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Saber cuándo no se sabe algo hace que las personas actúen con cautela. La inteligencia artificial (IA) epistémica utiliza marcos matemáticos para incorporar la conciencia de la incertidumbre en el aprendizaje automático

Es un hecho ampliamente reconocido que la IA tiene aplicaciones en todos los aspectos de la vida humana. La IA de próxima generación, un motor económico que ya está revolucionando nuestros hogares, colegios y puestos de trabajo, deberá mejorar su capacidad para realizar predicciones en situaciones distintas a las de los datos con los que se ha entrenado. El equipo del proyecto E-pi(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, ha desarrollado un paradigma de IA epistémica que permite afrontar mejor las incertidumbres.

Aprendizaje automático epistémico

La epistemología es el estudio filosófico del conocimiento. Esta definición implica la facultad de reconocer cuándo el conocimiento es insuficiente. Esa capacidad de tomar conciencia es una característica inherente a la inteligencia humana, pero en el caso de la IA, la capacidad de saber cuándo no se sabe algo debe ser construida mediante marcos teóricos y matemáticos.

«En el aprendizaje automático actual, el proceso de aprendizaje se centra más en explicar un conjunto de datos de entrenamiento relativamente pequeño que en el conjunto completo de datos que el mundo puede generar», explica el coordinador del proyecto, Fabio Cuzzolin. «Con los modelos tradicionales de IA aparecen dificultades para realizar predicciones fiables cuando las distribuciones de probabilidad que generan los datos difieren de las utilizadas durante el entrenamiento».

El consorcio de E-pi sostiene que la teoría de la incertidumbre de segundo orden(se abrirá en una nueva ventana) es el marco más prometedor para abordar los retos de la IA. Con el objetivo de desarrollar un ecosistema epistémico internacional de IA, las ponencias del proyecto en congresos especializados han tenido una acogida entusiasta y Cuzzolin ha sido seleccionado para participar en varias propuestas relacionadas con el programa Horizonte Europa.

Pruebas con vehículos autónomos

La validación en vehículos autónomos (VA)(se abrirá en una nueva ventana) resultó ser una prueba perfecta de la IA epistémica. Las condiciones de conducción pueden volverse impredecibles en cualquier momento debido a factores como el comportamiento de los peatones, las condiciones meteorológicas extremas o los trazados inusuales de las carreteras. Los errores que comete la IA actual pueden ser muy costosos y, en el peor de los casos, provocar lesiones mortales.

El proyecto utilizó el programa Conjunto de datos sobre la detección de incidentes en carretera para la conducción autónoma (ROAD)(se abrirá en una nueva ventana) para entrenar la IA y probar sus nuevos detectores de objetos epistémicos. Desarrollado por primera vez en 2022 y ampliado posteriormente, ROAD se compone de vídeos y conjuntos de datos creados en Europa, Norteamérica y, más recientemente, en Dubái y Abu Dabi, lo que lo convierte en un referente verdaderamente mundial.

Robótica y otras aplicaciones de la IA epistémica

Con la IA epistémica los vehículos autónomos serán más seguros, pero los coches autónomos no son la única aplicación de esta nueva tecnología. Los robots industriales y quirúrgicos, en los que la IA afronta la imprevisibilidad de los agentes humanos, se beneficiarán enormemente de una IA entrenada para gestionar la incertidumbre.

Otra de sus aplicaciones tiene que ver con la fusión nuclear. «Estamos trabajando en el desarrollo de modelos de operadores neuronales que tengan en cuenta la incertidumbre, con el fin de predecir cómo fluirá el plasma de fusión dentro de un tokamak(se abrirá en una nueva ventana) y qué zonas de los reactores se verán más afectadas por él», explica Cuzzolin.

El futuro del aprendizaje epistémico está por escribir. Cuzzolin prevé aplicaciones relacionadas con la teoría de la mente, la evolución a través del aprendizaje continuo y el desarrollo de una IA generativa epistémica. «Se sabe que los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) de última generación generan afirmaciones falsas», afirma Cuzzolin. «Los LLM epistémicos pueden mitigar de forma significativa el exceso de confianza de esos modelos».

El equipo del proyecto E-pi ha allanado el camino para unos vehículos autónomos y robots más seguros, una IA generativa sin alucinaciones y un ecosistema dinámico de expertos en aprendizaje automático. El potencial a largo plazo de la IA epistémica va camino de transformar el mundo en el que vivimos y nuestra forma de vivir.

 Illustration of the concept of epistemic artificial intelligence. Epistemic AI’s notion of learning (right), as opposed to that of traditional machine learning/artificial intelligence (left). 

Por Cecilia Bonefeld-Dahl, directora general de DIGITALEUROPE; César Tello, director general de Adigital; y Celestino García, director general de AMETIC.

Europa ha pasado los últimos cinco años elaborando normas digitales. El próximo reto es garantizar que sean eficaces. 

