Estudios

Un programa de intercambio entre universidades y organizaciones de Europa y Asia ha dotado al personal investigador de las competencias necesarias para abordar los retos asociados al trabajo informal

Se calcula que 2 000 millones de personas, el 61 % de la población mundial ocupada, trabajan en la economía informal.

Este tipo de actividad —que suele abarcar la venta ambulante, el trabajo eventual o el microemprendimiento— constituye una red de protección esencial para las poblaciones vulnerables. Su carácter no regulado, sin embargo, favorece la aparición de condiciones laborales inseguras.

«La mayoría de los trabajadores informales no recibe prestaciones ni cuenta con protección jurídica —explica Abel Polese, investigador sénior en la Universidad de Tallin(se abrirá en una nueva ventana) —. Además, al tratarse de actividades no gravadas, los gobiernos dejan de percibir una fuente relevante de ingresos, lo que puede obstaculizar el desarrollo económico y limitar su capacidad para prestar servicios públicos».

Según Polese, en muchas regiones del mundo los gobiernos carecen de capacidad para abordar de forma eficaz el trabajo informal y la vulnerabilidad asociada. «Esto se debe en gran medida a la falta de especialistas nacionales», comenta el investigador.

Y aquí es donde entra en juego el proyecto financiado con fondos europeos LABOUR(se abrirá en una nueva ventana).

La iniciativa buscaba formar y consolidar un equipo de especialistas en trabajo informal en el Sudeste Asiático. «El equipo reunió a dieciséis entidades, entre universidades y otros tipos de organizaciones, implicadas en la investigación sobre la inseguridad laboral. El objetivo no era solo formar especialistas en el tema y en la región, sino también traducir ese conocimiento en medidas concretas de mitigación, útiles para responsables políticos y organizaciones de desarrollo», agrega Polese, investigador principal del proyecto.

Desarrollo de capacidades a través de intercambios internacionales

El proyecto, financiado por las acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana), coordinó varias estancias internacionales(se abrirá en una nueva ventana) con la finalidad de mejorar las capacidades tanto de investigadores europeos como asiáticos. Estas estancias implicaron que investigadores de la Unión Europea fueran acogidos en diversas universidades asiáticas, mientras que investigadores de Bután, Camboya, Laos, Maldivas, Myanmar, Filipinas, Tailandia(se abrirá en una nueva ventana) y Vietnam pasaron periodos de trabajo en universidades europeas.

«Aunque no fue posible enviar a nadie a Myanmar debido a los cambios políticos, pudimos acoger con orgullo a varios investigadores del país», observa Polese.

«Fue una oportunidad única de recibir información de primera mano, así como de ofrecerles formación que podrán aplicar en su trabajo con comunidades locales».

Durante las estancias, los participantes trabajaron en proyectos de investigación individuales y recibieron tutoría, formación local y oportunidades de creación de redes de contactos.

Todos los participantes se registraron como investigadores asociados o visitantes en la universidad de acogida, de modo que pudieron integrarse en la vida intelectual local y asistir a seminarios y cursos de doctorado.

Datos empíricos sobre el trabajo informal

Pero las estancias no se limitaron al aprendizaje. Los participantes también presentaron datos empíricos sobre el trabajo informal. Por ejemplo, en Vietnam, la investigación sobre trabajadores domésticos informales analizó la repercusión de la COVID-19 en los medios de subsistencia de estos trabajadores y las respuestas institucionales.

En Laos y Tailandia, los estudios sobre la quema agrícola y las cadenas de suministro de la agricultura informal examinaron cómo los pequeños productores afrontan una precariedad ambiental en el marco de economías políticas desiguales.

«A partir de los hallazgos y de los conocimientos adquiridos durante el proyecto, me llevo a mi país una idea y un plan para gestionar mejor los residuos, poniendo en marcha una pequeña práctica de gestión de desechos dentro de nuestra organización», comenta Sunhenglay Hak, investigador camboyano que realizó su estancia en la Universidad de Estocolmo

El proyecto IP4OS está creando un ecosistema de investigación sostenible mediante laboratorios de aprendizaje, herramientas educativas y retos de innovación, en el que el conocimiento circula entre disciplinas y sectores para maximizar sus beneficios

El proyecto financiado con fondos europeos IP4OS(se abrirá en una nueva ventana) está contribuyendo a transformar el modo de aprovechar los resultados de investigación. Esta iniciativa inició su andadura en 2025 con el objetivo de ayudar a investigadores y organizaciones de investigación a sacar el máximo provecho de los resultados de investigación conforme a los principios FAIR (localizables, accesibles, interoperables y reutilizables), para así generar beneficios tangibles para la sociedad, la economía y el medio ambiente. IP4OS promoverá un entorno europeo de investigación sostenible y colaborativo que facilite la circulación del conocimiento entre disciplinas y sectores, acelere la innovación y fortalezca la posición de Europa como referente mundial.

