Midiendo la Smart City

Midiendo la SC

Los 6 ejes identificados que permiten articular una SC son: Medio ambiente, Movilidad, Gobierno, Economía, Sociedad y Calidad de vida

La medición del modelo de gestión requiere de sistemas de control de eficacia y eficiencia. Por ello es importante distinguir entre recursos, actividades e impacto


Decía William Pepperell Montague, filósofo estadounidense (1873-1953) de la escuela nueva realista, que “de acuerdo con la nueva física, lo que no se puede medir no existe físicamente”.

Esta frase, años más tarde, es reinterpretada y popularizada por William Reddington Hewlett (1913-2001), uno de los fundadores de Hewlett-Packard Company (HP), que afirmaba: “No es posible gestionar lo que no se puede medir”. Si entendemos que en las Smart Cities se implanta un nuevo modelo de gestión basado en la aplicación de innovadoras soluciones tecnológicas, hemos de entender la importancia de medir el mismo con el fin de llevarlo a cabo. Mediante la medición de lo que hacemos, y de cómo lo hacemos, es posible establecer la eficiencia de nuestra gestión, identificar los puntos fuertes y de mejora y determinar los resultados y el impacto de nuestras actuaciones.

La tecnología de la smart city es de gran utilidad porque posibilita sensorizar la vida de la ciudad recabando todo tipo de información (estado del tráfico, recogida de residuos, consumo de energía, etc.) no sólo sobre la ubicación (cartografía simple), sino también sobre la relación de los operadores-ciudadanos y el territorio (cartografía dinámica). No obstante, aunque la tecnología propicia la obtención con cierta facilidad de todo este tipo de información, no resulta tan sencillo gestionarla y establecer qué medir, pues supone varias implicaciones. Por ello, establecer métricas y criterios estandarizados es una cuestión importante a la hora de recabar conocimiento para la gestión de este tipo de proyectos y, en definitiva, para la toma política de decisiones, ya que también, a nivel político y desde la ciudadanía, se exige mayor transparencia respecto a los resultados y el impacto económico y social de las iniciativas ‘smart city’.

 

Calle en la ciudad

 

El concepto smart city es una noción extensa que ha ido incorporando nuevas áreas en su definición. Esto es así porque el concepto es difuso, emergente y dinámico. De ahí la dificultad para determinar las dimensiones a analizar. Se habla de ‘smart city’ desde hace aproximadamente un cuarto de siglo y, a lo largo del tiempo, el concepto ha evolucionado en función del número de áreas y de ámbitos que se han visto incluidos en él. En su origen, el componente fundamental de las ‘smart cities’ fue el energético (ciudades que utilizan las Tecnologías de la Información y de la Comunicación, TIC, para ofrecer servicios a la ciudadanía cuidando la sostenibilidad energética), pero se ha ido evolucionando a una definición ampliada. Autores como Komninos (2002) y Shapiro (2003) enfatizan la gestión del conocimiento y la capacidad de innovación. En cambio, otros autores como Odeandaal (2003) ponen el acento en el componente tecnológico, y definen una smart city como aquella área, región o ciudad que saca provecho de las oportunidades que ofrecen las TIC en la promoción de la prosperidad. Finighan, R. y Webb, M (2011) subrayan el atractivo económico y la aparición de nuevas industrias en este tipo de urbes y, así, definen una ciudad inteligente como aquella que usa datos y TIC estratégicamente para ser eficiente en la prestación de servicios a los ciudadanos, monitorizar el progreso de la gestión del gobierno a través de los resultados y cumplimiento de metas, manejar y optimizar la infraestructura existente mientras se planifica eficientemente la nueva infraestructura a desarrollar, disminuir las fricciones organizacionales promoviendo mejor comunicación entre las organizaciones y permitir la implementación de modelos de negocios innovadores tanto en el sector público como privado.

Dimensiones para articular una SC

En definitiva, revisadas las fuentes y autores de referencia en la materia, y la información de diversos proyectos de éxito de smart cities, se han identificado un conjunto de dimensiones o ejes en torno a los que se articula la smart city y que son recurrentes. Reflejo de ello es que no sólo desde el ámbito más académico se emplean estas dimensiones, sino, también, por parte de la mayoría de las empresas consultoras y proveedoras que articulan su cartera de servicios sobre las mismas, con la finalidad de adaptarse a las necesidades del sector. Éstas son:

  • Medio ambiente (Smart Environment): Edificios inteligentes, Gestión de recursos, Planificación urbana sostenible, etc.
  • Movilidad (Smart Mobility): Transporte eficiente, Acceso Multimodal, etc.
  • Gobierno (Smart Governance): e-Administración y e-Gobierno, Gobierno abierto, etc.
  • Economía (Smart Economy): Emprendimiento e innovación, Productividad, Conexión global y local, etc
  • Sociedad (Smart People): Integración, Educación, Resilencia, etc.
  • Calidad de vida (Smart Living): Cultura y bienestar personal, Seguridad, Salud, etc.