A medida que Europa pasa de la regulación a la competitividad, el Digital Omnibus de la Comisión Europea sobre datos y ciberseguridad se convierte en otra gran prueba de su agenda de simplificación. La cuestión ya no es si Europa necesita normas sobre datos, ciberseguridad y tecnologías digitales, sino si esas normas ayudan a las empresas a innovar, invertir y crecer, o si las obligaciones superpuestas las están frenando. Como muchas compañías han experimentado, la simplificación debe traducirse en reducciones tangibles de la carga de cumplimiento, y no en la introducción de nuevas capas regulatorias. 

Lo que está en juego es elevado. Mario Draghi estima que Europa necesita hasta 800.000 millones de euros adicionales de inversión anual para seguir siendo competitiva a nivel global. En un contexto de incertidumbre geopolítica, aumento de los costes de cumplimiento y fuerte competencia internacional, cualquier carga administrativa innecesaria importa. 

Para España, este debate es especialmente relevante. 

El informe de Economía Digital de Adigital muestra que el 27 % del PIB de España ya es digital, lo que refleja hasta qué punto la economía española depende de su capacidad de innovación y de escalado. El Barómetro de la Economía Digital de AMETIC destaca que el sector crece un 5,6 %, alcanzando una facturación de 138.200 millones de euros. Las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran el peso creciente de los sectores intensivos en digitalización, como el de la información y las comunicaciones, con un aumento del 10 % de su facturación hasta los 136.700 millones de euros. Asimismo, el marco de la Década Digital y los indicadores nacionales confirman que la digitalización se está convirtiendo en un motor estructural de productividad, competitividad y crecimiento en toda la economía. España destaca además por superar la media de la UE con una cobertura del 95 % de fibra hasta el hogar (FTTP) y por acelerar la adopción de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial. Para que esta contribución siga creciendo, es fundamental avanzar hacia marcos regulatorios más simples, coherentes y adaptados a la realidad digital, y que se conecten con proyectos estratégicos y políticas públicas más amplias. 

Al mismo tiempo, las empresas constatan cómo los datos se han convertido en un activo estratégico para los sectores industriales y tecnológicos españoles. Desde la fabricación avanzada y los productos conectados hasta las telecomunicaciones y las infraestructuras digitales, las empresas dependen cada vez más de los datos para mejorar la productividad, la sostenibilidad y la competitividad. 

Un entorno regulatorio más claro y eficiente ayudará a liberar el potencial del ecosistema digital y a acelerar su contribución al crecimiento económico. 

La Ley de Datos (Data Act) aspiraba a impulsar la innovación a través de la obligación de compartir datos. La realidad dista mucho de esa aspiración: los principales fabricantes europeos afirman que tendría el efecto contrario, al obligarles a compartir información comercialmente sensible y secretos empresariales bajo un marco uniforme. Esto podría hacerles perder inversiones en I+D frente a sus competidores, obligarles a renegociar miles de contratos y aumentar el riesgo de litigios. 

Para evitarlo, los titulares de los datos deberían poder oponerse a su compartición cuando existan riesgos para los secretos comerciales, la seguridad o la protección, permitiendo al mismo tiempo que la parte solicitante pueda impugnar dichas negativas. El intercambio de datos entre empresas (B2B) debería ser voluntario por defecto, en línea con la libertad contractual, y la Comisión debería estar facultada para reconocer códigos de conducta sectoriales allí donde exista realmente una carencia de mercado. Cualquier posible transición hacia estándares obligatorios debería basarse en pruebas claras, una evaluación de impacto sólida y un amplio proceso de consulta sectorial. 

Las empresas que invierten en productos conectados, servicios digitales e innovación basada en datos necesitan una seguridad jurídica sólida que garantice la protección de su know-how. Un enfoque más equilibrado debería fomentar mecanismos de compartición voluntaria y específicos por sectores, al tiempo que protege la innovación y la competitividad. Europa necesita un marco de datos único y coherente, en el que la Ley de Datos actúe como paraguas general que integre de forma fluida las obligaciones del Reglamento de Gobernanza de Datos y de la Directiva de Datos Abiertos, eliminando duplicidades regulatorias e incertidumbre jurídica. 

La ciberseguridad es otro ámbito en el que Europa puede simplificar sin reducir los estándares. 

Hoy en día, un solo incidente de ciberseguridad puede desencadenar múltiples obligaciones de notificación bajo diferentes normativas de la UE, a menudo con distintos formatos, plazos y autoridades. Esto genera una carga administrativa excesiva en el momento en que las empresas deberían centrarse en responder a las amenazas. 

Un punto de entrada único europeo para la notificación de incidentes, con procedimientos, definiciones y plazos armonizados, mejoraría la eficiencia tanto para las empresas como para las autoridades. Para ser eficaz, debería evitar la creación de capas adicionales de reporte, garantizando al mismo tiempo las salvaguardas adecuadas en materia de gobernanza y riesgos de ciberseguridad. 

El Digital Omnibus es, por tanto, mucho más que un ejercicio regulatorio. Es una oportunidad para hacer que el marco normativo digital europeo sea más simple, coherente y favorable a la inversión. 

