“La innovación es el factor individual más importante para determinar el éxito en el siglo XXI” (Samuel L. Palmisano, en el NIS de Washington. Año 2004)

‘Smarter Cities’ fue una de las verticales que IBM definió en 2008 como parte de la estrategia ‘Smarter Planet’

La Investigación y el Desarrollo no son conceptos nuevos. Llevan aplicándose en el mundo de la Industria y la empresa privada desde que los primeros cazadores experimentaron con el uso de huesos para construir armas para cazar, defenderse o atacar.

Antes de la Revolución Industrial, la investigación era si de invención en muchos casos, y eran poco frecuentes las iniciativas coordinadas en busca de un proceso de innovación continuado y ordenado.

Los grandes genios de épocas pasadas incluso tenían que trabajar en secreto para no captar la atención de quienes se oponían sistemáticamente a los cambios derivados de la aplicación del método científico o la técnica. El progreso se abrió paso hasta nuestros días, pero no sin un coste muy elevado para quienes investigaban e inventaban en áreas como la ingeniería, la medicina, la química, la física, las matemáticas o la astronomía. El mero hecho de que muchos de los logros científico-técnicos se asocien con nombres concretos de personas dice mucho sobre la individualidad predominante en el mundo científico y técnico.


La economía industrial

Con la Revolución Industrial y la adopción generalizada de las máquinas como instrumentos transformadores, la economía pasó a ser también industrial. La competencia, el crecimiento constante, la necesidad de tener algo que fabricar o que construir del modo más beneficioso para satisfacer una demanda existente o para crear las que aún no se perciben como tales, fueron factores desencadenantes para la creación de departamentos encargados de diseñar servicios y productos merecedores de ser implantados o fabricados. Las genialidades individuales y liberales dejaron paso a grupos de trabajo anónimos, bajo el paraguas y los intereses de las empresas con los recursos necesarios para sostener a estos grupos de investigación y desarrollo. El R&D (del inglés Research and Development), o el I+D (del castellano Investigación y Desarrollo) es, a día de hoy, un elemento consustancial de la estrategia de cualquier empresa, grande o pequeña. Y lo que es más importante: también forma parte de las políticas gubernamentales de los países o de estructuras organizativas que trascienden el ámbito local o incluso el de nación, como puedan ser la Unión Europea o iniciativas destinadas a potenciar la competitividad de países en áreas geográficas como Asia, y sin que ello suponga cambios en las estructuras de gobierno de los países implicados.

 

El fenómeno I+D 

A pesar de que siempre ha habido iniciativas en aras de descubrir lo que nadie pensaba que podría descubrirse, o construir lo que nadie en su sano juicio pensaría que podría fabricarse, el fenómeno I+D es reciente. Lo que antes era lo anecdótico (inventar), ha pasado ha ser la norma al mismo tiempo que la tecnología ha permitido acelerar los procesos industriales y ponerlos al alcance de audiencias muy amplias. Sin ir más lejos, hoy en día es posible contratar los servicios de fábricas chinas de terminales móviles que atienden pedidos de todos los lugares del mundo y los sirven al otro lado del planeta sin que ello suponga un mayor problema. Pero hace solo unas pocas décadas, exactamente y por poner un ejemplo concreto, en el año 1962, Corea del Sur tenía un presupuesto para Investigación del 0,2% del Producto Interior Bruto. En 2007 el porcentaje superaba la cifra del 3 por ciento y en 2012 se situaba en torno al 4 por ciento según indica Eurostat.

Gráfico MundialFue en el año 2004 cuando tuvo lugar un encuentro internacional que supondría un antes y un después en la forma de entender la innovación y el desarrollo y que al mismo tiempo también está en el origen del concepto de Smart City: el National Innovation Summit reunió en el año 2004 en Washington a 500 líderes mundiales en diferentes materias de índole económica, tecnológica o social, incluyendo a directivos de las empresas más influyentes del momento. Samuel L. Palmisano, CEO de IBM, afirmó ante la audiencia: “La innovación es el factor individual más importante para determinar el éxito en el siglo XXI”.


