Food Tech

Innovación en la industria alimentaria. Descubre cómo la tecnología redefine la producción, sostenibilidad y el futuro de los alimentos.

El Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) emplea aquafaba, el líquido de cocción de las legumbres, y aceites vegetales para obtener grasas sólidas saludables

Un equipo del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha desarrollado un oleogel —un tipo de grasa sólida creada a partir de aceites líquidos — utilizando aquafaba, el líquido resultante de cocer legumbres. Mediante este procedimiento, que combina aquafaba y aceite de girasol, se obtiene un compuesto cuyas propiedades le permiten sustituir completamente a la mantequilla, la margarina o la grasa de palma en productos de bollería y confitería. El avance, publicado en la revista Food Hydrocolloids, ha permitido sustituir por completo la grasa convencional de cruasanes en pruebas de laboratorio y ha dado lugar a un modelo de utilidad con solicitud de extensión internacional para su posible aplicación en la industria.

Los aceites vegetales, como el de girasol o el de oliva, tienen bajo contenido en ácidos grasos saturados. Precisamente por esto son líquidos a temperatura ambiente y no pueden cumplir las funciones estructurales de las grasas sólidas. “Con la oleogelificación dotamos a aceites líquidos con un perfil lipídico saludable de una estructura similar a la de las grasas sólidas. Se obtiene así una grasa saludable, sólida y con bajo contenido en ácidos grasos saturados”, señala Teresa Sanz, investigadora del IATA-CSIC que ha desarrollado el estudio.

“A diferencia de la mantequilla, que tiene un aroma propio muy reconocible, el oleogel de aceite vegetal y aquafaba es prácticamente neutro en olor. No se trata de un inconveniente, sino de una ventaja, pues puede incorporarse a una gran variedad de productos sin modificar las características sensoriales. El aroma final del alimento lo aportan el resto de ingredientes”, añade la investigadora.

Una grasa sólida… pero saludable

La técnica utilizada consiste en formar primero una emulsión de aceite y agua con aquafaba. En concreto, se emplearon dos fuentes de aquafaba, de garbanzo y de judía, con resultados satisfactorios en ambos casos. Después de formar la emulsión, se elimina el agua para obtener un oleogel estable. El secreto está en la composición de la aquafaba: es rica en proteínas, polisacáridos —cadenas largas de azúcares que absorben la humedad — y compuestos fenólicos, moléculas antioxidantes que estabilizan la mezcla. El resultado es la creación de una matriz capaz de retener el aceite y aportar la textura y plasticidad típicas de las grasas sólidas.

En pruebas de laboratorio, estos oleogeles de aquafaba se han utilizado para sustituir el 100% de la grasa en cruasanes. En este tipo de bollería, la materia grasa debe soportar varios pliegues de la masa y formar láminas finas que, al fundirse en el horno, generan la estructura crujiente y alveolada característica. “Los análisis realizados sobre la textura del oleogel mostraron que su capacidad de untado es comparable a la de la mantequilla y a la de grasas de repostería comerciales”, aclara el equipo de trabajo.

El trabajo forma parte del catálogo del CSIC con más de 100 investigaciones innovadoras que aportan soluciones en ámbitos estratégicos como la alimentación, la agricultura o la monitorización ambiental. Aunque ya se han logrado resultados satisfactorios, el equipo sigue trabajando para mejorar la plasticidad de estos oleogeles y optimizar la estructura final del hojaldre.

Ingrediente natural y sostenible

“A diferencia de otros oleogelificantes que son aditivos con uso limitado en la industria alimentaria, la aquafaba es un ingrediente natural y de origen vegetal, que además permite aprovechar un subproducto generado en la elaboración industrial de legumbres cocidas”, asegura Ana Salvador, investigadora del grupo de Propiedades Físicas y Sensoriales del IATA e integrante del grupo de trabajo. Así, su uso contribuye a la economía circular, al transformar un residuo en un ingrediente funcional de alto valor añadido.

“Los oleogeles de aquafaba tienen un gran potencial como grasa saludable y su aplicación futura es muy amplia y prometedora, porque permiten obtener una grasa sólida con bajo contenido en ácidos grasos saturados, elaborada con ingredientes naturales, vegetales y sin aditivos, además de aprovechar un subproducto para fabricar nuevos alimentos”, concluye Teresa Sanz.