Desarrollo de capacidades de investigación

Para ello, el proyecto ha puesto en marcha un programa de desarrollo de capacidades, de carácter práctico, dirigido a universidades, centros de investigación y otras entidades que realizan actividades de investigación. El programa apoya a estas organizaciones en la aplicación de un enfoque integrado de propiedad intelectual (PI) y ciencia abierta (CA), para traducir los resultados de investigación, datos y conocimientos técnicos en soluciones prácticas y preparadas para el mercado, con valor social y económico. El programa de desarrollo de capacidades se fundamenta en el IP4OS Synergy Core Curriculum y en el conocimiento consolidado en su Synergy Framework(se abrirá en una nueva ventana). Proporciona a las instituciones las herramientas y estructuras de colaboración necesarias para trasladar los principios de la PI y la CA a prácticas sostenibles.

El programa se articula en dos pilares complementarios. El Laboratorio Piloto de Aprendizaje ofrece un periodo de formación orientado a la práctica, en el que equipos multidisciplinares abordan retos institucionales reales durante tres sesiones intensivas, intercaladas con trabajo de campo aplicado. Está diseñado como un espacio experimental con riesgo controlado, que permite a las instituciones definir con claridad sus roles, probar mecanismos de colaboración y elaborar hojas de ruta concretas para el futuro.

Como complemento a este enfoque práctico, IP4OS publica módulos de profundización profesional reutilizables y una caja de herramientas completa en Zenodo(se abrirá en una nueva ventana). Los módulos reúnen aportaciones de especialistas europeos en ámbitos como la biblioteconomía, la transferencia de tecnología, la gestión de la investigación y la gestión de datos. La caja de herramientas proporciona a los equipos instrumentos prácticos como la rúbrica de valorización del conocimiento, la rúbrica FAIR-R²L y una guía especializada sobre equipos multiprofesionales y procesos de consulta.

Los materiales, adaptados a perfiles diversos —desde personal investigador y profesionales de PI hasta bibliotecarios, gestores de datos y formadores—, son de acceso abierto y pueden adaptarse a contextos locales. El programa constituye el eje operativo de las iniciativas de IP4OS a escala europea y permitirá formar equipos multiprofesionales en toda la Unión Europea, impulsando una comunidad de práctica paneuropea en investigación e innovación. Las instituciones que no participen en el piloto están invitadas a explorar estos recursos y a incorporarse a la comunidad de IP4OS para promover el progreso conjunto.

Un reto paneuropeo

Para afianzar su compromiso con la innovación práctica, IP4OS (IP4OS Unpacking the possibilities of Intellectual Properties for Open Science) ha lanzado un reto abierto de innovación(se abrirá en una nueva ventana) en el que se invita a equipos multiprofesionales, tanto consolidados como emergentes, de toda Europa a desarrollar de forma conjunta soluciones basadas en inteligencia artificial en la intersección crítica entre la CA y la gestión de la PI. Esta iniciativa ofrece una plataforma para aplicar las metodologías de IP4OS en contextos reales y permite a los participantes contribuir al debate europeo sobre la valorización del conocimiento científico, al tiempo que abordan los complejos desafíos del sistema de investigación actual. El plazo para la presentación de propuestas finaliza en junio de 2026.

El trabajo, publicado en Evolutionary Anthropology , propone superar la visión clásica centrada en los bifaces y sugiere separar el análisis de las herramientas del de las especies humanas para comprender mejor la evolución tecnológica y cognitiva

Un equipo internacional de investigadores, con participación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), propone replantear la definición del Achelense, una de las tradiciones tecnológicas más duraderas de la humanidad. El estudio concluye que no se trata de una cultura homogénea, sino de un conjunto diverso de prácticas que evolucionaron de forma distinta en África, Asia y Europa a lo largo de casi dos millones de años.

El Achelense constituye una de las etapas más extensas de la prehistoria. Surgió en África hace aproximadamente 1,9 millones de años y se expandió posteriormente por Eurasia, manteniéndose durante más de 1,75 millones de años. Tradicionalmente se ha asociado a la fabricación de bifaces —también conocidos como hachas de mano—, herramientas de piedra talladas por ambas caras que durante décadas han servido como rasgo distintivo de este periodo.

Sin embargo, la enorme duración temporal y su amplia distribución geográfica han convertido al Achelense en una categoría difícil de definir con precisión. A medida que se han acumulado hallazgos en distintas regiones del mundo, los investigadores han constatado que sus características varían de forma significativa según el contexto, lo que cuestiona la idea de una cultura única y uniforme.

Un concepto en revisión: más allá de los bifaces

El trabajo, publicado en Evolutionary Anthropology, parte de un encuentro científico internacional celebrado en París en 2025 en el marco del proyecto europeo LATEUROPE liderado por Marie-Hélène Moncel, en el que cerca de una veintena de especialistas debatieron sobre cómo definir el Achelense en el contexto actual.

