Sant Cugat ha planteado una triple estrategia económica, social y ambiental para hacer frente a los retos que tenemos por delante. Nos encontramos inmersos en una crisis que nos obliga a replantear buena parte de nuestro sistema económico, social y político. Y es la ciudad, el espacio donde se producirán estos cambios.

Nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos gracias a la prestación de unos servicios más eficientes, en un entorno más sostenible y en una ciudad más habitable. Ello es posible, en parte, al desarrollo de la smart city. Sin embargo, la aplicación de la tecnología no es por si sola la respuesta a todos estos retos, sino que es sólo una herramienta. Es necesario que las administraciones, concertadamente con el resto de agentes implicados, ponga la
inteligencia. De nada servirá poner sensores si antes no hemos definido una estrategia social, económica y ambiental de futuro.

En otoño de 2011 se puso en marcha una prueba piloto para testear algunos de los sistemas de gestión urbana de la ciudad del futuro. Así, el Ayuntamiento delimitó una zona de innovación tecnológica – la smart street - donde se pudieron probar algunos de los sistemas que, más tarde, se han implementado en toda la ciudad.

Transcurrido un año de pruebas, algunos de estos sistemas ya se han extendido a gran escala en todo Sant Cugat. Es, por ejemplo, el caso del alumbrado que nos ha permitido reducir la factura económica y ambiental de la ciudad en un 30%. Gracias a la smart street, las empresas de tecnología y el Ayuntamiento han podido trabajar en un proyecto win-win. Así, las primeras han podido testear el funcionamiento de sus productos en un espacio real, mientras que el consistorio ha podido evaluar la eficacia de la implantación de estos sistemas a coste cero. Desde que Sant Cugat puso en marcha la calle inteligente, administración, empresariado y sociedad civil han avanzado de forma conjunta en la configuración de la ciudad del futuro. Los ciudadanos ya no sólo son consumidores, sino “prosumidores proactivos”, con capacidad de proponer, crear y compartir servicios.

Un ejemplo de las necesidades de integrar a la ciudadanía en la estrategia “smart” son los buenos resultados conseguidos en el proyecto 3E-Houses para fomentar el ahorro energético en los hogares. Gracias a la colaboración de empresas como Gas Natural e Indra, las familias han podido hacer un seguimiento, mediante un dispositivo móvil, de sus consumos energéticos, de modo que la concienciación y la información se han convertido en elementos clave para conseguir rebajar la factura de sus consumos energéticos en un 20%.

Estos son sólo algunos de los ejemplos de lo que hoy lleva a cabo Sant Cugat con el fin, claro está, de mejorar las condiciones de vida y de bienestar de los ciudadanos. Como hemos visto, en algunos casos se consigue mediante la aplicación de la tecnología, pero en otros no. Sant Cugat también trabaja para llegar a la “smart community”. Dicho de otra forma, Sant Cugat trabaja con el fin de que su sociedad se base en el conocimiento, el talento y la innovación.

Como administración, el Ayuntamiento tiene que instalar las infraestructuras de de comunicación que permitan y faciliten la conexión entre los nodos: empresas, ciudadanía, universidades, centros de investigación y todos los agentes económicos y sociales. Lo que hace inteligente una ciudad no es la aplicación de la tecnología, sino que ésta esté al servicio de la ciudadanía.

 


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