupar el lugar que le corresponde en el mapa comercial, inversor y de conocimiento mundial. Y es en este contexto en el que Tarragona puede ser una de las ventanas europeas a ese nueva realidad regional mediterránea. Amplias delegaciones deportivas, culturales, de autoridades locales, pero también económicas y comerciales, de 24 países de tres continentes se darán cita en el 2017 en Tarragona convocadas por es espíritu olímpico y la diplomacia deportiva. Si acertamos en el enfoque, sin duda estamos ante la gran oportunidad de nuestra ciudad para mostrar al mundo su cultura mediterránea y su patrimonio arqueológico, pero también su potencialidad económica y su entramado social y convivencial.

Permitidme que señale algunos ejes que considero imprescindibles para el éxito de nuestro proyecto. Sin duda, y desde esta lógica estamos trabajando desde el Ayuntamiento y los diferentes niveles de gobierno implicados, el consenso político es básico, como lo fue en Barcelona’92 para asumir este reto, consenso que tiene también su traducción y expresión en procesos de  dialogo interno, interinstitucional y también en la participación e implicación de todo el tejido cívico y social y de la ciudadanía en el proyecto de transformación de la ciudad.

También la concertación público/privada, que ha sido la clave del éxito en todos los eventos similares. La denominada triple hélice –empresas, universidad y poderes públicos- coordinados en el diseño de proyectos estratégicos para un desarrollo y crecimiento económico basados en la creación de valor añadido, al implicar el conocimiento y la innovación a los procesos productivos. Y en especial la concertación público/privada, que de la mano de incentivos fiscales, y del desarrollo de proyectos conjuntos, actúa como vector de atracción de recursos, de conocimiento, de inversiones y de creatividad innovadora. 

También la eficiencia energética, aprovechando las nuevas instalaciones olímpicas y aquellas instalaciones deportivas y culturales de la ciudad para adecuarnos a formas de producción, distribución y consumo energético más sostenibles, que supongan un ahorro para la ciudad y ayuden al necesario cambio cultural hacia soluciones más inteligentes aprovechando las nuevas tecnologías. Esta, junto con la cultura del agua y su uso y disfrute racional y eficiente, junto a la movilidad sostenible, los hábitos saludables vinculados a las formas de vida y a la dieta mediterráneas, y a la valorización turística de nuestro patrimonio arqueológico, serán los cinco ejes de trabajo que nos hemos marcado. 

En definitiva, lo que a nivel global ha convenido en denominarse una “smart city”, una ciudad inteligente, que aprovecha las nuevas tecnologías de forma eficiente dando respuestas sostenibles y eficaces a sus necesidades para favorecer una mejor gobernabilidad de la ciudad, una mayor adecuación a las necesidades ciudadanas y de convivencia y una buena posición para el crecimiento económico; todo ello desde el carácter netamente mediterráneo de Tarragona, marcado por una cultura sostenible de los recursos –y en especial del agua-,  un uso abierto, festivo y respetuoso del espacio público, soluciones ágiles a las necesidades colectivas y privadas de movilidad, la incorporación de hábitos saludables sobre la base de la alimentación y el deporte, y la atracción turística y el patrimonio arqueológico y cultural. 

Podemos llamarlo de muchas maneras, pero estoy convencido que los Juegos Mediterráneos, más allá del evento deportivo, son para Tarragona la gran oportunidad de nuestra generación, un proyecto de gran magnitud que precisa de la colaboración activa de actores muy diversos y de la ciudadanía, y del que todo nos sentiremos orgullosos.

 Josep Fèlix Ballesteros

Alcalde de Tarragona

 


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