Esta intervención, alineada con el espíritu de cambio de ese encuentro, que sucedía en un momento en el que la economía estadounidense se veía amenazada por el progreso de otras potencias, fue el germen que haría que tres años más tarde Bush aprobase la ley ‘America Creating Opportunities to Meaningfully Promote Excellence in Technology, Education, and Science Act’ de 2007, o abreviadamente, la ley America COMPETES Act, destinada precisamente (resumiendo mucho) a fomentar el espíritu innovador por encima incluso de los intereses económicos si estos impedían el progreso en alguna disciplina científico técnica. Además, esta iniciativa hizo que en otros países se abrieran los ojos al potencial del R&D, como sucedió con Corea del Sur, China, India y Japón, que se unirían para ejecutar un plan dinamizador de la investigación y el desarrollo en Asia. Precisamente Japón es un pionero mundial en la planificación de las actividades investigadoras, con su Ley Fundamental de Ciencia y Tecnología gestada en la primera mitad del siglo pasado. Otros países como el Reino Unido también regularon sus planes, así como China con sus Planes Nacionales para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

En el año 2008, Sam Palmisano, en su papel como CEO de IBM y siendo coherente con la dinámica planteada por él mismo años antes, introdujo un mapa de ruta para la construcción de lo que él llamaría ‘Smarter Planet’, aprovechando la consolidación de las tendencias en la dirección de la interoperabilidad entre sistemas y la democratización de la tecnología y la conectividad. Smarter Cities fue una de las verticales que IBM definió como parte de la estrategia Smarter Planet.

La clave para entender este entramado, donde convergen los intereses públicos y privados alrededor de la Investigación y el Desarrollo, está en parte en las dificultades que encuentran los emprendedores para afrontar proyectos desde una perspectiva exclusivamente mercantil. La economía industrial, en este aspecto, es bastante imperfecta y endogámica de tal modo que sólo se desarrollarían servicios y soluciones viables económicamente, al menos sobre el simulador financiero de las compañías. El impulso dado por las legislaciones es importante de cara a obligar (o a dirigir mediante las medidas adecuadas, por usar una expresión menos severa), a que las empresas enfoquen sus esfuerzos productivos en una dirección identificable, reconocible y convergente que contribuya a enfocar el poder transformador de la industria hacia fines sociales, sostenibles e inteligentes, y no únicamente rentables. Y esos esfuerzos van cobrando forma a medida que se van cumpliendo las predicciones en cuanto al crecimiento de las ciudades, la migración de las zonas rurales a la ciudad, o en cuanto a los problemas medioambientales, o a los cambios socioeconómicos relacionados con la forma de entender el trabajo, o incluso al estado del bienestar en su conjunto.

Además, los planes directores de investigación y desarrollo contribuyen a que las empresas cooperen y colaboren en la consecución de planes que son más grandes que las estrategias de las compañías por separado. Esta es, sin ir más lejos, una tendencia que se observa a medida que las Smart Cities cobran forma: las empresas, ante la imposibilidad de afrontar proyectos más grandes que ellas mismas, tienen que cooperar y crear sinergias con otras compañías para sacarlos adelante, incluso si estas compañías son competencia en otras actividades.

 

Horizon 2020

 

Europa 2020: la oportunidad para inventar el futuro 

En Europa, el paraguas que acoge las iniciativas en aras de desarrollar el lado más ‘smart’ de los espacios urbanos es Europa 2020, con una ‘Digital Agenda’ diseñada para ir quemando etapas al estilo de los cohetes que ponen en órbita a los satélites. Ya se ha hablado de esta iniciativa en esta revista, pero en este caso el enfoque del acercamiento es bastante más pragmático. A finales del año pasado se dio el pistoletazo de salida a Horizonte 2020 (H2020), el Programa Europeo de financiación de la Investigación y el Desarrollo. Este programa está destinado precisamente a fomentar y alinear el interés de las empresas, emprendedores y las administraciones hacia proyectos concretos y bien definidos en las áreas estratégicas definidas por la UE-28. Y, precisamente, las Ciudades Inteligentes son uno de los focos de interés a los que H2020 destina más cantidad de dinero de la partida de 80.000 millones de Euros presupuestados de 2014 a 2020. Cada dos años se revisan los focos de interés, de modo que se puede ir refinando el objetivo a medida que se consolidan tendencias o se abandonan otras. Otro de los objetivos estratégicos es la asistencia sanitaria personalizada, aunque a poco que se indague en los intereses más particulares dentro de H2020, se encuentran fácilmente conexiones y elementos convergentes con aspectos tan intrínsecos a las Ciudades Inteligentes como son la seguridad digital, la resiliencia de las infraestructuras y servicios, la movilidad sostenible o la eficiencia energética. Todo ello con unas interesantes posibilidades de financiación provenientes de fondos europeos para apoyar la Investigación y el desarrollo en los países de la UE-28.