Durante décadas, esta tradición tecnológica se ha identificado por la presencia de bifaces. Sin embargo, los investigadores advierten de que este criterio es insuficiente: en muchos yacimientos estas herramientas están ausentes o no son el elemento central.

En su lugar, el estudio propone entender el Achelense como un tecno-complejo, es decir, un sistema amplio de comportamientos técnicos que incluye la producción de grandes lascas, la estandarización de formas y una mayor planificación en los procesos de talla. Este enfoque permite integrar mejor la diversidad del registro arqueológico y evitar definiciones excesivamente rígidas.

Asia obliga a revisar el modelo clásico

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el papel de Asia en la reinterpretación del Achelense. Durante décadas, modelos como la línea de Movius dividieron Eurasia entre un oeste con abundancia de bifaces y un este donde eran escasos o inexistentes.

Sin embargo, los datos recientes cuestionan esta visión. El registro asiático es mucho más diverso y no encaja en un esquema binario: en algunas regiones hay conjuntos claramente achelenses y en otras, tradiciones distintas pero igualmente complejas.

Además, la presencia temprana de homininos en Asia, anterior a su llegada documentada a Europa, obliga a replantear los modelos de dispersión fuera de África. El estudio apunta a procesos más complejos, con múltiples rutas y adaptaciones locales.

Este cambio refuerza la idea de que el Achelense fue un fenómeno dinámico, no una entidad uniforme.

Una categoría clave, bajo revisión

El estudio ofrece una visión más matizada del Achelense, alejándose de definiciones rígidas para proponer un enfoque flexible y contextual. Más que una cultura homogénea, aparece como un conjunto diverso de soluciones técnicas desarrolladas por distintos grupos humanos a lo largo de un periodo excepcionalmente amplio.

Esta reinterpretación no solo afecta a la clasificación de las herramientas, sino también a cómo se entiende la evolución tecnológica y cognitiva humana, al integrar la variabilidad regional y la complejidad de las dispersiones.

Los autores subrayan que avanzar en su comprensión requerirá enfoques interdisciplinarios que combinen datos arqueológicos, paleoantropológicos y ambientales.

Imagen: Foto de grupo de los participantes de la conferencia "¿Qué es el Achelense?", que tuvo lugar en el Musée de l'Homme de París en noviembre de 2025 / Musée de l'Homme

Referencia bibliográfica:

Moncel, M.-H., Cucart-Mora, C., Arzarello, M., Ashton, N., Baena, J., Barsky, D., de la Torre, I., Galanidou, N., García-Medrano, P., Hertler, C., Herzlinger, G., Ingicco, T., Li, H., Ma, D., Mosquera, M., Ollé, A., Pappu, S., Pei, S., Tian, C., Wang, W., & Bae, C. J. (2026). What is the Acheulean? Evolutionary Anthropology: Issues, News, and Reviews, 35, e70029. https://doi.org/10.1002/evan.70029

Unite.WIDENING trabaja para reducir las brechas en investigación e innovación en Polonia y Portugal mediante sesiones de formación y presentaciones

Las repercusiones de los proyectos transfronterizos de investigación e innovación no se perciben de la misma manera en toda la Unión Europea. En algunos Estados miembros persisten dificultades como infraestructuras menos desarrolladas, problemas para retener personal cualificado y barreras estructurales de ámbito regional o nacional.

Polonia y Portugal destacan especialmente en este sentido, lo que acaba limitando su participación en proyectos de alto impacto y reduciendo los beneficios que obtienen de la investigación y la innovación europeas. Para hacer frente a los obstáculos que enfrentan estos dos países, en 2024 se puso en marcha el proyecto financiado con fondos europeos Unite.WIDENING(se abrirá en una nueva ventana). Su objetivo es acelerar las reformas y la mejora de capacidades mediante el fortalecimiento de la colaboración en Europa.

Inicio de la formación

Con la excelencia en investigación e innovación como horizonte, se celebró la primera acción de formación de Unite.WIDENING en Autrans (Francia), del 3 al 7 de noviembre de 2025. Bajo el título «Building Research Communities», el encuentro reunió a doce investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Breslavia (Polonia), entidad socia del proyecto, y de la Universidad de Lisboa (Portugal), entidad coordinadora. El objetivo era analizar cómo surgen, se desarrollan y se consolidan las comunidades de investigación más allá de las fronteras institucionales y disciplinarias.

Para ello, los participantes tuvieron la oportunidad de trabajar con investigadores de las nueve universidades que integran la alianza de universidades europeas Unite!(se abrirá en una nueva ventana), de la que forma parte Unite.WIDENING. «Esta cercanía promovió iniciar colaboraciones concretas, identificar intereses de investigación comunes y definir los próximos pasos concretos, además de favorecer la creación de comunidades de investigación en fase inicial», se lee en una noticia(se abrirá en una nueva ventana) de Unite!WIDENING.