Para DIGITALEUROPE, Adigital y AMETIC, el objetivo es el mismo: preservar los altos estándares de Europa al tiempo que se crean las condiciones para que empresas de todos los tamaños innoven, compitan, escalen y generen ecosistemas más amplios. 

Si Europa quiere liderar la economía digital, debe garantizar que sus normas funcionen conjuntamente con la misma eficacia que las tecnologías que pretenden regular. Para la creciente economía digital española, esto no es solo un debate regulatorio, sino una cuestión clave de competitividad.

Un equipo de investigadores estudió cómo distintos factores ambientales urbanos pueden contribuir a la coocurrencia de enfermedades en la preadolescencia

Crecer en una ciudad ofrece muchas ventajas. Pero ¿puede también contribuir a la aparición de multimorbilidad, es decir, a la coocurrencia de dos o más enfermedades?

El proyecto URBANE, financiado con fondos europeos, se propuso responder a esta pregunta.

«Aunque la multimorbilidad suele asociarse a las personas de más edad, puede manifestarse ya durante la infancia, con consecuencias importantes para el desarrollo físico y emocional y efectos duraderos en la vida adulta», explica Susana Santos(se abrirá en una nueva ventana), investigadora del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Oporto(se abrirá en una nueva ventana), entidad coordinadora del proyecto.

En la investigación, que contó con el apoyo de las acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana), se analizó la exposición a una amplia variedad de factores ambientales urbanos, como la contaminación atmosférica, los espacios naturales, el entorno construido, los factores meteorológicos, el tráfico y diferentes indicadores del entorno social. La exposición se evaluó anualmente desde el nacimiento y a lo largo de toda la infancia.

En URBANE se definió la multimorbilidad como la coocurrencia de dos o más enfermedades perjudiciales a los trece años.

La relación entre el entorno urbano y la multimorbilidad

Gracias a un equipo interdisciplinar y al uso de métodos analíticos avanzados, en el proyecto se examinó la relación entre el entorno urbano y la multimorbilidad.

«Mientras que investigaciones anteriores se habían centrado en resultados concretos de salud, nuestro trabajo es el primero que analiza la influencia de la exposición a factores ambientales urbanos sobre la multimorbilidad en la preadolescencia», explica Santos.

Santos afirma que los resultados de la investigación de URBANE podrían ayudar a los científicos a comprender mejor cómo la interacción de la exposición a diferentes factores ambientales urbanos influye en la coocurrencia de enfermedades durante la adolescencia.

La multimorbilidad en la adolescencia es mayor de lo esperado

Los resultados obtenidos suscitan preocupación.

«El 43 % de los participantes presentaba dos o más problemas de salud, por lo que la prevalencia de la multimorbilidad en la preadolescencia fue mayor de lo esperado», destaca Santos.

Además, el 35 % de los participantes presentaba al menos una enfermedad, lo que significa que solo el 22 % no padecía ninguna enfermedad.

Las afecciones más frecuentes a los trece años fueron la obesidad, la dislipidemia y los trastornos respiratorios y alérgicos.

La exposición a factores ambientales urbanos no es un buen indicador de la multimorbilidad

En cuanto a la capacidad predictiva de la multimorbilidad, el modelo desarrollado obtuvo resultados solo moderados.

A pesar de considerar una amplia variedad de factores ambientales urbanos, Santos comenta que ninguno de ellos destacó como un predictor fiable de la multimorbilidad en la adolescencia.

«La exposición al entorno urbano puede influir en la salud de los adolescentes, pero su capacidad para predecir la multimorbilidad es limitada. Esto pone de relieve el carácter multifactorial de la coocurrencia de enfermedades durante esta etapa de la vida», comenta la investigadora.

Una prioridad emergente para la salud pública y la investigación

El proyecto URBANE ha contribuido a establecer el estudio de la multimorbilidad durante la infancia y la adolescencia como una nueva prioridad en salud pública e investigación.

«Nuestro trabajo pone de relieve que la coocurrencia de enfermedades puede aparecer ya en las primeras etapas de la vida y que, por tanto, se debe investigar desde una perspectiva que abarque todo el curso de la vida», concluye Santos.

La investigadora prevé continuar estudiando la relación entre la exposición temprana a factores ambientales y la salud infantil, ampliando el trabajo efectuado en URBANE a otros factores de riesgo de la multimorbilidad.

En un estudio que abarca casi siete décadas de participaciones en Eurovisión se explora la imprevisibilidad del mayor y más seguido concurso musical del mundo

Todo empezó en 1956 como un experimento audaz de transmisión televisiva. El Festival de la Canción de Eurovisión(se abrirá en una nueva ventana), que este año cumple setenta años, se ha convertido en un gran espectáculo que reúne a talentosos y excéntricos artistas de decenas de países de Europa y otros continentes para luchar por la corona musical anual.