Una vez superada la tarea de establecer las dimensiones que englobaría el concepto ‘smart city’, el siguiente paso es determinar aquello que se quiere medir. Picasso dijo una vez que “los ordenadores son inútiles, sólo saben dar respuestas” y lo que hay que saber hacer es las preguntas adecuadas: “Better questions, better thinking”. Y las fuentes consultadas muestran que, incluso coincidiendo en las dimensiones a medir (Medio ambiente, Gobierno, Economía, etc.), se elaboran criterios e indicadores diferentes. De manera que, dependiendo de la fuente utilizada, los valores obtenidos resultan dispares. Tampoco la mayoría de las fuentes de referencia establecen indicadores que diferencien la mera implantación de las iniciativas de sus resultados e impactos.

La mayoría de los enfoques se centran en la medición de las actividades-outputs (objetivo productivo), es decir, banda ancha, uso de internet móvil, etc., aspectos tecnológicos y energéticos. Pero son menos los que consideran la medición del impacto en los beneficiarios (objetivo político y/o social). Para ilustrar esta cuestión, pongamos de ejemplo la medición de la dimensión Smart Mobility. Suelen considerarse indicadores el número de sensores para regular el tráfico, la extensión de red de transporte, el uso del transporte público limpio, etc. Pero no siempre se miden indicadores relativos al impacto: viajeros según el medio de transporte público o privado utilizado por sexo, promedio de horas gastadas en los desplazamientos, satisfacción con el sistema de transporte, etc. Y otras cuestiones que sustentan la base de las problemáticas existentes, como la localización de los centros de trabajo respecto a los hogares; las razones por las que la ciudadanía utiliza los medios de trasporte privados frente a los públicos; los accidentes de tráfico derivados del sistema de transporte, etc. Se dejan también de lado otras cuestiones como la repercusión económica sobre las áreas o distritos de la ciudad, colectivos beneficiarios del sistema de transporte, la movilidad de personas discapacitadas o con menores capacidades de movilidad, sedentarismo y obesidad entre la ciudadanía, etc.

Una propuesta metodológica

Diversos autores desarrollan modelos de medición sobre la intervención y los resultados de las políticas públicas a partir de la observación de los medios empleados, los procesos desplegados y los efectos. Trasladando este enfoque al ámbito de las smart cities pueden establecerse varios focos en los que centrar su estudio.

Los proyectos de desarrollo de una ciudad como smart city requieren de la intervención público-privada. La relación entre el sector público y la sociedad (tanto sector de la empresa como sector social) da lugar a un escenario intersectorial con implicaciones tanto a nivel de provisión de servicios como de producción de los mismos, así como a nivel organizativo (relaciones de colaboración, cooperación, etc.) e, igualmente, en la gestión y en la cadena de valor de lo público (en cuanto a los costes, las capacidades, las actividades realizadas, etc.). La medición del modelo de gestión requiere de sistemas de control de la eficacia (grado de obtención de los objetivos) y la eficiencia (coste de obtener los resultados). En consecuencia es importante distinguir entre los recursos (inputs), las actividades (outputs) y el impacto (outcomes).

 

Tabla SC

 

Los inputs son las entradas derivadas de los insumos o recursos necesarios para llevar a cabo los procesos. Los outputs y los outcomes hacen referencia a dos procesos diferenciados: los primeros, a la producción de los productos (outputs) mediante las iniciativas y las actividades implantadas, sobre los que probablemente los gobiernos y las administraciones tienen cierto control; los outcomes, a la generación de resultados e impactos en la ciudadanía, sobre los que existe menor control, ya que los efectos de la intervención realizada sólo pueden evaluarse a medio y a largo plazo (pues su medición es más compleja).

La medición de los inputs tiene un carácter habilitante, previa a la planificación de un proyecto o iniciativa smart. Se trata de posibilitar la planificación estratégica de acciones según los recursos económicos y personales disponibles, etc., previa a la ejecución de las actividades. Los indicadores han de orientarse a medir ingresos y otros recursos materiales y humanos para establecer conclusiones y tomar decisiones en el corto plazo. Los indicadores para llevar el seguimiento sobre los outputs responden a la necesidad de establecer los resultados de las acciones ejecutadas, la eficiencia en el uso de los recursos, etc. Miden actividades y productos para elaborar conclusiones y decisiones en el corto y medio plazo. Responden, así, al seguimiento de los objetivos intermedios de la implantación de las iniciativas. Los indicadores definidos respecto a los outcomes facilitan la identificación de los cambios o transformaciones producidos como consecuencia de las acciones realizadas, y del resultado político y social en el medio y largo plazo. Se corresponden con la medición del objetivo final de la intervención.

Siguiendo con el ejemplo de la dimensión Smart Mobility, en la siguiente tabla se plantean algunos indicadores de inputs, outputs y outcomes que se podrían definir en relación con la medición de los proyectos de gestión del transporte y control del tráfico en una smart city.

 

Indicadores SC

 

Con esta propuesta metodológica, quedarían consideradas cuestiones relativas a la ejecución de los proyectos smart, a los resultados y al impacto de la intervención en relación con la calidad de vida de la ciudadanía.

La mayoría de las fuentes de referencia no establecen indicadores que diferencien la mera implantación de las iniciativas de sus resultados e impactos. De ahí la necesidad de establecer métricas y criterios considerando diferentes puntos de partida y resultados, para el análisis, la comparación, el conocimiento y el aprendizaje de las iniciativas. Solo así podremos hacer tangible la medición de las smart cities.

 

por Conchi Rodríguez Illana

Consultora de Altran España

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