En un proyecto financiado con fondos europeos se fomenta la circularidad de los residuos domésticos mediante el avance de los métodos de reciclado y la exploración de nuevos materiales de partida para la transformación química

El aceite de cocina es uno de los productos más utilizados en todo el mundo, ya que los hogares y la industria de la restauración dependen de él para preparar alimentos. Solo en Europa, se calcula que una persona gasta aproximadamente unos ocho litros de aceite de cocina al año(se abrirá en una nueva ventana), que luego se convierten en residuos y, por consiguiente, en una fuente de contaminación importante.

Una solución a los problemas medioambientales que plantea el aceite de cocina desechado es su reciclado; sin embargo, la tecnología existente (salvo para la producción de biodiésel) no ha respaldado plenamente los avances en este campo hasta ahora. El equipo del proyecto WORLD(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, tenía como objetivo desarrollar un sistema fiable de valorización del aceite de cocina usado (WCO, por sus siglas en inglés) que superara las limitaciones actuales y abriera la puerta a los subproductos sostenibles.

«Cuando comenzó WORLD, vimos que la mayor parte del reciclado del WCO se basaba en la simple decantación y filtración. Esto puede eliminar solo parte de las impurezas, pero no es suficiente para una verdadera reutilización de alta calidad del aceite en nuevos productos, como los biolubricantes», explica Andrea Mele, coordinador del proyecto. «El sector disponía de reciclaje, pero aún no de un sistema bien diseñado, de residuo cero y robusto desde el punto de vista industrial», subraya.

Un proceso limpio y ecológico

Para poder reutilizar el WCO, primero hay que purificarlo. Para ello, Alberto Mannu, del equipo de WORLD, introdujo un método de dos pasos que utiliza medios sencillos y naturales. En primer lugar, el WCO se lava con agua en condiciones controladas de temperatura y pH. Después, si es necesario, se trata con bentonita, una arcilla natural, abundante y muy absorbente, de origen volcánico. Este proceso de limpieza proporciona un aceite regenerado, adecuado como materia prima para biolubricantes, así como para la fabricación de otros productos útiles.

Las aguas residuales del proceso se gestionan, recuperan y utilizan en un nuevo ciclo de reciclado. También se recogen los residuos sólidos para evaluar su reutilización o valorización.

De las ideas derivadas a las aplicaciones nuevas

Aunque el objetivo inicial de WORLD fue convertir el WCO en biolubricantes, el trabajo del proyecto pronto condujo a otras aplicaciones prometedoras. Una de ellas era utilizar el WCO como material para capturar compuestos orgánicos volátiles (COV) del aire contaminado. Estas sustancias químicas basadas en el carbono son responsables de una plétora de efectos adversos para la salud humana y el medio ambiente(se abrirá en una nueva ventana); por lo tanto, eliminarlas del aire o del agua es de vital importancia.

Otra aplicación consistió en la conversión química del WCO en glicerol y una mezcla de ácidos grasos libres, como el ácido oleico, mediante hidrólisis ácida y posterior basificación: ambos subproductos de origen vegetal se probaron como componentes de los llamados disolventes eutécticos profundos (DEP), una clase de compuestos menos tóxicos y también más baratos que los disolventes tradicionales. El uso de DEP en procesos químicos es totalmente coherente con el principio de la química verde de utilizar reactivos y disolventes de fuentes renovables en lugar de fósiles.

«Algunas de estas ideas ya están a nivel de prueba práctica de concepto, especialmente la captura de COV; otras están aún en una fase inicial, pero muestran un gran potencial de cara al futuro», afirman Mannu y Mele.

De la concienciación pública a la acción política

Una parte importante del trabajo del equipo del proyecto consistió en comprender el mercado, poner en marcha iniciativas de formación y fomentar la participación pública.

A un sentido más amplio, los resultados de WORLD pueden apoyar mejores decisiones a nivel de la Unión Europea (UE) sobre la recogida y el tratamiento de los WCO basadas en pruebas técnicas reales de su potencial de circularidad. Los resultados también pueden encontrar aplicación fuera de Europa, especialmente en zonas en las que se producen grandes cantidades de WCO.

«La visión a largo plazo es hacer que esta tecnología sea replicable: adecuada para diferentes regiones, diferentes escalas y diferentes contextos industriales», concluye Mele.