Los críticos se burlan de Eurovisión por su cultura «kitsch» y su histrionismo. Pero este enorme espectáculo televisivo que atrae a unos ciento sesenta millones de telespectadores en todo el mundo ha puesto en el mapa las carreras de megaartistas como ABBA y Celine Dion. Desafía los límites y tiene una enorme repercusión en la cultura LGBTQ+. Es conocido tanto por sus atuendos estrambóticos y sus actuaciones exageradas como por sus tensiones geopolíticas, polémicas y boicots.

Lo ame o lo odie, no puede negar la influencia generalizada del mayor evento de música en directo. Un equipo de investigación de Suiza y Estados Unidos examinó cómo los países participantes y los organizadores han aprendido unos de otros a lo largo de las décadas, y cómo este conocimiento compartido se ha manifestado en la competición. Los resultados se publicaron en la revista «Royal Society Open Science»(se abrirá en una nueva ventana).

La fórmula ganadora

Los investigadores analizaron las entradas desde 1956 hasta 2024, abarcando más de mil setescientas canciones de cincuenta y un países. Utilizaron datos de audio de Spotify para evaluar rasgos como la bailabilidad y la acústica, así como la inteligencia artificial (IA) para categorizar los géneros musicales y detectar los temas emocionales de las letras de cada canción.

Los resultados del estudio mostraron que cantar en inglés, elegir el género pop, aprovechar al máximo las posibilidades de baile y utilizar más letras eran el billete hacia el éxito. Los países aprendieron estas lecciones durante décadas observando las entradas ganadoras y perdedoras. Luego, adaptaron sus propuestas en consecuencia.

Sin embargo, cuando esta fórmula de éxito se generalizó, dejó de garantizar la victoria y se convirtió simplemente en el mínimo necesario para seguir siendo competitivo.

«Lo que antes era una ventaja competitiva, ahora es la norma», comentó Arthur Capozzi, investigador posdoctoral de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zürich), en un artículo(se abrirá en una nueva ventana). «Las canciones pop en inglés con ritmo bailable se convierten en un requisito básico».

Espere lo inesperado

España, Francia, Italia y Portugal parecen haberse resistido deliberadamente a la ventaja del inglés, probablemente valorando más la identidad cultural y la promoción de la lengua que la victoria. Los autores sostienen que esto se corresponde con la prioridad que se da a la cultura nacional y a la lengua materna por encima de la competitividad pura y dura.

«Son atípicos, en el sentido de que siguen cantando en su propia lengua, aunque no sea uno de los factores de éxito establecidos», añadió Capozzi. La razón es que estos países utilizan estratégicamente su identidad cultural para distinguirse del resto.

Los organizadores también se adaptan y aprenden con los años. «No existe una fórmula única para el éxito que funcione siempre, ni para las naciones participantes ni para los organizadores», declaró Dirk Helbing, catedrático de Ciencias Sociales Computacionales de la ETH Zürich. Por eso Eurovisión aplican cambios específicos para mantener un gran interés en la competición.

No importa, Eurovisión sigue evolucionando. «Tiene que ser así para seguir siendo interesante», concluyó. Y es probable que cambie de repente y sin motivo, con algunas sorpresas por el camino. «No hemos encontrado una fórmula que garantice el éxito». Foto: © EBU / ORF

Los expertos se preguntan si prohibir a los jóvenes el acceso a las redes sociales es lo correcto

En un juicio histórico sobre redes sociales celebrado en marzo de 2026, un jurado de los Estados Unidos declaró a Meta y Google responsables de fomentar intencionadamente la adicción en un adolescente. Después de que Australia prohibiera las redes sociales a los adolescentes menores de dieciséis años en diciembre de 2025, varios países han hecho lo mismo con los jóvenes menores de cierta edad. En la actualidad, los países europeos debaten sus propias restricciones.

Pero ¿funcionará esta estrategia? Los catedráticos Sandra Cortesi y Urs Gasser, de la Universidad Técnica de Múnich, no lo creen. Tras un análisis de un año de duración, afirman que puede resultar contraproducente y, en última instancia, hacer más mal que bien. Publicadas en la revista «Science»(se abrirá en una nueva ventana), las conclusiones se basaron en su análisis como copresidentes de un grupo de trabajo compuesto por un panel internacional de académicos, organizaciones de defensa de los derechos del niño e instituciones sin ánimo de lucro.

Confianza por encima de vigilancia

Los dos investigadores sostienen que las prohibiciones generales de las redes sociales, los requisitos de control parental y las normas exhaustivas de vigilancia de los jóvenes no suelen conseguir que estén más seguros. El principal factor para ello es la confianza. Los problemas de confianza llevan a los jóvenes a ocultar los problemas en lugar de buscar la ayuda de los adultos cuando se sienten vigilados o excluidos.

En un comunicado de prensa(se abrirá en una nueva ventana), Gasser explicó por qué se opone a la prohibición. «Nuestro argumento no es contra la regulación. Los requisitos legales son indispensables. Sin embargo, creemos que los responsables políticos deben hacer algo más que establecer líneas rojas. Por el contrario, deben exigir a los proveedores que diseñen sus plataformas y productos de forma adaptada a los niños. Esto es más estricto que una prohibición general, pero también más prometedor. Al fin y al cabo, lo que realmente queremos es que los niños y los jóvenes puedan aprender a utilizar los medios de forma autónoma y de un modo que tenga un impacto positivo en ellos».