El Horizonte 2020 tiene tres prioridades esenciales: la excelencia científica, el liderazgo industrial y los retos sociales. Con más o menos calado, pero siempre presentes de un modo u otro, los proyectos relacionados con las ‘ciudades inteligentes’ son candidatos excelentes para encajar total o parcialmente en los programas de financiación, y una oportunidad para crear o revitalizar empresas que lideren en unos años los proyectos TIC, donde las tecnologías de la información y las comunicaciones desempeñen un papel decisivo para construir servicios e infraestructuras ‘smart’.

La condición necesaria para acogerse a Horizonte 2020 es tener los proyectos bien definidos, perfilados y adecuados para las áreas de interés especificadas en H2020. En la práctica, este es uno de los trabajos más arduos y precisará de la asistencia de consultores o profesionales expertos en la formalización de las solicitudes de financiación, de modo que no veamos que una solicitud se queda fuera debido a un problema burocrático. Empresas de consultoría como Euradia ya ofrecen este tipo de servicios de formación y asesoría a empresas y emprendedores que estén pensado en solicitar ayudas con cargo a los fondos europeos. Empieza a ser un tanto alarmante el hecho de que se esté creando una burbuja alrededor del mundo emprendedor, en busca más de los fondos destinados para las ayudas que de unos resultados concretos y tangibles, pero, en cualquier caso, la investigación y el desarrollo son necesarios para el progreso y la consolidación de movimientos como el de la “smartización” de las ciudades.

El caso de Israel es ejemplar: solo en 2013 se crearon más de 1.000 start-ups siguiendo un modelo combinado de ayudas gubernamentales e inversión privada. La industria de alta tecnología representa el 48% del total de su mercado. En el World competitiveness Scoreboard 2013, ocupa el puesto 19, mientras que España está en el puesto 45. En Israel, uno de los proyectos ‘inteligentes’ más destacado es la ciudad ‘smart’ de Haluza , y en www.israelsmartinnovation.com se pueden encontrar detalles sobre empresas enfocadas al desarrollo de soluciones para las ciudades inteligentes.

 

Democratización del I+D

Las piezas del rompecabezas de la investigación y el desarrollo van encajando con cada iteración de estas iniciativas en el seno de la Unión Europea, y se implementan de un modo progresivo yendo a escalas sucesivamente más reducidas. Sin ir más lejos, ejemplos como Wayra (parte de Openfuture.org) emplean un esquema similar al europeo, en el que se ofrece financiación a empresas con proyectos que se seleccionan de acuerdo con criterios de elegibilidad, entre los que se encuentra la alineación con la temática definida como óptima para hacer que un proyecto sea viable y relevante para la sociedad y las necesidades detectadas en un momento dado.

La parte más interesante de este ecosistema de emprendeduría alrededor de la Investigación y el Desarrollo, es el fenómeno de la democratización del I+D. Hoy en día, se están creando plataformas que ofrecen a los emprendedores una base para crear servicios y negocios a partir de entidades sencillas de manejar y utilizar como la nube, los datos abiertos o el Internet de las Cosas. Ya hemos hablado de FiWare en alguna ocasión: una plataforma para construir APIs sencillas y accesibles para todo aquel que quiera construir aplicaciones y servicios sobre los datos recolectados por sensores integrados en infraestructuras, vehículos, mobiliario urbano, redes de comunicaciones o cualquier otro elemento de la ciudad que esté sensorizado y conectado. Pero compañías como IBM, Teradata, Amazon, Microsoft o Cisco contemplan en sus libros de ruta la integración de la nube con las infraestructuras a través de tendencias como la virtualización, el hardware definido mediante software, o la integración de los datos provenientes de los sensores, como una estrategia fundamental para ofrecer soluciones sencillas de análisis y descubrimiento de información a partir de ellos. Con centenares de centros de datos interconectados, están construyendo plataformas capaces de simplificar enormemente las necesidades de los departamentos de I+D.