Un proceso de producción nuevo demuestra que es posible producir a gran escala alternativas biológicas a la proteína animal

La producción de ganado y piensos, que ocupa casi el 80 % de la superficie agrícola mundial, es una de las principales causas de emisión de gases de efecto invernadero, deforestación y pérdida de biodiversidad.

A medida que crezca la población mundial, también lo hará la demanda de proteínas animales.

«Eso es un problema si se tiene en cuenta que los niveles de producción y consumo actuales no pueden mantenerse sin graves consecuencias para el planet»', explica Craig Johnston, cofundador de ENOUGH.

Para dar respuesta a este reto se han creado proteínas nuevas, como ABUNDA(se abrirá en una nueva ventana), una proteína sostenible y rica en nutrientes derivada de un hongo que está desarrollando ENOUGH.

Sin embargo, antes de que estas proteínas alternativas lleguen a la mesa de nuestra cocina, deben producirse a gran escala, y para ello es necesario crear una cadena de valor de base biológica totalmente nueva.

Aquí entra en escena el proyecto PLENITUDE(se abrirá en una nueva ventana), financiado por la Empresa Común para una Europa Circular de Base Biológica(se abrirá en una nueva ventana), una asociación público-privada.

Nuevas instalaciones para aumentar la disponibilidad de proteínas alimentarias sostenibles

En el proyecto, financiado con fondos europeos, se reunió a socios de toda la cadena de suministro, desde pymes hasta grandes empresas industriales, y se construyó una instalación pionera para producir a escala la proteína ABUNDA de forma sostenible. Las instalaciones están situadas en el sur de los Países Bajos, junto con Cargill, entidad socia del proyecto.

La innovadora instalación integra una planta de fermentación de micoproteínas con una biorrefinería convencional de primera generación, y utiliza un proceso de producción circular con un mínimo de residuos.

«Una cosa es desarrollar ideas en un laboratorio y otra ampliarlas en un entorno industrial real», afirma Johnston, que coordinó el proyecto. «Ver que algo pasa del concepto a una realidad operativa a gran escala es un gran paso adelante para el sector».

Con una capacidad de producción potencial de 10 000 toneladas anuales, esta instalación emblemática aumentará la disponibilidad de proteínas alimentarias sostenibles y de alta calidad.

La tecnología puede aplicarse en cualquier lugar donde haya demanda de proteínas y productos biológicos más sostenibles.

Una alternativa viable y biológica a las proteínas animales

En un momento en que el mundo se enfrenta a grandes retos en torno a la seguridad alimentaria, el cambio climático y la disponibilidad de recursos, proyectos como PLENITUDE resultan especialmente oportunos.

«No solo hemos demostrado que existen alternativas biológicas viables a la proteína animal, sino que estas alternativas pueden producirse de forma sostenible, a gran escala y utilizando los sistemas industriales existentes», concluye Johnston.

El equipo del proyecto trabaja ahora para seguir optimizando sus instalaciones y conseguir la financiación necesaria para ampliar su implantación comercial.

La bacteria Variovorax palleresanus permite sustituir los productos químicos aplicados a la agricultura y potenciar el crecimiento de las plantas

Una investigación de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha descubierto una nueva bacteria con potencial para reducir el uso de fertilizantes químicos en agricultura, como los sulfatos, aprovechando el azufre presente en el suelo. Variovorax palleresanus, nombre con el que se ha bautizado la nueva especie, tiene la capacidad de oxidar el azufre y hacerlo aprovechable por las plantas. Este hallazgo puede mejorar hasta en un 30% el rendimiento de los cultivos.

En la agricultura se utilizan diferentes productos, entre ellos los fertilizantes y los bioestimulantes. Los primeros se emplean para la nutrición del cultivo y normalmente suelen ser productos químicos, como el sulfato potásico o los nitratos. En cuanto a los bioestimulantes, no son un nutriente directo, sino que potencian el crecimiento de las plantas.