Capacitar a los jóvenes en seguridad digital

Cortesi insistió en que los jóvenes deben asumir un papel más activo en la seguridad digital, con el apoyo del sistema educativo. «Al implicar a niños y jóvenes, las escuelas tienen una enorme oportunidad, por un lado, de mostrarles un futuro en el que el mundo digital no esté lleno de mil riesgos y, por otro, de dotarles de un sentimiento de autoeficacia. El mensaje no sería: "Te enseñaremos cómo funciona el mundo digital". Más bien sería: "Nosotros, como escuelas, tenemos mucho que aprender de ustedes, porque puede que no conozcamos todas las herramientas, pero ustedes saben exactamente cómo utilizarlas. Como adultos, también tenemos aportaciones importantes que hacer, como nuestros valores sociales y nuestra experiencia. Creemos juntos contenidos de aprendizaje". Esto contribuiría en gran medida a garantizar la seguridad digital de niños y jóvenes».

Si los ajustes y las estrictas protecciones legales no evitan por completo que los jóvenes usuarios se vean expuestos a contenidos nocivos o a la violencia digital, ¿qué lo hará? «Las investigaciones demuestran que es importante que los niños mayores y los jóvenes puedan denunciar estos contenidos e incidentes de forma anónima y recibir apoyo inmediato», explicó Gasser. «En muchos casos, se sienten avergonzados y culpables. Por ello, es importante que estas denuncias no pasen desapercibidas durante semanas, sino que se muestre comprensión y se ofrezca ayuda de inmediato. ... Algunos países ya tienen servicios de apoyo en los que jóvenes formados, con apoyo profesional, actúan como personas de contacto. Estos servicios deberían convertirse en estándar».

Un estudio de gran envergadura analiza la replicabilidad y la fiabilidad de los resultados de experimentos científicos publicados

Una investigación a gran escala, en la que han participado 865 investigadores, ha permitido determinar en qué medida las personas y los sistemas automatizados pueden predecir si los resultados de investigación son reproducibles.

La iniciativa SCORE (Systematizing Confidence in Open Research and Evidence) puso en conjunto una gran base de datos sobre la credibilidad de una amplia muestra de resultados científicos. Los resultados de esta investigación se presentaron el 1 de abril en la revista «Nature» a través de tres artículos.

Descifrar las claves de la fiabilidad de la investigación

En el primer(se abrirá en una nueva ventana) artículo se evaluó la reproducibilidad de los estudios, es decir, si un grupo diferente de investigadores analiza de nuevo los datos originales de un experimento y obtiene los mismos resultados. En el segundo(se abrirá en una nueva ventana) se analizó la fiabilidad de los estudios originales. Ello conllevó evaluar en qué medida los datos originales de un estudio reproducen los resultados ya publicados cuando se analizan con métodos alternativos. En el tercero(se abrirá en una nueva ventana) se examinó la replicabilidad, esto es, si otros investigadores confirman los resultados al repetir el experimento.

El equipo de SCORE evaluó la fiabilidad de las afirmaciones hechas en 3 900 artículos científicos publicados entre 2009 y 2018 en 62 revistas diferentes, con temas que abarcan desde las ciencias políticas y la educación hasta las finanzas y la salud. El Center for Open Science (COS) coordinó el muestreo de las afirmaciones, la recopilación de medidas de credibilidad y la ejecución de estudios de replicación y reproducción.

«Se trata del mayor proyecto de investigación realizado hasta la fecha para analizar la fiabilidad de los resultados científicos publicados, y constituye un ejemplo de cómo las colaboraciones a gran escala pueden contribuir a abordar cuestiones que ningún grupo de investigación podría hacer por sí solo», manifestó a «Forbes»(se abrirá en una nueva ventana), Gustav Nilsonne, profesor titular de Neurociencia en el Instituto Karolinska de Suecia y coautor de los tres artículos. «Espero que en el futuro se lleven a cabo intentos de replicación sistemáticos en más ámbitos de la investigación».

Revelar las debilidades ocultas de la ciencia

En términos generales, solo alrededor de la mitad de los resultados publicados previamente pueden ser replicados por nuevos estudios. Los resultados revelaron que la reproducibilidad, la consistencia y la replicabilidad representan aspectos distintos de la fiabilidad de la investigación, y que las afirmaciones publicadas varían en su capacidad para sostenerse frente a estas distintas formas de evaluación.

«El mensaje principal de SCORE es sencillo: la investigación es compleja y, en cierto modo, el trabajo más exigente comienza después de hacer un descubrimiento», comentó Tim Errington, director principal de investigación en el COS y uno de los coordinadores de la iniciativa SCORE, en un comunicado de prensa(se abrirá en una nueva ventana). «Se requiere un enorme esfuerzo para verificar los nuevos descubrimientos y alcanzar un nivel de confianza suficiente que permita utilizarlos como base para nuevas investigaciones».