Se priorizaron cuatro ámbitos: salud y biotecnología, sostenibilidad urbana y de los recursos, economía circular y materiales; y tecnologías digitales y autónomas. El programa dejó de lado el formato tradicional de conferencias para centrarse en métodos prácticos y herramientas compartidas orientadas a la creación de alianzas de investigación a largo plazo. Entre ellas figuraron una sesión de emparejamiento para favorecer nuevas colaboraciones, la presentación de los casos de éxito de proyectos que han evolucionado hacia iniciativas de mayor envergadura, una sesión dedicada a herramientas útiles para investigadores y varios seminarios prácticos.

El encuentro inauguró el ciclo formativo de Unite.WIDENING compuesto por veintiuna acciones de formación, varios seminarios prácticos y cuatro semanas de movilidad de personal, concebidas para mejorar la capacidad investigadora de las instituciones participantes y estrechar los vínculos de colaboración dentro de la alianza Unite!. Este ciclo formativo continuará desarrollándose a lo largo de 2026 y 2027.

Tender puentes entre la universidad y la industria

Otra iniciativa de Unite.WIDENING denominada «Digital Campus Hub for companies and SMEs Presentation», se centró en promover la colaboración entre el mundo universitario y el sector industrial. La actividad se desarrolló en dos sesiones celebradas durante la segunda mitad de noviembre: una en la Universidad de Lisboa y otra en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Breslavia. En estos dos encuentros híbridos, representantes de universidades, centros de investigación y empresas se reunieron para explorar nuevas oportunidades de cooperación en los ámbitos de la innovación y la transformación digital.

La iniciativa giró en torno a la plataforma digital AGORA(se abrirá en una nueva ventana), inspirada en el concepto de la ágora de la antigua Grecia como espacio de encuentro para el intercambio de bienes e ideas. Esta plataforma ofrece un entorno digital compartido en el que universidades y empresas pueden acceder a servicios de aceleración y compartir recursos, conocimientos y experiencia. AGORA se ha desarrollado en el marco del proyecto europeo aUPaEU(se abrirá en una nueva ventana), que reúne a cinco universidades y centros de investigación pertenecientes a las alianzas universitarias Unite! y EPiCUR(se abrirá en una nueva ventana), con el objetivo de acelerar la transformación de las instituciones de educación superior en Europa.

La actividad Digital Campus sirvió para presentar las primeras funcionalidades de la plataforma AGORA, entre ellas el acceso a recursos digitales, la movilidad virtual y 

herramientas integradas de colaboración. A través de Unite.WIDENING (Raise excellence in R&S&I in HEI for widening countries), los esfuerzos futuros girarán en torno a la ampliación del alcance de la plataforma más allá de la comunidad científica a los socios industriales.

Un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) revela que los estudiantes al final de su carrera saben discernir cuándo la IA generativa les ayuda y cuándo no

Cada vez que usamos una tecnología, pagamos el precio de dejar de hacer algo por nosotros mismos. Al utilizar una calculadora, por ejemplo, dejamos de realizar operaciones a mano (una pérdida insignificante para un adulto, pero no para un niño que aún está aprendiendo). 

Con la llegada de la inteligencia artificial (IA) generativa al aula, surge una pregunta similar: ¿en qué circunstancias su uso es aceptable y cuándo deberían los alumnos seguir elaborando el trabajo por su cuenta?

Este dilema, que ya existía con otros dispositivos como, por ejemplo, las calculadoras, se agrava con la IA generativa porque puede ofrecer respuestas subjetivas o incluso erróneas. En este contexto, investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) han evaluado el pensamiento crítico de estudiantes que finalizan sus estudios universitarios en áreas tan diversas como Química, Psicología, Derecho, Economía, Ingeniería o Turismo, entre otras.

El estudio, publicado en la revista Applied Sciences, concluye que los alumnos llegan al final de su formación con capacidad suficiente para distinguir cuándo la IA generativa resulta útil y cuándo no ofrece respuestas fiables, resultado que se reproduce sistemáticamente en todas las áreas incluidas en el estudio.

El pensamiento crítico, clave en la formación digital

“Con nuestro trabajo hemos demostrado que los alumnos adquieren, a lo largo de su trayectoria académica y junto con otras competencias incluidas en los programas docentes, la formación necesaria para hacer un uso responsable de la IA generativa, independientemente del tipo de estudios cursados”, explican los autores.

“La cuestión que debe abordarse a partir de ahora —añaden— es determinar en qué momento educativo los estudiantes alcanzan el nivel de pensamiento crítico suficiente para emplear estas herramientas con responsabilidad y qué políticas deben aplicarse para evitar un uso inadecuado antes de llegar a ese punto”.

El trabajo forma parte del proyecto TutorIA_Lab, financiado por la Comunidad de Madrid (CAM) y dirigido por la profesora María Elena Cuenca, que investiga el impacto educativo de la inteligencia artificial en los procesos de aprendizaje universitario.