Para llevar a cabo la investigación, que ha contado con la colaboración de la empresa AFEPASA, se recogieron muestras de suelos de diversas localizaciones y con diferentes características de pH (potencial de hidrógeno) y concentraciones de azufre, y se llevaron al laboratorio para aislar la bacteria y cultivarla en distintos medios. En función del cambio de color del medio de cultivo, se puede observar si los microorganismos aislados de esos suelos tienen capacidad de oxidar azufre. Una vez seleccionados los oxidantes, se realizaron pruebas en laboratorio para determinar cuáles tenían mayor capacidad y pasar a la siguiente fase: realizar ensayos en invernaderos para comprobar su efecto en plantas, ya que los resultados en laboratorio pueden ser distintos cuando se introducen en los cultivos.

Inicialmente, la investigación se centró en bacterias capaces de oxidar azufre o solubilizar fósforo. Durante el proceso se identificó esta nueva especie, que oxida el azufre. Además de esta característica, “también presenta actividades bioestimulantes asociadas, como la producción de auxinas —sustancias que regulan el crecimiento vegetal— o la síntesis de moléculas orgánicas con una alta afinidad por el hierro (sideróforos), que activan el metabolismo del cultivo o que pueden actuar como antioxidantes”, señala Cristina Comas, investigadora del Grupo de Investigación en Nutrigenómica del Departamento de Bioquímica y Biotecnología que realiza la tesis doctoral industrial entre la URV y la empresa AFEPASA.

Según los estudios de campo, con la aplicación de esta bacteria se consigue que el cultivo sea capaz de incrementar hasta un 30% la producción, gracias a la mejora del metabolismo vegetal y a la transformación del azufre del suelo en sulfatos asimilables, una cifra muy elevada para un bioestimulante.

Por el momento, el Variovorax palleresanus se ha probado principalmente en cultivos hortícolas. Los doce ensayos han tenido lugar en diferentes zonas del Estado español y en diversas condiciones de suelo, con un funcionamiento similar en todos los casos. “A partir de estos datos, los resultados indican que la eficacia no parece depender del tipo de suelo”, explica Comas.

Hasta ahora, no se había descubierto ningún Variovorax capaz de oxidar azufre. Por este motivo, el Variovorax palleresanus, primera especie conocida del género con esta capacidad, está en fase de patente, tanto en España como en Europa.

Referencia bibliográfica: Comas, C., Peix, A., García-Seco, D., Arola-Arnal, A., Campillo-Brocal, J. (2026). Variovorax palleresanus sp. nov., a novel plant growth-promoting rhizobacterium isolated from sulphur-rich soil in Spain Open Access. Microbiology Society, 76, 2 https://doi.org/10.1099/ijsem.0.007057

Pie de foto: Anna Arola y Cristina Comas, investigadoras del Departamento de Bioquímica y Biotecnología; y Daniel García-Seco, director de I+D y laboratorio de AFEPASA.

Una nueva investigación destaca tanto los beneficios nutricionales como otros aportes del pan de masa madre elaborada con harina de legumbres, lo que respalda la creciente tendencia de los consumidores hacia los alimentos fermentados de origen vegetal

Un equipo de investigadores de Bélgica, Italia y Finlandia aunó fuerzas en el marco del proyecto HealthFerm(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, a fin de demostrar los beneficios para la salud del pan de masa madre elaborada con harina de legumbres. Su estudio(se abrirá en una nueva ventana) revela cómo el uso de harina de habas y guisantes amarillos, junto con el uso de técnicas de fermentación optimizadas, puede mejorar el contenido proteico del pan y la salud intestinal.

Beneficios nutricionales y mucho más

Los socios de HealthFerm compararon el pan de masa madre elaborada con harina de legumbres con el pan integral tradicional hecho con levadura de pan. Descubrieron que el pan de harina de legumbres tenía un 45 % más de proteínas. Además de un mayor contenido proteico, también presentaba un perfil de aminoácidos superior. En concreto, presentaba concentraciones más altas de aminoácidos como el ácido gamma-aminobutírico y la lisina, que mejoran la salud metabólica y cognitiva.

La fermentación con bacterias lácticas y levaduras mejoró tanto el aroma como el sabor del pan elaborado con harinas de legumbres. En conjunto, el sabor del pan de masa madre era muy bueno, comparable al del pan integral.

La fermentación también aportó otros beneficios. Las legumbres contienen de forma natural compuestos antinutricionales que limitan la absorción de nutrientes, lo que dificulta su uso en la producción de alimentos. La incorporación de masas madre elaboradas con legumbres —en concreto las hechas con harina de guisante amarillo— redujo estos compuestos, lo que facilitó la absorción de nutrientes y mejoró la digestibilidad de las proteínas.