«Existen numerosas cuestiones abiertas sobre los factores que favorecen la credibilidad y la repetibilidad de los resultados de investigación», comentó Fiona Fidler, profesora titular en la Universidad de Melbourne (Australia) y coordinadora del proyecto SCORE. «Al igual que muchas iniciativas de investigación productivas, SCORE generó conocimientos y ha suscitado aún más preguntas sobre cómo evaluar la investigación en la práctica».

Sarah Rajtmajer, coordinadora del proyecto SCORE y profesora titular en la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos), explicó: «Gracias a la contribución de casi novecientos investigadores, el programa SCORE aporta una enorme cantidad de pruebas para analizar los datos y formular nuevas hipótesis para la siguiente fase de investigación. Los datos y materiales son de acceso público para que otros puedan continuar este trabajo».

SCORE contribuirá a mejorar la interpretación y la comunicación de los hallazgos científicos, apoyando a autores, revisores, entidades financiadoras, responsables políticos y lectores a comprender y aplicar mejor los resultados. Al mejorar la evaluación de la credibilidad, SCORE ayudará a orientar la atención y los recursos hacia ámbitos de alto impacto. Esto promoverá la generación de conocimiento y de soluciones.

A medida que la población activa europea envejece y aumenta la escasez de mano de obra, una red financiada con fondos europeos muestra cómo la robótica y el diseño inteligente centrado en el ser humano pueden ayudar a los trabajadores experimentados a seguir trabajando

La población activa europea envejece rápidamente. El número de personas(se abrirá en una nueva ventana) de 55 años o más con empleo ha pasado de 23,8 millones en 2010 a casi 40 millones en 2025. Aunque alrededor del 65 % de las personas de 55 a 64 años siguen trabajando, las vacantes se mantienen obstinadamente altas, en el 2,1 %.

Cada vez hay menos trabajadores jóvenes que sustituyan a los que se jubilan y la presión aumenta, especialmente en los sectores que dependen de tareas repetitivas y físicamente exigentes.

«El envejecimiento se ha convertido en un problema urgente en Europa porque la población activa está envejeciendo rápidamente, mientras que el número de trabajadores jóvenes no crece al mismo ritmo», afirma Daria Battini, profesora de logística y diseño de instalaciones industriales en la Universidad de Padua y coordinadora del proyecto MAIA(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos.

Pocos sectores sienten más este cambio que el manufacturero. A medida que aumenta la edad media en las fábricas, también aumentan las preocupaciones por la fatiga, el esfuerzo y el tiempo de recuperación. La cuestión a la que se enfrenta la industria ya no es si las fábricas deben adaptarse, sino cómo.

De la sustitución a la asistencia

El proyecto MAIA (Models and methods for an active ageing workforce) fue financiado en el marco de las acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana) y reúne a catorce universidades de Europa, Estados Unidos, Japón, Canadá, Nueva Zelanda y Hong Kong. Su objetivo es rediseñar el trabajo para que los empleados con experiencia puedan seguir siendo productivos y comprometidos.

En vez de tratar el envejecimiento como una limitación, el proyecto lo considera un reto de diseño. «En el planteamiento de MAIA, “envejecimiento activo” significa diseñar el trabajo de modo que los empleados con experiencia puedan seguir siendo productivos, seguros y comprometidos, sin pretender que todos tengan las mismas capacidades», explica Battini.

A menudo ello significa utilizar la tecnología no para sustituir a los trabajadores, sino para apoyarlos. Los robots colaborativos pueden encargarse de levantar cargas pesadas o realizar posicionamientos complicados mientras los operarios se centran en tareas de precisión. Los exoesqueletos y los dispositivos ergonómicos reducen la tensión muscular. Las herramientas de realidad virtual inmersiva ayudan a los trabajadores a formarse con seguridad, probar nuevos trazados y perfeccionar movimientos sin interrumpir la producción.

«En lugar de “sustituir al trabajador”, el objetivo es “eliminar la tensión y la complejidad innecesarias”, para que las personas cualificadas puedan centrarse en tareas de valor añadido», afirma Battini.

El proyecto ha desarrollado prototipos de realidad inmersiva y captura de movimientos probados en laboratorios de ergonomía, haciendo hincapié en soluciones prácticas y fáciles de aplicar por los trabajadores más que en la exhibición de alta tecnología.

Conservar los conocimientos en la fábrica

Otra preocupación es la pérdida silenciosa de conocimientos cuando se jubila personal experimentado. El equipo de MAIA considera la retención de conocimientos una prioridad estratégica.

«La idea es convertir los conocimientos tácitos en prácticas transferibles para que las empresas no partan de cero cuando se jubile gente cualificada», afirma Battini.

Algunas empresas ya están aplicando estas ideas. En el norte de Italia, el fabricante de bombas DAB Pumps ha puesto en marcha su propia iniciativa inspirada en las directrices de MAIA y en la norma internacional ISO 25550:2022 sobre plantillas que tienen en cuenta la edad(se abrirá en una nueva ventana), a la que contribuyó el proyecto.