Telefónica, por ejemplo, recientemente ha presentado la versión comercial de Thinking Things (www.thinkingthings.telefonica.com), su plataforma abierta para el Internet de las Cosas, donde lo más interesante no son únicamente los sensores que comercializa para la captación de datos, sino también disponer de una tecnología compleja que permite manejar esos datos provenientes de sensores o de otros orígenes de un modo centralizado, en la nube y con APIs abiertas para acceder desde cualquier entorno de desarrollo, sea web o sobre plataformas de desarrollo específicas como iOS o Android para dispositivos móviles. Lo que antaño supondría tener que dedicar un tiempo y dinero importantes para montar el entramado de interconexión y gestión de los datos, ahora no requiere más que disponer de una cuenta de usuario en la plataforma ‘thinking things’ y configurar los sensores para que se conecten con la nube usando WiFi o 2G.

Hoy en día las ciudades inteligentes se construyen sobre infraestructuras, datos y servicios, y las herramientas para innovar y desarrollar están al alcance de cualquiera con ganas e interés en aprender a programar y el funcionamiento básico de las APIs. Los recursos son abiertos en su mayoría, sobre plataformas abiertas ‘open source’. La web es una plataforma excelente para construir servicios, y los dispositivos móviles, un vehículo al alcance de prácticamente todos para hacer que las aplicaciones y esos servicios lleguen a todo el mundo de un modo inmediato.

Empresas como Libelium (www.libelium.com/es/) empezaron en laboratorios universitarios a partir de las ganas de estudiantes con inquietudes. Y en pocos años han construido un entramado tecnológico alrededor de sensores, cloud, servicios y datos, haciendo que España alcance el estatus de ‘Silicon Valley del IoT’, con reconocido prestigioso en el mundo.

Ahora que las ciudades inteligentes están cobrando forma, es el momento de aprovechar los recursos provenientes de iniciativas como Horizonte 2020, Wayra o cualquier otra a nuestro alcance y pensar en soluciones aún no inventadas ni pensadas. El I+D está al alcance de grandes y pequeñas empresas, e incluso al alcance de personas con vocación de emprendeduría. Los movimientos ‘maker’ son otra fuente de innovación que las empresas empiezan a ver como recursos de gran valor en busca de talento y soluciones viables. Los makers se aprovechan de los avances tecnológicos que permiten que por unas decenas de euros se puedan adquirir dispositivos Arduino, Raspberry, Thinking Things o, ahora también, Edison de Intel, con sus entornos de desarrollo e interfaces hardware fáciles de programar.

Este universo ‘maker’ está integrándose con las grandes corporaciones, que ven en la apertura a estas comunidades una oportunidad para encontrar talento y soluciones para problemas que sólo tienen solución si se enfrentan a ellos personas que no saben que es imposible resolverlos. Los hackatones, que hasta hace poco eran eventos ‘indie’, ahora están cada vez más patrocinadops o promovidos por las multinacionales, dando apoyo logístico y financiero si es necesario a estudiantes y profesionales con inquietudes.

Muchos de estos proyectos están íntimamente relacionados con las necesidades propias de las ciudades inteligentes en los aspectos que iniciativas como Horizonte 2020 están promoviendo activamente, como es el caso de las relacionadas con transporte, gestión de recursos, eHealth, sostenibilidad o las que tienen que ver con la organización de la sociedad desde el punto de vista del uso de la tecnología.

I+D (o I+D+i de innovación) es un componente fundamental en la ecuación de las ‘smart cities’. Desde la perspectiva de los fondos europeos dedicados a fomentar la investigación y el desarrollo, es una oportunidad para empresas y emprendedores que tienen en sus manos la posibilidad de encontrar el trabajo y la ocupación profesional para su futuro. Desde la perspectiva de las ciudades inteligentes, es la única opción posible para encontrar las soluciones necesarias para construirlas y hacer que funcionen de un modo eficiente, seguro y humano. Lo mejor es que hoy en día el I+D está al alcance de prácticamente todo el que tenga inquietudes gracias a la construcción de plataformas tecnológicas, conectadas a través de la nube, donde apenas sólo se necesita saber algo de código y tener una idea para construirla.


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