"Una ciudad inteligente es aquella capaz de repensarse catalizando creatividad e inteligencia colectiva"

"Una gestión pública responsable no puede medirse solo en términos de los fondos que se confían al responsable correspondiente. Ha de incorporar criterios de eficacia"

“Desentrañar el funcionamiento del cerebro es la gran revolución pendiente. Con la neurociencia vamos a ser capaces de entendernos a nosotros mismos y a los demás”

“No somos conscientes de los cambios sociales que, con las TIC, se están produciendo en la forma de pensar y de relacionarnos”


SCASC.- Se estima que Europa será el principal continente en cuanto a desarrollo de las ciudades inteligentes, antes de que ese relevo pase a Latinoamérica y Asia a lo largo de la próxima década. ¿Qué puede aportar Europa al desarrollo urbano de estos continentes, ya sea mediante ejemplos o transmisión de know-how?

JML.- Una ciudad es un ‘laboratorio’ para gestionar de manera inteligente complejidad y sofisticación, lo que explica el creciente interés de su papel en relación a la innovación y el emprendimiento. Las Ciudades Inteligentes precisan que las tecnologías se entiendan y se asuman ampliamente entre los ciudadanos y a todos los niveles de la Administración, integrando a su vez modelos de gobierno, financiación y licitación adecuados. Las soluciones con éxito serán aquellas que combinen buenas ideas y tecnologías maduras por una parte con sociedades preparadas y regulaciones adecuadas por otra, de manera que Europa puede efectivamente partir con una cierta ventaja para desarrollar modelos a otras regiones del mundo.

Desde instancias comunitarias se están lanzando diversas iniciativas para animar a los responsables de ciudades-piloto europeas a dar forma a sus estrategias e intercambiar casos prácticos en el seno de la ‘smartcities' Stakeholders Platform’ y la asociación europea de innovación ‘EIP: European Innovation Partnership on Smart Cities and Communities’. Asimismo, desde el Séptimo Programa Marco se vienen financiando Proyectos de Demostración multidisciplinares, integrando socios de perfiles muy diversos, desde grandes industrias y pymes, a universidades y centros de investigación, además, lógicamente, de las administraciones. En este nuevo Programa H2020, de hecho, ‘Smart Cities and Communities’ tiene una convocatoria exclusiva con más de 30 M€ de presupuesto. Estos proyectos deberían animar a otras ciudades a la creación de un entorno de redes de ciudades inteligentes globalizado.

KICSCASC.- En ese mismo sentido, ¿qué le puede ofrecer el Instituto Europeo de Tecnología e Innovación (EIT) a las ciudades inteligentes?

JML.- El EIT aborda los grandes retos sociales como oportunidades para innovar. A tal fin, integramos el triángulo del conocimiento integrado por socios excelentes de educación superior, centros de investigación y empresas comprometidos en fomentar el espíritu emprendedor en Europa, particularmente de los jóvenes, a través de ecosistemas interconectados que llamamos ‘Colocation Centers’. Los brazos operativos del EIT son las KICs (Comunidades de Conocimiento e Innovación), grandes asociaciones abiertas y dinámicas focalizadas en crear oportunidades como respuesta a retos como el cambio climático, las energías innovadoras, etc. La característica distintiva del EIT y las KICs es que aprovecha las capacidades ya existentes para enfocarse en las personas y sus actitudes.

Las tres primeras KICs del EIT, Climate KIC, KIC Innoenergy y EIT ICT Labs, tienen algunos proyectos en marcha de aplicación a las Ciudades Inteligentes. Por ejemplo, la KIC de Cambio Climático ha firmado un importante acuerdo con una ciudad piloto del Gobierno chino. KIC Innoenergy define modelos de negocio para el despliegue de vehículos eléctricos en las ciudades. Y por último, en EIT ICT Labs, tiene en marcha proyectos para mejorar la experiencia de los clientes en los hospitales, por ejemplo. Asimismo, este ámbito de las Ciudades Inteligentes será también un campo para la colaboración entre las tres KICs.

SCASC.- De entre todos los sectores tecnológicos y económicos que comprenden las Smart Cities, las TIC son el sector del que se espera un mayor crecimiento. Siendo también las TIC una de sus áreas de especialización, ¿qué opina sobre este pronóstico de desarrollo?

