Tecnología
La batalla de las redes ciudadanas
El boom de la demanda de conectividad móvil forzará a adoptar una combinación heterogénea de tecnologías.
Los operadores tradicionales se verán obligados a colaborar y competir con nuevos actores.
En los próximos años, las redes de telecomunicaciones móviles sufrirán una transformación sin precedentes que será imprescindible para atender la explosión de la demanda de datos en movilidad que provocarán la llegada al mercado de miles de millones de nuevos dispositivos de todo tipo que se conectarán a la red.
Ericsson y Cisco estiman que en 2018 el mundo contará con no menos de 50.000 millones dedispositivos interconectados, de los que sólo unos 9.300 millones serán clientes móviles convencionales, y una buena parte de ellos serán dispositivos ligados a prestación de servicios urbanos en las smart cities, tanto en salud, como en alumbrado, transporte, aparcamiento o recogida de basuras, por poner sólo algunos ejemplos. Pero las redes de telecomunicaciones móviles actuales, especialmente las urbanas, no serán capaces de atender esa demanda de tráfico. Y no será un problema de cobertura, sino de capacidad.
Small-Cells versus Macro-Cells.
Habrá que reducir radicalmente el tamaño de cada célula para que cada una de ellas pueda atender a un volumen mucho más reducido de clientes y evitar la saturación. Por eso, el número de puntos de acceso (emplazamientos de antenas) deberá multiplicarse por varias veces y el tamaño y potencia de estas antenas se reducirá radicalmente. De las antenas actuales, llamadas macro, emplazadas en mástiles o en azoteas de los edificios, que requieren alimentación eléctrica específica, se pasará a las small cells (pico células o femto células) que se podrán instalar en marquesinas de autobuses, farolas o en las propias fachadas de los edificios o establecimientos y también en los interiores. En las redes urbanas, por cada macro celda actual -un operador como Vodafone tiene instalados en España unos 16.000 emplazamientos- serán necesarias no menos de 3 ó 4 small cells, lo que llevará el número total para un operador español entre 45.000 y 60.000.
Las ‘HetNet’
Pero, ni siquiera con la parcelación de la demanda, por medio de small cells, se podrá atender todo el volumen de tráfico que se desencadenará. El principal cuello de botella será el espectro de frecuencias. Sin más frecuencias no hay más capacidad. Por eso, además de empezar a pelear a muerte contra la industria de la televisión en abierto (broadcast) en busca de más frecuencias, los operadores de redes móviles deberán empezar a integrar nuevas tecnologías. Además de las macro cells, pico cells y femto cells se empezarán a usar, cada vez más, tecnologías procedentes de otros mundos, como el Wi-Fi, que se convertirá en el punto de acceso de las redes fijas y complementará la capacidad de descarga de las redes móviles. Es lo que se llamarán las redes heterogéneas (Heterogeneous Networks o HetNet).
Para ello será imprescindible, obviamente, que el cambio de una red a otra -que la inteligencia de red dirigirá en función de los niveles de saturación de cada acceso-, sea totalmente transparente para el usuario, de forma que no sólo no se corte la sesión de datos cuando se pase de una red celular a un Wi-Fi, sino que el cliente no deba autenticarse en la red Wi-Fi, porque automáticamente se conectará en cuanto haya cobertura, como ocurre ahora con los Wi-Fis domésticos.
El ‘offloading’
De hecho, el Wi-Fi ya está cumpliendo ese papel de apoyo a la capacidad de las redes celulares, especialmente para la descarga de contenidos, sobre todo de video (offloading). Porque a pesar del vertiginoso crecimiento del tráfico de datos móviles (la demanda mundial se viene más que duplicando anualmente) la realidad es que el 80% de los datos consumidos por los smartphones o tabletas se cursan en interiores, a través de accesos Wi-Fi, conectados a redes fijas de ADSL o fibra, tanto en el trabajo como en el hogar.
Los nuevos competidores
Pero la evolución de las tecnologías Wi-Fi también va a tener otra consecuencia: el campo de batalla se va a desnivelar y en el negocio de los datos en movilidad irrumpirán compañías que hasta ahora jugaban en otras ligas y que plantarán cara a los operadores móviles tradicionales. Es el caso de las operadoras de cable, por ejemplo. En España, grupos como Ono (ya en Alicante y Santander), Telecable o Euskaltel, han empezado a desplegar en España proyectos piloto de redes Wi-Fi ciudadanas y otros operadores de cable como Ziggo en Holanda están haciendo lo propio. Aunque por ahora están limitadas para los clientes de cada operadora, su alta capacidad para la descarga de datos y sus relativos bajos costes –sobre todo respecto a las redes de tecnología celular- permitirán que se conviertan en una alternativa o, al menos, en un método complementario para la conexión o descarga desde redes a través de smartphones o tabletas. Como siempre, el problema de estas redes es que si no disponen de frecuencias propias, adjudicadas por los Gobiernos y usan las frecuencias de libre disposición, es mucho más difícil que puedan garantizar una calidad determinada a los clientes.