Las masas madre elaboradas con legumbres aumentaron aún más el contenido fenólico de los panes, lo que se tradujo en beneficios antioxidantes y antiinflamatorios. La harina de habas mostró niveles superiores a los del trigo integral y los guisantes amarillos, no solo aumentando los compuestos fenólicos ya presentes, sino también enriqueciendo el pan con nuevos polifenoles como la catequina y la rutina.

La relevancia de estos resultados fue destacada por Marco Gobbetti, coautor del estudio y profesor titular en la Universidad Libre de Bolzano (Italia), entidad socia del proyecto HealthFerm, en un artículo(se abrirá en una nueva ventana) publicado en «Milling Middle East & Africa». Señalando que la masa madre ha sido tradicionalmente considerada baja en proteínas, Gobbetti destacó el potencial de esta innovación para generar nuevas estrategias de fermentación y de productos vegetales en la producción panadera.

Los científicos ciudadanos al tanto de las legumbres

Para lograr su objetivo de promover la investigación sobre alimentos fermentados, HealthFerm invitó a científicos ciudadanos a participar en su iniciativa de masa madre. Durante un período de cerca de doce meses, el equipo del proyecto recopiló muestras de masa madre e información sobre las prácticas de mantenimiento de la masa madre de los participantes de toda Europa. Al final, los 661 contribuyentes de muestras de masa madre de HealthFerm recibieron informes personalizados sobre el microbioma de la masa madre.

También se pidió a los participantes que compartieran sus comentarios sobre su experiencia con HealthFerm, los informes recibidos y su interacción con el asistente de inteligencia artificial Dough-Pro(se abrirá en una nueva ventana). «Cuando se les pidió que describieran su experiencia en HealthFerm con una sola palabra, los participantes eligieron términos como “interesante”, “emocionante” y “excelente”», se lee en el blog de HealthFerm(se abrirá en una nueva ventana).

En septiembre de 2025, HealthFerm (Innovative pulse and cereal-based food fermentations for human health and sustainable diets) celebró su sexto encuentro de seguimiento desde el inicio del proyecto en 2022. Investigadores y socios industriales se reunieron en Umeå, Suecia, durante dos días para compartir sus conocimientos y experiencias sobre alimentos fermentados de origen vegetal. Las sesiones ofrecieron información sobre los avances actuales en recursos microbianos, tecnologías de fermentación, estudios de intervención e investigación de consumidores. Además, se exploraron estrategias relacionadas con la gestión del proyecto, la difusión y la explotación de los resultados. Los debates en profundidad entre los socios se centraron en las prácticas de publicación, la gestión de datos y los próximos pasos del proyecto HealthFerm.

El sistema del IBMCP (CSIC-UPV) analiza el potencial de productos naturales para ayudar a las plantas a hacer frente a los efectos del cambio climático en el laboratorio, antes de los largos y costosos ensayos de campo

Un equipo del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de València (UPV), ha desarrollado un método para evaluar de forma rápida y barata productos de origen natural que pueden utilizarse como bioestimulantes que ayuden a las plantas a adaptarse a los efectos adversos del cambio climático, como la sequía o la salinidad. Los investigadores pusieron en práctica su plataforma de evaluación de bioestimulantes y ya han confirmado que lo que funcionó en el laboratorio es eficaz en lechuga, brócoli y, recientemente, en tomate. El trabajo ha sido publicado en la revista Chemical and Biological Technologies in Agriculture.

A partir de la combinación de cuatro extractos de origen natural (una especie de alga, sauce blanco, regaliz y una levadura) el grupo del IBMCP ha generado un nuevo producto denominado Calbio que, según explica José Miguel Mulet, investigador del IBMCP y coordinador del trabajo, “aumenta el rendimiento de diferentes cultivos un 10% en condiciones normales, pero en condiciones de salinidad, logra frenar la caída de producción y conseguimos rendimientos de cosecha un 30% mayores que las plantas sin tratar con nuestro producto. Y, lo más importante, esto lo hemos replicado en cultivos muy diversos”.