JML.- Sin duda alguna las TIC son fundamentales para incorporar inteligencia en la gestión de sistemas y también fuentes de productividad para las empresas individualmente y, por extensión, en su relación con otras. Tecnológicas como Internet Social, Big Data, Internet de las Cosas, Open Data, Movilidad y Cloud Computing van a abrir nuevas e insospechadas posibilidades, dinamizando sectores económicos que conocemos y creando otros nuevos. De ahí su enorme importancia. Como ya he apuntado, sin embargo, estos desarrollos tecnológicos exigirán a su vez gran capacidad de ‘innovación administrativa’ al ritmo necesario. Y de esta combinación de disponibilidad tecnológica y ecosistemas abiertos al cambio dependerá en buena medida el éxito. Los concursos de ideas que están lanzando ciudades como Nueva York y también EIT ICT Labs en Europa anuncian una nueva forma de innovar en comunidades.

SCASC.- En su etapa como Director Internacional del Centro de Desarrollo Tecnológico e Industrial aumentó la participación española en los programas marco de investigación y desarrollo de la UE en un 50%. Sin embargo, actualmente, el sector I+D ha quedado relegado a un segundo plano en España, al menos en cuanto a inversiones y apoyo gubernamental. ¿Qué consecuencias cree que traerá para España durante los próximos años en el escenario europeo?

JML.- Fue muy interesante y solo puedo tener palabras de agradecimiento para todos los compañeros, autoridades y socios con los que hicimos posible que España equilibrase su participación en el Programa Marco de I+D de la Unión Europea. Y creo que, no obstante la abundancia de ayudas nacionales en aquel momento previo a la crisis económica, logramos lanzar un debate nacional sobre el valor añadido de la colaboración en I+D, en general, y de los programas internacionales, en particular. La Conferencia anual que sigue organizándose cada año en una Comunidad Autónoma distinta es un testigo de esa etapa.

Con apoyo de los responsables políticos del Gobierno y las Autonomías, de la Fundación COTEC y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, donde nos dimos cita durante tres años consecutivos para compartir buenas prácticas en la internacionalización de los sistemas autonómicos de I+D, se hizo posible que la participación en la I+D europea fuera un ‘factor de mérito’ para los agentes del sistema. Y con una serie de incentivos para las empresas y asociaciones, el CDTI contribuyó decisivamente a reequilibrar no solo la participación en términos absolutos, sino también su composición; porque, con anterioridad, era la industria de otros países quien sacaba partido de nuestra participación, mayoritariamente científica por parte española, sin que tuviéramos una contrapartida en beneficio para nuestras empresas.

La situación ha cambiado mucho. No obstante, desde la etapa del anterior Ministerio de Ciencia e Innovación observo desde la distancia un triste debate sobre el presupuesto de las ayudas públicas disponibles en nuestro país que, siendo necesario desde luego para la investigación científica en particular, no debería ser en mi opinión el único enfoque. Porque en este como en otros asuntos no entiendo que la gestión pública pueda medirse solo en términos de los fondos que se confían al responsable correspondiente. Más bien al contrario, creo que una gestión responsable ha de incorporar criterios de eficacia. Porque este es a mi juicio un asunto donde España se juega demasiado y, desde luego, el conjunto de los ciudadanos merece que empresas y responsables se tomen todo esto cada vez más en serio.

En una perspectiva más positiva, observo una efervescencia de las grandes empresas, ‘utilities’ y operadoras de redes, pero también entidades financieras que quieren ‘reinventarse’. El ‘Corporate Venturing’, por ejemplo, es un fenómeno nuevo que significa un mayor compromiso con la innovación de las llamadas ‘multinacionales de bolsillo’. Y creo que no es una moda, sino una necesidad en la medida en que los negocios más tradicionales se abren a la competencia. Es el caso de Telefónica. Es esperanzador pensar que quizá estas formas de innovación abierta puedan compensar la falta de capital riesgo.

SCASC.- Ha tenido un rol muy destacado en el Programa Horizon 2020 de promoción de la innovación en la UE. ¿Está teniendo este programa la acogida esperada?¿Qué se espera conseguir a través de un programa entre naciones tan ambicioso?

JML.- El Horizonte 2020 es uno de los programas internacionales de colaboración en I+D más abierto y ambicioso del mundo y, desde luego, ha creado grandes expectativas aunque no se conoce todavía el resultado de muchas convocatorias. Estructurado en tres pilares, excelencia científica, liderazgo industrial y retos sociales, creo que son quizá en estos dos últimos donde se están las novedades. Por una parte, existe una voluntad de avanzar más allá de la colaboración en investigación que ha concentrado el grueso de las ayudas hasta ahora, con la excepción notable del Consejo Europeo de Investigación desde el anterior 7 Programa Marco. Asimismo, se habla más de innovación e industria, algo que no es nuevo en el discurso pero que quizá la crisis ha acelerado incluso en la disposición de la academia en el objetivo de sentar las bases de nuevo ‘contrato social’ con la ciencia. El tercer pilar de los retos sociales constituye la novedad más clara, y dota de alguna manera a la I+D europea de una misión; precisamente en este pilar se inscribe la labor del EIT con su especificidad relativa a educación y emprendimiento.