Diseñar la diversidad de edades

El cambio demográfico no es exclusivo de Europa. Japón y Norteamérica se enfrentan a tendencias similares, razón por la cual MAIA se construyó como una red mundial de investigación, que permite a los socios comparar soluciones en distintos contextos industriales y culturales.

De cara al futuro, Battini no imagina fábricas con menos trabajadores mayores, sino lugares de trabajo diseñados en torno a la diversidad de edades como norma. Los puestos de trabajo y los horarios pueden ser más personalizados. Las tecnologías de asistencia podrían reducir la sobrecarga física. La inteligencia artificial puede ayudar a captar y compartir conocimientos entre generaciones.

Si Europa quiere seguir siendo competitiva, la lección está clara: la innovación no consiste solo en máquinas más inteligentes. También se trata de diseñar sistemas que valoren la experiencia y garanticen que los trabajadores de más edad sigan siendo un activo, no una idea de última hora.

Se han desarrollado herramientas de inteligencia artificial eficaces y eficientes para ayudar a combatir la amenaza cada vez más sofisticada de la desinformación en línea

En una era de inteligencia artificial y ultrafalsificaciones, verificar si la información es fidedigna o no puede ser una tarea ardua y difícil. La desinformación también suele ser multimodal y multiplataforma, combinando texto, imágenes, vídeo y audio de formas que las herramientas de verificación no pueden analizar exhaustivamente.

«Mientras que la información falsa se difunde rápidamente, un análisis exhaustivo requiere tiempo y experiencia», explica el coordinador del proyecto vera.ai(se abrirá en una nueva ventana), Akis Papadopoulos, del Instituto de Tecnologías de la Información(se abrirá en una nueva ventana) de Grecia. «Las soluciones accesibles y sólidas siguen siendo limitadas».

Métodos avanzados de inteligencia artificial para el análisis de contenidos

Para hacer frente al grave impacto que las campañas de desinformación pueden tener en la confianza pública y la resiliencia de la sociedad, el proyecto vera.ai se propuso desarrollar métodos avanzados de inteligencia artificial para el análisis de contenidos, la mejora y la recuperación de pruebas. También se crearon herramientas de inteligencia artificial para detectar ultrafalsificaciones y otras formas de contenido manipulado, así como para rastrear y medir el impacto de las narrativas y campañas de desinformación.

«También queríamos crear un asistente de verificación inteligente basado en tecnologías de chatbot para ayudar a los profesionales de los medios de comunicación», señala Papadopoulos.

Para alcanzar estos objetivos, vera.ai reunió a un grupo multidisciplinar de expertos en ciencias sociales y de la comunicación, aprendizaje automático, procesamiento del lenguaje natural y análisis forense de los medios de comunicación. «Esta amplitud de conocimientos nos permitió abordar la desinformación desde las perspectivas tecnológica y social», afirma Papadopoulos.

Una vez desarrollados, los prototipos del proyecto se validaron mediante pruebas reales en casos reales facilitados por los medios de comunicación asociados al proyecto. «La creación conjunta con periodistas ayudó a mejorar significativamente la usabilidad, la transparencia y la relevancia en el mundo real», añade Papadopoulos. «Una metodología que incorporaba la participación de verificadores de datos permitió obtener comentarios continuos de los expertos, lo que garantizó la solidez científica, la facilidad de uso y el impacto práctico».

Supervisión humana para garantizar la usabilidad

El proyecto ha contribuido al avance de una inteligencia artificial explicable y fiable y ha subrayado la importancia de la supervisión humana para garantizar la usabilidad.

«En general, vera.ai ha producido herramientas prácticas y conocimientos metodológicos que reforzarán la capacidad de Europa para detectar, analizar y responder a las campañas de desinformación y manipulación coordinada impulsadas por la inteligencia artificial», señala Papadopoulos.

Más concretamente, los resultados del proyecto se han puesto a disposición del público(se abrirá en una nueva ventana). Entre ellas figuran herramientas actualizadas para profesionales de los medios de comunicación, como el plugin de verificación (Fake News Debunker), Truly Media y Database of Known Fakes. También se han publicado varios artículos científicos de gran impacto: publicaciones(se abrirá en una nueva ventana), repositorios de código abierto(se abrirá en una nueva ventana) y conjuntos de datos(se abrirá en una nueva ventana).

Reforzar la integridad de la información

Tras la finalización del proyecto, los socios de vera.ai han seguido apoyando y mejorando las herramientas y tecnologías suministradas. «La desinformación en línea evoluciona constantemente, con la aparición constante de nuevas técnicas, tácticas y amenazas», señala Papadopoulos. «Para ello es necesario desarrollar nuevos métodos de detección y análisis».

Esta labor es fundamental, dado que las campañas coordinadas de desinformación tienen el poder de socavar significativamente el debate público, distorsionar los procesos electorales y erosionar la confianza en las instituciones y los medios de comunicación.

