En este contexto cobra especial relevancia el papel de Inkolan, una plataforma de colaboración público-privada que permite centralizar y coordinar la información oficial de las infraestructuras subterráneas

Cuando pensamos en una ciudad inteligente, solemos imaginar tecnología visible: aplicaciones móviles, semáforos inteligentes o paneles solares. Pero hay una parte esencial de la ciudad que no se ve y de la que apenas se habla: el subsuelo. Bajo nuestras calles se esconde una red compleja de infraestructuras que hacen posible la vida diaria: agua, energía, gas, telecomunicaciones y saneamiento.

Estas redes subterráneas son servicios esenciales. Sin ellas, una ciudad se detiene.

En un contexto urbano cada vez más complejo, esta realidad empieza a cambiar. España está reforzando el blindaje de sus servicios esenciales con nuevas normativas orientadas a la protección y resiliencia de las infraestructuras críticas. El objetivo es claro: que los servicios vitales sean capaces de resistir y recuperarse rápidamente ante cualquier incidente, ya sea una catástrofe natural, un fallo técnico o un ataque intencionado.

Pero la resiliencia no se consigue solo reaccionando cuando algo ocurre. Se construye anticipando riesgos, y para eso es fundamental saber qué hay bajo el suelo, dónde está exactamente y cómo se conecta con otras redes. Tener en cuenta esta información permite planificar mejor, evitar errores en obra y reducir las incidencias que acaban afectando a barrios enteros y a miles de ciudadanos.

Surge entonces una pregunta clave: ¿cómo accedemos a esta información? No debemos olvidar que estos datos, junto con sus modificaciones y actualizaciones, pertenecen a los propietarios de las infraestructuras. Por eso no basta con trabajar con una “foto fija” o con copias que pronto quedan obsoletas. La clave está en la colaboración público-privada, manteniendo la integridad del dato en origen y garantizando al mismo tiempo su protección.

En este contexto cobra especial relevancia el papel de Inkolan, una plataforma de colaboración público-privada que permite centralizar y coordinar la información oficial de las infraestructuras subterráneas. A través de Inkolan, los operadores de servicios esenciales comparten sus datos de forma segura, manteniendo siempre la propiedad y la soberanía del dato, mientras que administraciones públicas y profesionales autorizados pueden acceder a información fiable y actualizada para planificar mejor las intervenciones en el territorio. Este modelo demuestra que es posible mejorar la seguridad, reducir incidencias y anticipar riesgos sin que la información tenga que salir del control de quienes la generan.

Los nuevos marcos europeos promueven modelos en los que los datos pueden utilizarse para mejorar los servicios públicos sin perder el control sobre ellos. Es lo que se conoce como soberanía del dato: colaborar, sí, pero de forma segura, responsable y transparente.

En el fondo, una ciudad inteligente no se mide solo por la tecnología que vemos, sino por todo lo que funciona sin que nos demos cuenta. Cada vez que abrimos un grifo, encendemos la luz o hacemos una llamada, dependemos de infraestructuras que recorren el subsuelo y de la información que las describe.

Cuidar esos datos —saber qué hay bajo nuestras calles, dónde está y cómo se conecta— es tan importante como mantener el asfalto o el alumbrado.

La innovación urbana también se construye bajo tierra. Es momento de darle al subsuelo la atención que merece.

Un artículo de

 

Lucía Alcibar-Arechuluaga

Directora Gerente en Inkolan


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