Gestionar con incertidumbre

Gestionar con incertidumbre

Si intuimos qué pasa en nuestro cuerpo, al menos tendremos estrategias para poner alguna solución

La incertidumbre tiene que ser una oportunidad y no una desventaja. En todos lo tiempos ha existido la innovación, maneras diferentes de hacer nuevos proyectos y se han impulsado nuevas tecnología. Eso no se pone en duda.

La nueva gestión de sostenibilidad, la innovación social, la introducción del big data o la nueva manera de gestionar al personal mediante competencias han supuesto mejoras. Mejoras incluso en las reducciones de costes mediante, por ejemplo la externalización de la cadena de suministro gracias a la globalización y la mano de obra más barata en otros países. Todas estas mejoras se aplicaban en tiempos de prosperidad. Quien iba a imaginar el descalabro debido a la pandemia.

Todas estas nuevas visiones nos hacen crecer aunque algunas de ellas han quedado en entredicho. Siguiendo con el ejemplo anterior, las cadenas de suministro globales han quedado dañadas cuando la pandemia estaba en su punto álgido. Las materias primas estaban en India, se debían ensamblar en Turquía pero los puentes de conexión ya no eran tan fluidos por la parálisis mundial. Este ejemplo pone en evidencia que nada es seguro para siempre, que debemos navegar en un mundo con grandes oleajes, pero para saber navegar con tempestades, como mínimo deberíamos ser capitanes sin marearnos con frecuencia.

A este mareo me refiero a tener la habilidad de construir soluciones a falta de seguridad, de rutinas y hábitos sin caer en el estrés. Si bien este capitán del barco debe conocer a su tripulación, también debería conocerse a él mismo, y a su propia gestión del estrés. ¿Qué regiones cerebrales influyen o se activan en situaciones de incertidumbre y de estrés?

La corteza visual (nuestra percepción de los estímulos que proceden de la vista), el hipocampo (poniendo la emoción como bandera) ¿será una amenaza ouna recompensa?); la amígdala (estructura que se encarga de proteger la supervivencia del individuo cuando detecta un peligro ycoordina una respuesta fisiológica y conductual); la corteza prefrontal (hace énfasis en el control y en aspectos cognitivos como en qué me puedo basar para tomar una buena decisión, qué datos tengo para procesar, que he aprendido previamente que me permita o no tomar decisiones); el hipotálamo (en las reacciones más viscerales) y la corteza motora (con todo lo anterior, dará paso a una conducta final)

Cuando nuestro cerebro está en situación de ambigüedad, intenta buscar pistas que por experiencias pasadas estén asociadas con la seguridad, y si esto no funciona, cualquier cosa nos parece peligrosa porque no tenemos con qué comparar y nuestra maquinaria se pone en funcionamiento. Nos produce ansiedad, insomnio, estrés. Si intuimos qué pasa en nuestro cuerpo, al menos tendremos estrategias para poner alguna solución. Si intuimos las tendencias económicas , al menos tendremos estrategias para ejecutar nuevos proyectos.

Cuando estamos en situaciones de estrés, la amígdala malinterpreta las señales de peligro y su gravedad recae en la hiperactivación. Esto sucede cuando los sistemas cerebrales de control (corteza prefrontal) está desactivada y perdemos esta regulación Por tanto, el estrés que produce la incertidumbre impide la regulación emocional y de aquí la importancia esencial de regularlo para que en tiempos de crisis, de pandemia tengamos una vida feliz comiendo una perdiz.

Autora

mar menenses


Mar Meneses
Licenciada en ITM, Estadística y psicología. Master en supply chain and project management, coaching empresarial y psicología deportiva
www.marmeneses.com

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