Pie de foto: Con la aparición de la Inteligencia Artificial Generativa en el mundo de la enseñanza, los docentes se encuentran con el dilema de determinar en qué punto del desarrollo del alumno es una herramienta adecuada como apoyo en el aprendizaje/ChatGPT

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Referencia bibliográfica:

Cuenca, M. E., Subirats, L., Narbona-Reina, B., & Sacha, G.-M. (2025). Use of Generative Artificial Intelligence by Final Degree Project Students: Is It Useful in All Steps of Their Work? Applied Sciences, 15(20), 11004. https://doi.org/10.3390/app152011004 

El mercado europeo de ciudades inteligentes espera un crecimiento anual del 22,7 % hasta 2030

OBS Business School, institución perteneciente a la red de educación Planeta Formación y Universidades, publica el informe Realidades de las smart cities en 2025, dirigido por el profesor Víctor Ruiz Ezpeleta, un análisis de las ciudades más inteligentes del mundo, encabezadas por Londres, y de España: Málaga, Barcelona, Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia, Zaragoza y Alcobendas. También pone el acento en los retos que se presentan cara al futuro. 

El 81% de la población española vive ya en áreas urbanas. Esto exige actuar con urgencia frente a la contaminación, la congestión, la escasez de recursos y la presión sobre servicios esenciales. El concepto de ciudad inteligente evoluciona constantemente creando oportunidades para ciudadanos, empresas, universidades y administraciones públicas. En Europa, el mercado de las Smart Cities alcanzó 212.500 millones de dólares en 2023 y crecerá un 22,7% anual hasta 2030, aunque enfrenta desafíos como la interoperabilidad tecnológica, la brecha digital, la privacidad y la falta de financiación en ciudades medianas.

La inteligencia artificial y la sostenibilidad marcan el rumbo urbano

La inteligencia artificial se ha convertido en una aliada clave de la gestión urbana. Ejemplos son Madrid, que utiliza semáforos inteligentes que adaptan sus ciclos según el tráfico, o Valladolid y Alicante, que experimentan con gemelos digitales para mejorar la planificación. Estas innovaciones deben equilibrarse con la protección de la privacidad y la transparencia en el uso de los datos. 

El informe subraya además la importancia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de la Agenda 2030 como marcos estratégicos para las ciudades. Barcelona impulsa redes de energía inteligente; Zaragoza monitoriza el consumo de agua en tiempo real; y Madrid refuerza su plan de descarbonización con zonas de bajas emisiones. Otras ciudades, como Valencia, invierten en infraestructura resiliente y en sistemas de alerta temprana, claves para anticiparse a fenómenos climáticos extremos.

El 82 % de los ODS está ya en proceso de cumplimiento en España, donde la implicación política ha sido crucial. Así, el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, impulsado por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital a través de Red.es, ha financiado decenas de proyectos en municipios de todo el país con una inversión superior a los 78 millones de euros. E iniciativas como la Smart Costa del Sol, la Granada Human Smart City o la Sevilla Smart Accessibility & Tourist & Events demuestran cómo una implicación política activa puede transformar el modelo urbano hacia uno más sostenible, digital y participativo. 

Las urbes españolas más inteligentes

Barcelona se encuentra entre las 50 ciudades más inteligentes del mundo, resultado de un cuidadoso trabajo. Su estrategia se ha basado en el proceso IoT para funcionar como una red.

Madrid ha emergido como una de las ciudades europeas más comprometidas con la transformación digital y la sostenibilidad urbana a través del programa Madrid Capital Digital. Sin embargo, debe también enfrentar desafíos como la fragmentación tecnológica entre distritos, las dificultades en la interoperabilidad de sistemas, la coordinación interinstitucional y la ética en el uso de datos personales.

Bilbao ha desarrollado, Entre otras cosas, el distrito de Zorrotzaurre, una península artificial de 2,5 km transformada de antiguo complejo industrial en un nuevo núcleo urbano inteligente.

Sevilla cuenta con el Plan Sevilla + Digital y la iniciativa eCitySevilla, que están transformando la Isla de la Cartuja y el conjunto urbano hacia un modelo descarbonizado y tecnológicamente avanzado.

El municipio de Alcobendas (Madrid) es un modelo consolidado de Smart City en España. Cuenta con un fuerte ecosistema de innovación y conectividad digital. Laboratorios urbanos que permiten testear soluciones sobre movilidad sostenible, servicios digitales al ciudadano y gestión energética antes de escalar a otras ciudades.

Zaragoza está ejecutando uno de los planes más ambiciosos del país para convertirse en ciudad climáticamente neutra en 2030. Ha firmado un acuerdo con Google para implementar soluciones de IA generativa, gemelo digital y asistente virtual.

Málaga es epicentro de innovación urbana en España, con liderazgo en datos, sostenibilidad, turismo inteligente y seguridad digital.