El gasto público que supone el Programa Marco con respecto al conjunto de la I+D financiada con fondos públicos en el conjunto de Europa supone, sin embargo, solo entre un 5 y un 10 % según las métricas y periodos. Parece claro que la escasez de ayudas en muchos países puede animar a muchas entidades a participar en proyectos europeos. Pero esto, junto con las expectativas que se han creado paradójicamente por el impulso que la Comisión Europea ha dado a la simplificación de Horizonte 2020, puede suponer que acceder con éxito sea más complejo. Merece la pena intentarlo, no obstante, porque estamos hablando de una plataforma de acceso a conocimientos y mercados sin parangón.

Horizon 2020

SCASC.- Además de España, usted ha residido y trabajado en Francia y Finlandia, y trabaja actualmente en Budapest. ¿Cómo percibe el panorama del desarrollo urbano en Europa del Este? ¿Han podido seguir el ritmo de la Europa occidental?

JML.- Budapest es la sede del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología desde 2010 y una ciudad fascinante e inspiradora para la misión que llevamos a cabo. Porque si pasea por sus calles, sobre todo Pest, cae uno en la cuenta en lo amplio y homogéneo de su parque inmobiliario, que tiene su explicación en el hecho de que esta ciudad se consolidara en unos escasos 20-30 años del cambio del siglo XIX al XX. De manera que Budapest es un testimonio vivo de una economía vibrante basada en el emprendimiento, que es, precisamente, lo que queremos recuperar para el Viejo Continente. Piénsese que en el último cuarto del siglo XX Europa ha creado solo una décima parte de nuevas empresas innovadoras que han escalado de liderazgo mundial, lo que obviamente está muy relacionado con la revolución de la sociedad de la información al otro lado del Atlántico y la lenta respuesta europea que estamos padeciendo aún.

Budapest tiene un gran potencial turístico, y rehabilitar su parque inmobiliario requerirá un gran volumen de inversiones. Al igual que España, Hungría está buscando sus fuentes de crecimiento, curiosamente con inversores españoles en el sector inmobiliario. No me cabe duda de que encontrara su lugar en la economía basada en el conocimiento, puesto que Hungría es el país con más Premios Nobel per cápita del mundo y no falta precisamente el talento. En definitiva, Budapest ilustra muy bien la Europa que pudo ser y que contribuiremos a volver a hacer posible con innovación enfocada en las personas que promueve el EIT.

SCASC.- Además de telecomunicaciones, estudió usted Administración de Empresas. Esta especialización, junto a su implicación en el programa europeo EUREKA, seguramente haya hecho que entienda la necesidad de que se creen oportunidades y modelos de negocio para que las iniciativas de tecnología innovadora puedan ser más que meros proyectos. ¿Cree usted que se están generando suficientes casos de negocio para las iniciativas Smart City?

JML.- Es una reflexión interesante. La iniciativa Eureka fue en su momento una inspiración para impulsar el desarrollo conjunto de productos y servicios partiendo de la colaboración y confianza entre socios. Y, de tal modo, complementariamente al Programas Marco cuya orientación hasta fechas recientes ha sido esencialmente I+D precompetitiva, en Eureka la confianza entre los socios de los proyectos es previa, precisamente por su cercanía al mercado y los resultados que han de estar en condiciones compartir. Del mismo modo, para las Smart Cities los proyectos con innovaciones en modelos de negocio, organizativas y comerciales, necesitan de la confianza entre los socios, y esto de manera sostenida para lograr un grado de aceptación que será determinante para su éxito tecnológico y aceptación social. En Europa la mentalidad de la subvención esta tan asentada que es difícil que los proyectos se conviertan en sistemas y servicios, que precisan el concurso de los socios más allá de la vida del proyecto. Y esto sí que me parece una auténtica ‘paradoja europea’ porque si bien la intervención pública puede estar justificada para corregir fallos de mercado y de sistema, si no se consigue crear compromisos por parte de agentes sociales y económicos, los proyectos pueden quedar en ‘buenas intenciones’ sin continuidad.