Asimismo, Mulet señala que “al tratarse de productos de origen natural su proceso de autorización es más fácil ya que son considerados bioestimulantes, por lo que la transferencia de estos resultados a los agricultores será mucho más rápida y sencilla. La eficacia del producto está contrastada y se conoce su mecanismo molecular, algo que en estos momentos no ocurre con muchos productos que se encuentran disponibles en el mercado”.

Ventajas y aplicaciones

Antiguamente, cuando una empresa quería probar su producto tenía que ir directamente a ensayos de campo, que resultan muy largos y caros y, además, no tenía la garantía de que funcionara. Con este nuevo sistema, se pueden evaluar diferentes productos en poco tiempo y a un precio asequible, y hacer un cribado previo de qué productos van a ser más efectivos. Además, se puede utilizar esta plataforma de forma combinatoria con diferentes materias primas para diseñar productos nuevos, como ha sido el caso del Calbio.

“Hasta ahora hemos visto su efectividad en condiciones de crecimiento normal y de salinidad en diferentes cultivos como brócoli, lechuga y tomate”, asegura Rosa Porcel, investigadora del IBMCP que participa en el trabajo. “En este momento, tenemos diferentes ensayos en marcha para evaluarlo en condiciones de sequía y de baja fertilización. Esto puede ser una gran ayuda para hacer la agricultura más sostenible. Además, al ser un producto de origen natural puede utilizarse tanto en agricultura convencional como ecológica”, añade.

El grueso del trabajo se ha realizado en el IBMCP (CSIC – UPV), en el que también han participado la catedrática Lynne Yenush, en colaboración con la empresa Caldic Ibérica, una compañía dedicada a la venta al por mayor de productos químicos para la industria, la alimentación y el sector farmacéutico. Asimismo, en el estudio han trabajado Vicente Arbona y Miguel González-Guzmán, profesores de la Universitat Jaume I de Castelló.

Las pruebas de campo se han realizado en la Fundación Cajamar (Paiporta) y en la finca Sinyent que la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) tiene en la localidad de Polinyà del Xúquer (Valencia). La investigación es el resultado de un proyecto de la convocatoria Retos colaborativos de 2022, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Next Generation), y fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).

Un dispositivo innovador permite a sus usuarios saborear a distancia

La realidad virtual (RV) y la realidad aumentada (RA) nos permiten experimentar infinidad de cosas, desde sumergirnos en las profundidades de un océano hasta explorar la superficie de un planeta lejano. Pero ¿y el gusto?

Un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Ohio (OSU, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, han concebido e-Taste, un dispositivo que permite saborear cosas sin llegar a probarlas. Su innovación puntera se presentó en la revista «Science Advances».

El sabor llega a la RV

El ingenio tiene forma de un pequeño cubo de 15 mm de lado. Incluye sensores químicos y dispensadores inalámbricos que captan y transmiten datos de sabor a distancia en cuestión de segundos. Los usuarios pueden percibir los cinco sabores básicos: dulce, salado, agrio, amargo y umami.

«El gusto y el olfato están muy relacionados con las emociones y la memoria de las personas —declaró a «Popular Science» Jinghua Li, coautora del estudio y profesora adjunta de Ciencia e Ingeniería de Materiales en la OSU—. Así que nuestro sensor tiene que aprender a captar, controlar y almacenar toda esa información».

e-Taste se fija a una fina tira de plástico que se sujeta entre los dientes, con el cubo colgando hacia fuera. Cuando los sensores del cubo detectan un objeto alimenticio en el entorno virtual, e-Taste libera sustancias químicas que simulan los cinco sabores. De este modo, disfrutará de todo el sabor sin necesidad de comer nada. El cubo tiene pequeños paquetes químicos líquidos rellenables para generar los sabores específicos.

«La dimensión química en la RV y la RA está relativamente poco representada, sobre todo en lo que respecta al olfato y el gusto —manifestó Li en una nota de prensa emitida por la OSU—. Es un vacío que había que colmar, y con este sistema de nueva generación lo hemos logrado».

Un equipo de científicos probó el sistema e-Taste en voluntarios, los cuales pudieron distinguir entre diferentes intensidades de perfil de sabor agrio en los líquidos generados por el dispositivo, con una tasa de precisión general de cerca del 70 %. En otra prueba, se les pidió a los voluntarios que distinguieran entre sabores que imitaban a la limonada, el pastel, el huevo frito, la sopa de pescado y el café. Estos lograron diferenciarlos con una precisión de casi el 87 %. Los resultados heterogéneos no son nada sorprendentes, dado que el gusto es inherentemente subjetivo y puede cambiar de un momento a otro.