Las comunidades Wi-Fi
Pero no sólo los operadores tradicionales, como los cableros, están irrumpiendo en el hasta ahora cerrado mundo de los grupos de telefonía móvil. También operadoras puras de Wi-Fi se están convirtiendo en actores relevantes para la cobertura de las ciudades inteligentes del futuro. La colaboración público-privada se ha convertido en una estrategia indispensable para este tipo de iniciativas en las que grupos privados, como la española Gowex, se asocian con centenares de municipios de todo el mundo (Gowex tiene ya construidas 80 ciudades Wi-Fi en todo el mundo y planea llegar a las 300 mayores ciudades en 2017) para construir y explotar, con ayuda financiera y logística de los ayuntamientos, redes Wi-Fi que se convierten en un activo único para poder construir sobre ellas tanto los servicios de las ciudades inteligentes, como servicios de acceso fremiun (con una combinación de gratuidad y servicio de pago) para los ciudadanos y convertirse en redes complementarias de apoyo de los operadores convencionales para que hagan descargas desde sus dispositivos sin saturar las redes celulares (offloading). Una idea de la pujanza de estas iniciativas es el espectacular rallie alcista que ha protagonizado la cotización bursátil de Gowex en el último año y que demuestra que los inversores han ‘comprado’ el modelo de negocio que proponen los grupos como Gowex: la española inició el año en 2,32 euros y ahora vale 9,40 euros por acción, lo que otorga una capitalización al grupo de 680 millones de euros. También en octubre de este año, Kubi Wireless, uno de los principales operadores españoles de Wi-Fi público –especializada en coberturas Wi-Fi en aeropuertos, hoteles y recintos feriales- acaba de ser adquirida por la también española Eurona Telecom, por 10 millones de euros.
El Wi-Fi privado, convertido en público
Y en esta tendencia, muchos operadores de Wi-Fi están buscado un atajo: convertir el Wi-Fi privado de hogares y comercios en Wi-Fi público. La construcción de redes Wi-Fi públicas es un proceso relativamente largo y caro, y necesita unos gastos de mantenimiento relativamente altos, que es lo que ha llevado al fracaso a muchas redes municipales en estos tiempos de estrecheces económicas en los ayuntamientos. Pero cada vez más, todos los hogares y comercios (son especialmente valiosos los que se encuentran a pie de calle) se han transformado en puntos Wi-Fi privados, una vez que la penetración de la banda ancha fija se han convertido en una necesidad elemental. Y esos Wi-Fi privados están protegidos a salvo de vandalismos, cuentan con su propia conexión a la red (el ADSL, cable o fibra óptica a la que estén conectados), y disponen hasta de su propia alimentación eléctrica, que paga el abonado. Es decir, son el complemento ideal para los Wi-Fi públicos. Y además su potencia, capilaridad y capacidad de transporte instalada es abrumadora. Según Jenaro García, el consejero delegado de Gowex, la potencia instalada del Wi-Fi privado en el mundo es 30 veces superior a la que tienen todas las redes móviles actualmente disponibles. Por eso, si se logra poner a disposición de todos los clientes una parte del caudal que tienen los Wi-Fi privados pero de forma transparente para el usuario (automáticamente, sin tener que autenticarse), la capilaridad y capacidad globales de la conectividad móvil se multiplicará por muchas veces. Todo un desafío para la demanda de tráfico de las operadoras convencionales.
‘White Spaces’
Pero el de las redes de cable no es el único caso, ni las conexiones Wi-Fi la única alternativa. En Reino Unido, el regulador Ofcom (equivalente a la CMT española) ha puesto en marcha un proyecto para aprovechar los whites spaces, una serie de frecuencias que normalmente se encuentran entre las que se usan para la transmisión de la televisión terrestre (broadcast) y que, hasta ahora, servían como separación y salvaguarda para evitar interferencias entre los canales de televisión. Pero las nuevas tecnologías están permitiendo su uso para la transmisión de datos en movilidad. Y eso es algo que, con la escasez de frecuencias que se aventura para el futuro, es algo que merece la pena explorar. Normalmente, en Reino Unido o EEUU son frecuencias bajas que, por tanto, tienen una gran calidad de propagación y logran coberturas amplias con servicios similares a los del Wi-Fi, aunque tienen la limitación de que deben estar conectadas a bases de datos en tiempo real que permitan conocer, en cada zona, cuales son las frecuencias libres para no generar interferencias. Y es más que significativo que entre los grupos que se han apuntado con entusiasmo a las pruebas piloto, tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, además de operadoras convencionales pero que no cuentan con una ‘pata’ móvil, como el caso de BT, figuran algunos de los grupos de tecnología más importantes del mundo, como Google, Apple o Microsoft.

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