Valencia ya ha equipado 194 edificios municipales con sensores IoT y plataformas digitales para gestionar el consumo energético, la movilidad, las reservas de servicios y los datos urbanos. Tras la DANA implementó un sistema de alarmas sonoras en la pedanía de La Torre para alertar a la población en un radio de tres kilómetros. 

Investigadores de la UPM han desarrollado y validado una metodología que permite estimar la exposición al ruido de tráfico urbano que experimentamos al movernos por la ciudad

¿Y si al elegir una ruta en Google Maps o al revisar tu entrenamiento en Strava, también pudieras saber cuánto ruido has soportado? ¿Y si más allá de elegir el camino más corto o más rápido, tuvieras la opción de escoger el más silencioso? Gracias a una nueva herramienta desarrollada por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), esa posibilidad está cada vez más cerca. 

Un equipo de investigadores de la UPM, liderado por César Asensio, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación de la UPM y miembro del grupo de investigación I2A2 – Instrumentación y Acústica Aplicada, ha desarrollado y validado una metodología que permite estimar la exposición al ruido de tráfico urbano que experimentamos al movernos por la ciudad. Ya sea a pie, en bici o corriendo, esta herramienta —basada en datos públicos y modelos acústicos— permite estimar cuánto ruido soportamos en función de la ruta, el momento del día y el entorno urbano por el que transitamos. 

Este avance ha sido publicado en la revista científica Applied Acoustics de Elsevier, bajo el título A methodological framework for urban noise exposure assessment exploiting citizen itineraries and environmental noise maps

 https://doi.org/10.1016/j.apacoust.2025.111114.

A diferencia de los modelos tradicionales de exposición al ruido —centrados casi exclusivamente en el lugar de residencia— esta nueva metodología adopta una perspectiva mucho más realista: la movilidad diaria de las personas. Porque no nos pasamos el día encerrados en casa, sino moviéndonos por entornos sonoros muy diversos. Esta herramienta permite cuantificar esa exposición acústica "en movimiento", algo que hasta ahora solo podía hacerse mediante sensores individuales.

¿Cómo funciona? A partir de rutas reales, como las que generan los usuarios en plataformas como Strava o Wikiloc, o simuladas en plataformas como Google Maps o Brouter, el sistema cruza esos itinerarios con mapas estratégicos de ruido (como los que exige la normativa europea a las grandes ciudades), y estima el nivel de exposición a lo largo del trayecto. El modelo incorpora variables clave como el horario, la duración del recorrido y la tipología urbana del entorno (vías principales, zonas verdes, calles secundarias, etc.). 

Se trata de estimaciones basadas en datos estadísticos, como los niveles de ruido promediados por franjas horarias, días del año y meses, obtenidos de redes municipales de monitorización. Aunque no refleja la exposición exacta minuto a minuto —algo que dependería de mediciones en tiempo real—, el sistema ofrece una estimación razonable y representativa del ruido al que está expuesto un usuario que recorre una ruta, cuando en esta se dan las condiciones habituales. 

Esta herramienta tiene un enorme potencial tanto para el ciudadano como para la gestión urbana. En el plano personal, podría integrarse en plataformas de navegación y deporte para ofrecer una nueva capa de información: el confort acústico. De esta manera, convierte al usuario en un agente activo que puede monitorizar o modificar su exposición al ruido. Imagina que, al planificar una salida a correr, puedes elegir una ruta por parques y calles secundarias que minimice el ruido al que te expones. O que puedas evitar trayectos especialmente ruidosos camino al trabajo. Incluso podrías consultar después cuánta exposición acumulaste en tu recorrido. 

Pero su impacto va más allá. Desde el punto de vista de la gestión del ruido y la salud pública, esta metodología abre la puerta a estimaciones mucho más precisas del impacto sonoro que soporta una población en su vida cotidiana. Si hasta ahora los estudios de ruido se centraban en las viviendas, ahora se podrá considerar también cómo y por dónde se mueven los ciudadanos, reenfocando la mantera en que se integran los patrones de movilidad urbana en las políticas de planificación acústica. 

Esto permitiría, por ejemplo, diseñar rutas escolares o ciclistas que prioricen zonas menos ruidosas, reforzar áreas verdes como corredores de movilidad activa o evaluar el impacto real de nuevas infraestructuras sobre la salud acústica de la población. También puede contribuir a estudios epidemiológicos que analicen la relación entre ruido, estrés, sueño o enfermedades cardiovasculares. 

Madrid ha servido como ciudad piloto para validar el sistema, con resultados prometedores. La herramienta ha demostrado que es capaz de distinguir diferencias significativas de exposición entre rutas similares, y que incluso breves tramos ruidosos pueden elevar de forma notable la exposición global. En muchos casos, con solo modificar parte del trayecto, se consigue una mejora acústica relevante. 