Según el estudio, el dispositivo podría beneficiar a las personas con lesiones cerebrales traumáticas o covid-19 persistente que han perdido el sentido del gusto.

Añade un poco de sabor virtual a la vida

e-Taste aún tiene margen para mejorar. No puede reproducir la textura ni la temperatura, y depende de un pequeño número de sustancias químicas que no captan del todo la complejidad de los sabores reales.

Y, lo que quizá es aún más importante, ¿aceptarán los ciudadanos esta «lengua electrónica» en su vida cotidiana?

«Esta tecnología permitirá a las personas interactuar en entornos virtuales de maneras nunca antes vistas —concluyó Li—. El concepto ya es una realidad y constituye un primer paso para integrar el sentido del gusto en el metaverso».

Los centros tecnológicos AZTI y NEIKER han creado harinas, snacks y untables con propiedades nutricionales mejoradas y adaptadas a las necesidades de las personas mayores.

El paulatino envejecimiento de la población plantea diferentes desafíos, entre ellos la necesidad de promover una alimentación más saludable. Al mismo tiempo, el sector agroalimentario está en el punto de mira de las nuevas normativas europeas que exigen reducir el uso de productos químicos en los cultivos, obligando a buscar soluciones más sostenibles.

En este contexto, los centros tecnológicos AZTI y NEIKER han unido su conocimiento en el proyecto de investigación 3SLEKA para impulsar el consumo de proteínas alternativas de origen vegetal entre la población de edad más avanzada y cumplir con las estrictas regulaciones agrícolas europeas.

Para ello se ha puesto el foco en las legumbres, alimentos con un alto contenido proteico, de fibra y de micronutrientes y cuyo consumo está recomendado por la Organización Mundial de la Salud para disminuir el riesgo de enfermedades asociadas con la alimentación, como la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2. Su cultivo contribuye además a la fijación de nitrógeno en el suelo, y a un menor impacto ambiental.

El trabajo de ambos agentes ha dado como resultado tres nuevos ingredientes que unen nutrición y sabor desarrollados a partir de los excedentes del cultivo, sin agroquímicos como fertilizantes o fitosanitarios, de garbanzos y alubias.

“Mediante estrategias agrícolas sostenibles, el uso de bioestimulantes y técnicas innovadoras de procesamiento, hemos creado harinas, snacks y untables con propiedades nutricionales mejoradas”, destaca Clara Talens, investigadora de AZTI y responsable del proyecto.

Los productos están, además, adaptados a las necesidades de la población senior y pueden contribuir a mejorar la dieta de las personas mayores reduciendo la dependencia de proteínas de origen animal.

Oportunidad para el sector

Para el sector agroalimentario, esta iniciativa representa una oportunidad para valorizar cultivos locales, reducir desperdicios y mejorar la trazabilidad y seguridad alimentaria.

“Aprovechamos leguminosas infrautilizadas, como garbanzos y alubias, para crear alimentos innovadores, saludables y respetuosos con el medioambiente. También conseguimos mejorar la seguridad alimentaria, garantizando que no haya residuos peligrosos en los productos finales”, añade Talens.

La colaboración entre NEIKER y AZTI en 3SLEKA perfecciona los cultivos mediante biotecnología, reduce la utilización de insumos agrícolas y también de emisiones contaminantes, y reincorpora los excedentes dentro de la cadena alimentaria impulsando la economía circular.

Además de los nuevos ingredientes, el trabajo conjunto realizado en la iniciativa, financiada por el Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco, también ha conseguido desarrollar metodologías avanzadas para identificar y controlar residuos fitosanitarios y modelos predictivos para optimizar la estructura y textura de los alimentos.

El Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) demuestra que incluir espinacas, remolachas o cebollas en el pan plano mejora su contenido de fibra, minerales, color y textura

Un grupo de investigación del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del CSIC, dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU), ha realizado un estudio que demuestra que incluir una pequeña cantidad de vegetales deshidratados (un 2% de la receta) en la elaboración de pan plano tiene efectos positivos en la textura, color y, sobre todo, en sus propiedades nutricionales. La investigación, publicada en la revista International Journal of Food Science and Technology, revela que la inclusión de estos ingredientes en el pan afecta a la digestión del almidón, mejorando la respuesta glucémica tras su ingesta.