«En situaciones de crisis, como conflictos o catástrofes naturales, la información no verificada corre el riesgo de amplificar el pánico y causar daños en el mundo real», añade Papadopoulos. «Para los periodistas, la incapacidad de evaluar de forma fiable y rápida los contenidos amenaza la credibilidad y la reputación editorial».

Papadopoulos y sus colegas confían en que el trabajo realizado a través del proyecto vera.ai contribuya a largo plazo a reforzar la integridad de la información.

«El mayor impacto se espera en el periodismo y la verificación de hechos», afirma. «El análisis de contenidos asistido por inteligencia artificial, la detección de medios sintéticos y la supervisión coordinada de comportamientos no auténticos ayudarán a mejorar la velocidad, la precisión y la credibilidad».

Otros ámbitos en los que este trabajo tiene un importante potencial de aplicación son las instituciones públicas, la gobernanza de las plataformas y el cumplimiento de la normativa, sobre todo a la luz de marcos como el Reglamento de Servicios Digitales(se abrirá en una nueva ventana)

Profesorado de diferentes disciplinas impulsa un proyecto de innovación docente que profundiza en el conocimiento del sistema político dentro y fuera de las aulas

El empobrecimiento del debate público sobre la política en los últimos años se percibe también en las aulas universitarias: hay alumnado con un alto nivel de desafección, circulan discursos que reproducen estereotipos y lugares comunes sobre la clase política y también empiezan a aparecer estudiantes con valores antidemocráticos.

“En las aulas encontramos un reflejo de la sociedad —explica Marta Montagut, profesora del Departamento de Estudios de Comunicación—. La política ha generado frustración y ha añadido complicaciones a la gestión de la vida. Entonces, el desencanto que sienten los estudiantes hace que opten por soluciones radicalizadas”.

En este contexto de polarización y desinformación, el profesorado de diferentes disciplinas de las ciencias sociales de la URV, encabezado por Montagut, se ha puesto manos a la obra para ofrecer espacios dentro y fuera de las aulas que permitan profundizar en el conocimiento del sistema político y que, al mismo tiempo, sirvan para diseñar herramientas didácticas que se implementarán en los próximos cursos en diferentes enseñanzas: “Desde la Universidad debemos ayudar al alumnado a madurar en el sentido democrático”.

Así es como se ha creado el Grupo de Alfabetización Política, integrado no solo por profesorado de los ámbitos de la Comunicación, el Derecho y la Sociología, sino también por estudiantes, doctorandos, exestudiantes y personal técnico de gestión y administración y servicios. Más de 25 personas constituyen el núcleo de un proyecto que ya ha comenzado a caminar con la programación de diferentes actividades a lo largo de este curso.

Charlas, debates, proyecciones de documentales y talleres sobre big data en procesos electorales, comunicación en campañas electorales, sistemas políticos basados en la separación de poderes o el uso del lawfare se irán sucediendo estos meses para que tanto el estudiantado como toda la comunidad universitaria que quiera participar tenga un conocimiento más profundo del funcionamiento de los sistemas democráticos.

“Queremos plantear debates que los estudiantes sientan cercanos y, al mismo tiempo, que traten temas prioritarios, como la desinformación y el uso de la IA, la polarización del debate político, el ecosistema de partidos o el perfil y la formación de la nueva generación de votantes”, apunta Marta Montagut sobre este proyecto de innovación docente.

Este mes de marzo ya han celebrado la primera de las sesiones previstas, Política en primera persona, una jornada que llenó la sala de grados del campus Catalunya para escuchar e interactuar con cuatro representantes en el Parlamento y en órganos de gobierno y gestión de formaciones políticas diversas. Raquel Sans (ERC), Alejandro Fernández (PP), Mònica Sales (Junts) y Santi Castellà (PSC), que han tenido vinculación con la URV durante su trayectoria, reflexionaron sobre cómo viven la política: cuáles son los costes personales de esta dedicación, cómo les impactan los mensajes en redes sociales, qué carga emocional tiene la exposición mediática o cómo se producen los sesgos de género en el ejercicio político, entre muchos otros aspectos.

Un paquete de herramientas didácticas

Un estudiante se encarga de hacer de relator en cada actividad, de manera que se puedan extraer resultados que tendrán impacto en diferentes enseñanzas en los próximos cursos. “Del resultado guiado de los debates y actividades que ahora programamos, crearemos un pack de herramientas didácticas sobre todos los temas planteados”, detalla Montagut.

El curso 2026/27 se elaborarán los materiales y se probarán como piloto en un aula. Una vez comprobado su funcionamiento y realizados los ajustes, en el curso siguiente se utilizarán en asignaturas de los grados de los ámbitos de las Ciencias Sociales, donde la política tenga un espacio predominante, y se pondrán a disposición de todo el profesorado para introducirlos en las aulas.

Pie de foto: Un momento del acto “Política en primera persona”, con Alejandro Fernández, Raquel Sans, Santiago Castellà y Mónica Sales, con la moderación de la profesora Marta Montagut.

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