 Aunque todavía no está integrada en plataformas comerciales, la herramienta está preparada para dar ese paso. Su diseño modular y su uso de datos abiertos la hacen compatible con apps como Google Maps o Strava. ¿Te imaginas como nueva opción: “Ruta más silenciosa”? Una decisión que, en muchos casos, no implica perder tiempo, pero sí ganar en bienestar. 

Con esta metodología, la UPM no solo avanza en el conocimiento científico sobre la exposición al ruido, sino que pone sobre la mesa una herramienta práctica, escalable y con impacto directo en la calidad de vida urbana. Una innovación que convierte el silencio en un criterio de planificación. Porque, en una ciudad que suena constantemente, saber elegir la ruta más silenciosa puede marcar la diferencia. 

Un equipo científico de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) se dedica a indagar en archivos históricos para estudiar cómo han cambiado los ecosistemas a largo plazo y ayudar a las políticas de restauración

El estudio científico de la biodiversidad es, en términos históricos, relativamente reciente. Fue principalmente a partir de la década de 1950, cuando los efectos de la actividad humana sobre el medio ambiente ya comenzaban a ser evidentes, cuando se empezaron a recopilar los primeros datos de manera sistemática. Esto implica que, en muchos casos, las únicas referencias disponibles para diseñar políticas de conservación o restauración corresponden a ecosistemas que ya estaban alterados. Surge entonces una pregunta: ¿cómo poder estudiar la biodiversidad en tiempos preindustriales, antes de que la huella humana transformara los ecosistemas?

En la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), un equipo científico aborda esta cuestión desde la ecología histórica, un campo que busca “viajar al pasado” mediante el estudio de fuentes históricas y artísticas, combinadas con otras disciplinas, para rastrear cómo era la biodiversidad en el pasado y cómo los seres humanos nos relacionábamos con ella. En un nuevo artículo publicado en Nature Reviews Biodiversity, el equipo ha identificado ocho tipos de fuentes históricas que pueden ayudar a la comunidad científica a obtener información valiosa sobre especies, ecosistemas y cómo las sociedades se han relacionado con la naturaleza.

“Cuando pensamos en estudiar la naturaleza del pasado, los primero que se nos viene a la cabeza son los fósiles y los especímenes de colecciones científicas. Sin embargo, muchos desconocen el potencial que ofrecen, por ejemplo, las cartas, las obras de arte, los mapas antiguos o la tradición oral para conocer los cambios que se han producido en la biodiversidad y ayudar a diseñar estrategias de restauración más informadas”, explica Laetitia Navarro, investigadora de la Estación Biológica de Doñana.

Lo que revela la ecología histórica

Esta perspectiva ofrece ejemplos fascinantes en todo el planeta. Por ejemplo, en Hawái, la combinación de datos arqueológicos e informes pesqueros y etnográficos antiguos reveló la existencia de períodos históricos y contemporáneos de recuperación de poblaciones de coral. En Guinea, fotografías aéreas antiguas, materiales escritos e historias orales revelaron que bosques y sabanas se habían expandido durante el siglo XIX y XX, desmintiendo narrativas coloniales que aseguraban que se estaba produciendo una deforestación masiva y que estaban guiando políticas de gestión erróneamente.

La combinación de múltiples fuentes también puede ayudar a desentrañar la historia ecológica de especies concretas. En España, el estudio de todo tipo de documentos históricos, recetarios y diccionarios geográficos ha revelado que el cangrejo de río que se creía autóctono fue en realidad introducido desde Italia hace más de 400 años, lo que obliga a repensar estrategias acerca de su conservación en la actualidad. Otro ejemplo se encuentra en México, donde la tradición oral, documentos históricos y registros arqueológicos ha permitido reconstruir casi 300 años de explotación pesquera de la tortuga verde del Pacífico, una información clave para sus actuales planes de recuperación.

Más allá de rescatar el pasado, esta metodología permite también atribuir causas precisas a los cambios ecológicos ocurridos durante largos periodos de tiempo y orientar las políticas de restauración y conservación. En Canadá, por ejemplo, la revisión de concheros, restos arqueológicos y fuentes orales ha revelado que los incendios forestales eran provocados en su mayoría por comunidades indígenas como técnica de manejo del paisaje, dejando un legado ecológico en la composición y estructura de la zona.

La importancia de estudiar la naturaleza del pasado

“La gente tiende a tener como referencia el estado de la naturaleza que experimenta a lo largo de su vida, a menudo desde la infancia, aceptando generación tras generación ecosistemas cada vez más degradados como norma”, explica Laetitia Navarro. Este fenómeno, conocido como síndrome del punto de referencia cambiante o “shifting baseline syndrome” en inglés, forma las expectativas sociales de conservación y el enfoque de las políticas de biodiversidad actuales. “Usar una variedad de fuentes para reconstruir el conocimiento ecológico a largo plazo puede ayudarnos a reconectar con nuestro patrimonio natural y agudizar nuestra percepción de los cambios en la biodiversidad”, concluye.