Hablamos pues de innovación en sentido amplio, por el número de disciplinas y sectores empresariales que han de integrarse en la producción de soluciones de aplicación a las redes, la energía, los transportes, el medio ambiente, las comunicaciones, la participación ciudadana, etc. Todo esto supone una dedicación y un esfuerzo muy importantes, incluso si se trata de pequeños municipios inteligentes. Incluso los países líderes han de experimentar en este terreno. Corea, por ejemplo, es un país que por tamaño y población era asimilable a España y que hace una generación era esencialmente agrícola. A pesar de disponer hoy de grandes campeones tecnológicos, Corea ha de reducir la diferencia que separa los municipios pequeños de las grandes metrópolis. Y, a tal fin, su gobierno ha lanzado un programa para estimular la creatividad recomendado por la OCDE. Porque nadie tiene el monopolio del talento; al contrario, con frecuencia las ideas rompedoras pueden venir de la periferia geográfica o social.

SCASC.- Durante su trabajo con la Agencia Espacial Europea, uno de sus hitos fue liderar la misión de lanzamiento del satélite SMOS, cuyo propósito es monitorizar los ciclos climáticos y del agua en nuestro planeta, así como los niveles de humedad en los cinco continentes. Bajo esta perspectiva, ¿qué importancia le concede usted a una buena gestión del agua, dentro del marco de una ciudad eficiente e inteligente?

JML.- Es evidente que hay una creciente preocupación social sobre el cambio climático. La medida de la salinidad oceánica y la humedad del terreno son, en opinión de la comunidad científica, dos parámetros muy importantes que constituyen precisamente los objetivos centrales del satélite SMOS, liderado por España en el seno de la Agencia Espacial Europea. Por el liderazgo, SMOS constituye la iniciativa de mayor calado liderara por la industria española en la historia de su participación en la ESA, una idea que recuperamos de sus laboratorios en Holanda. EUMETSAT gestiona desde su creación el sistema de satélites meteorológicos Meteosat y, más recientemente, un sistema complementario de satélites en orbitas polares. Me consta que esta organización manifestó interés por la misión SMOS. Cualquiera que sea el sistema sobre el que repose la inteligencia que precisan las ciudades del siglo XXI, es evidente que hay un margen de mejora en la gestión del agua. Como el aire, que los economistas del pasado consideraban sin valor económico, la importancia del agua no puede sino crecer. Y por ello, por ejemplo, Climate KIC está abordando proyectos como Blue Green Dream, usando agua y vegetación para hacer las ciudades más habitables, o Smart Urban Water, con nuevos modelos para gestionar el agua urbana.

SCASC.- Otro de los programas espaciales en los que usted estuvo implicado fue el Egnos-Galileo, que dio lugar al primer sistema propio de Europa de posicionamiento GPS. ¿Hasta qué punto nos ha ayudado este sistema a los europeos a aumentar nuestra eficiencia y competitividad?

JML.- Galileo es el sistema de navegación y posicionamiento europeo por satélite, asimilable a los sistemas GPS (USA) y GLONASS (Rusia). De manera previa, EGNOS se puso en marcha con España en primera velocidad gracias al acuerdo de colaboración que estableció el CDTI con AENA ya en los años 90. EGNOS está ya en explotación y Galileo ofrecerá muchas otras oportunidades de negocio y aplicaciones para mejorar la seguridad, eficiencia y fiabilidad en múltiples sectores, no solo del tráfico aéreo, sino transporte en general, medio ambiente, agricultura, etc. Existen ya ejemplos concretos y en el futuro asistiremos a la ‘democratización’ de los servicios de interés en múltiples sectores sociales y económicos.

SCASC.- Desde su actual perspectiva como director del EIT, ¿cuál ha sido la tecnología innovadora que más le ha sorprendido recientemente?

JML.- Creo que estamos viviendo una época fascinante y que, quizá por cotidiano (el ‘shock del futuro’ que teorizó Alvin Tofler, por ejemplo), no somos conscientes de los cambios sociales que se están produciendo en la forma de pensar y de relacionarnos por el impulso de las tecnologías de la información. Por ilustrar esto con un caso bien cercano: Youtube es una auténtica biblioteca donde los contenidos audiovisuales ‘a la carta’ figuran en primer lugar. Es una herramienta que lo hace posible. Con todo, creo que desentrañar el funcionamiento del cerebro es la gran revolución pendiente y que, cuando la neurociencia avance lo suficiente, vamos a ser capaces de entendernos a nosotros mismos y a los demás, aprovechando las fortalezas respectivas: seremos capaces de socializar y ser más felices trabajando el lado positivo que todos tenemos. Todo un horizonte de posibilidades para las ‘smartcities’.

SCASC.- Para acabar, denos su opinión: una ciudad inteligente es aquella que…

JML.- Es capaz de repensarse catalizando creatividad e inteligencia colectiva.


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