El pan es un alimento fundamental en nuestra dieta. Ocupa un lugar destacado como fuente de nutrientes, acompaña a otros alimentos y juega un papel central en los desayunos, comidas y cenas de todo el mundo. Pero su importancia no se limita a su sabor o versatilidad. El pan, especialmente las versiones integrales y ricas en fibra, proporciona carbohidratos complejos que liberan energía de manera sostenida, esenciales para una dieta equilibrada.

El LINCE Group, un equipo de trabajo del grupo de Cereales y Productos Derivados del IATA-CSIC, analizó la inclusión de vegetales como espinacas, acelgas, remolachas o cebollas y su impacto en las propiedades de los panes planos, un tipo de panes elaborados con la masa extendida, sin masa madre ni levadura. El pan plano es uno de los panes más antiguos y consumidos en todo el mundo, especialmente en el Mediterráneo. Además de ser un alimento básico, el pan plano presenta ventajas: tiene un proceso de elaboración relativamente simple y rápido, y existen muchas recetas variadas en muchas culturas.

Ingredientes naturales, innovadores y sostenibles

El trabajo utilizó un enfoque experimental en el que se incorporaron diferentes vegetales deshidratados en la masa de pan plano y se analizaron diversas propiedades tecnológicas y nutricionales, como el contenido de fibra, minerales, color y textura. Además, se midió la digestibilidad del almidón mediante un análisis in vitro para evaluar cómo estos ingredientes impactaban en la velocidad de digestión. “Estos ingredientes podrían ser utilizados no solo en panes planos, sino también en otros productos de panadería que busquen innovar en términos de nutrición y beneficios para la salud”, sostiene Raquel Garzón, científica del CSIC en el IATA y autora del estudio.

Los resultados muestran que incluir espinacas o acelgas mejoró significativamente el contenido de minerales del pan plano; las aceitunas negras y verdes aumentaron el contenido de grasas saludables; la remolacha y el tomate influyeron en el color y la dureza del pan; la adición de coles mejoró el perfil proteico del alimento; y la alcachofa o la zanahoria mejoraron la cantidad de fibra. Además, el limón y el tomate redujeron la digestión in vitro del almidón. “Los vegetales deshidratados son ingredientes naturales, innovadores y sostenibles con potencial para mejorar las propiedades tecnológicas y nutricionales del pan plano”, argumentan María Santamaría y María Ruiz, investigadoras del CSIC en el IATA participantes en el estudio.

Productos de panadería más saludables

El pan es uno de los alimentos con mayor aporte de hidratos de carbono e impacto sobre el índice de glucemia, el azúcar en sangre, repercutiendo directamente en la dieta de las personas diabéticas. “En la última década hemos investigado diversas estrategias para reducir el índice de glucemia del pan, y la inclusión de fuentes de compuestos bioactivos es una de ellas”, explica Cristina M. Rosell, que lidera la investigación.

“En este estudio hemos utilizado vegetales deshidratados por su alto contenido en compuestos bioactivos, particularmente compuestos polifenólicos, que pueden actuar reduciendo la digestibilidad del almidón. Con esta alternativa hemos conseguido desarrollar productos de panadería más saludables y ofrecemos nuevas experiencias a los consumidores, sobre todo por el abanico de colores y sabores”, afirma Cristina M. Rosell.

El pan plano presenta un alto contenido en carbohidratos, especialmente almidón de rápida digestión, lo que contribuye a un índice glucémico alto. Esta característica ha permitido estudiar el impacto glucémico de la inclusión de vegetales deshidratados. “A través de estos ingredientes se puede transformar un alimento tradicional en una opción más nutritiva e innovadora”, explica el equipo de investigación del IATA-CSIC. El estudio se ha desarrollado en el marco de proyecto europeo PRIMA FlatBreadMine, liderado por Patricia LeBail en el Instituto Nacional para la Investigación Agronómica (INRA) en Francia.

Imagen: Panes planos empleados en el estudio, junto con el vegetal añadido para su elaboración. / IATA-CSIC.

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