Las nuevas tecnologías tendrán un papel fundamental en el desarrollo de estos enfoques. La digitalización de archivos, la inteligencia artificial y la visión artificial por ordenador ayudarán a encontrar información que podía haber pasado desapercibida. Esta perspectiva también de desarrollar flujos de trabajo en los que se unan varias disciplinas, como la historia, la ecología y la informática, para digitalizar, compartir e integrar datos históricos de biodiversidad. Además, la ciencia ciudadana puede desempeñar un rol esencial en la identificación y movilización de datos relevantes, ya sea aportando datos históricos propios, como fotografías antiguas; participando en proyectos de re-muestreo, como el proyecto Paisajes Centenarios; o extrayendo datos históricos de material digitalizado en plataformas en líneas abiertas.

Esta publicación es resultado de SOURCES, un simposio y taller organizado en la Casa de la Ciencia en Sevilla en marzo de 2023, como parte del proyecto europeo SUMHAL financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España a través de los fondos FEDER de la Unión Europea. Este simposio reunió expertos y expertas en Biología de la Conservación, Ecología, Historia, Geografía y Paleobiogía para debatir sobre las múltiples fuentes de información histórica sobre biodiversidad y las formas de integrarlas para la investigación y la conservación.

Imagen: Mercado de pescadores, de Frans Snyders (datado entre 1618 and 1621). / Wikicommons

Investigadores de la UPM desarrollan un proceso basado en la recuperación de compuestos antioxidantes de alto valor añadido a partir de los restos de poda del olivo utilizando disolventes sostenibles

El cultivo del olivo genera grandes cantidades de residuos debido a procesos como la poda, cuyos restos son, en gran parte, hojas que contienen compuestos de alto valor añadido –los polifenoles– utilizados como antioxidantes en la industria cosmética, farmacéutica, alimentaria o de química fina.

Un grupo de investigación de la ETSI Industriales (ETSII) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha desarrollado un nuevo proceso, basado en la extracción de los antioxidantes naturales presentes en las hojas de olivo empleando disolventes supramoleculares, con el que han demostrado que es posible dar valor añadido a los restos de la poda del olivo de forma sostenible.

España, al ser el mayor productor de aceituna del mundo, representa el 35 % mundial de producción de aceitunas y el 25 % de área de olivos cultivados. Por ello, genera gran cantidad de residuos de poda, gran parte de los cuales son hojas. Estas hojas de olivo, que normalmente se acabarían quemando en los olivares, se pueden aprovechar como fuente de compuestos de alto valor añadido: los polifenoles, unos compuestos bioactivos que ofrecen muchos beneficios como agentes antioxidantes utilizados en diferentes sectores.

Actualmente, existen diferentes tipos de procesos industriales con los que obtener compuestos bioactivos. Sin embargo, la mayoría se llevan a cabo usando principalmente disolventes orgánicos derivados del petróleo, lo que supone un gran problema medioambiental y de salud, debido, entre otros factores, a su origen no renovable y elevada toxicidad.

Surge así la necesidad de emplear nuevos disolventes que sean más respetuosos con el medio ambiente –los denominados disolventes verdes–, entre ellos, los disolventes supramoleculares. Se trata de una familia de disolventes sostenibles formados por una suspensión de agregados de micelas caracterizados por tener dos fases (una orgánica y una acuosa) y un potencial muy prometedor para realizar extracciones con biomasa, debido a la posibilidad de adaptar sus propiedades en función de su aplicación.

En este contexto, un equipo de investigadores e investigadoras de la UPM ha desarrollado un proceso novedoso, eficiente y respetuoso con el medio ambiente, basado en la extracción de los antioxidantes naturales presentes en las hojas de olivo, empleando los mencionados disolventes supramoleculares. De entre todos ellos, el mejor disolvente, formado por ácido caprílico, etanol y agua, se utilizó posteriormente para la optimización del método de extracción y para la medida de la estabilidad de los antioxidantes frente al tiempo según distintas condiciones de almacenamiento.

Como señala Andrea Sánchez, una de las investigadoras que ha participado en el estudio, “los resultados obtenidos confirman la posibilidad de sustituir los disolventes convencionales derivados del petróleo por disolventes supramoleculares sostenibles para la valorización de la poda de olivo mediante la recuperación de antioxidantes naturales”. Los resultados obtenidos han sido recientemente publicados en la revista ACS Sustainable Chemistry & Engineering Journal.

Esta investigación ha contado con el apoyo de la Unión Europea y de la Comunidad Autónoma de Madrid, que han financiado los proyectos PID2022-141965OB-C22 y PEJ-2021-AI/AMB-21861, respectivamente. Los investigadores también agradecen a la Comunidad Autónoma de Madrid por la financiación a través del "Programa de Excelencia para el Profesorado Universitario".

Imagen:  Resumen gráfico del método empleado en la extracción de antioxidantes a partir de residuos de poda del olivo utilizando disolventes supramoleculares. Fuente: UPM

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