Emocities: Tecnología Emocional para el siglo XXI

Emocities

La importancia de la sensibilización en los valores intangibles debe alinearse con un bienestar real y no virtual de las personas

Vivimos momentos históricos, con cambios profundos socio-económicos en los que ya nadie duda que no nos devolverán al mismo sitio que de dónde venimos. Si analizamos gran parte de dicho proceso vemos que la tecnología es un agente causal imparable de dicho tránsito y a su vez, un agente efecto hacia dicho cambio.

De nosotros, y de una gestión eficiente y sostenible, basada en principios y valores de amplio consenso, va a depender en gran medida el éxito sostenible que traerán dichos cambios. Todo un reto transformar inteligentemente el aparente retroceso del bienestar en un salto a las smart cities del siglo XXI en lo social, económico y medioambiental.

Sin duda, el rol político y legislativo no lo tendrá fácil. Ha de saber equilibrar sanamente el alineamiento de  los vectores sociales poniendo las condiciones de contexto adecuadas para que los demás actores empresas, familias y sociedad en general converjan hacia dicha transformación con éxito global.

En nuestros comportamientos somos básicamente entes emocionales. Sobre todo en las ciudades, en nuestros hogares y trabajos, alejados de la naturaleza y rodeados de tecnología (“emocities”), estamos continuamente sometidos a sensaciones, estímulos y satisfactores de consumo propensos a adicciones, frustraciones, aislamiento e inestabilidades si no conseguimos equilibrar un uso racional de las emociones tecnológicas. Todo un reto de las smart cities y la sensibilización ciudadana en el uso de la tecnología “emocional”.

En este artículo planteamos a modo de reflexión un paseo con un reto en algunas  de las diferentes áreas clave de nuestra sociedad urbana: salud, hogar, trabajo, ocio, relaciones, familia, gobernanza, formación, solidaridad y servicios en general.

En dicho paseo reflexionaremos sobre la importancia de la sensibilización en los valores intangibles que harán que el uso de esos imparables avances tecnológicos estén alineados con un real y no virtual bienestar de las personas.

El primer axioma sistémico no podemos olvidarlo para encontrar soluciones equilibradas que de verdad tengan en cuenta la gestión del nosotros: “el pan para todos es incompatible con la eficiencia” . Cabe simplificar y no caer en el simplismo técnico que arregla por un lado y estropea por otro, o arregla ahora y estropea después.

Reto de salud: optimizar la tele asistencia y los BigData de salud que nos ofrece la tecnología del siglo XXI a enfermedades y consultas remotas. Ello ha de redundar  en una asistencia presencial y de urgencia de mayor calidad humana y técnica. Valor: salud integral y prevención.

Reto de hogar: aquí hay una fuente enorme generadora de trabajo porque hay mucho que hacer en remodelación de hogares, en eficiencia energética, domotización, servicios comunitarios  y sostenibilidad. Planes bien alineados con el poder adquisitivo individual y subvenciones adaptadas ayudaran a ello. Valor: el placer de compartir.

Reto de trabajo: si en algún área veremos cambios drásticos está se lleva el premio. Desaparecen muchos trabajos de forma inherente a la evolución tecnológica. Ya pasó en la era industrial y ahora aún incluso será más drástico. Nuestra capacidad de reinventarnos y detectar nuevos servicios emergentes, asistenciales...es nuestro gran reto. El autoempleo y la flexibilidad laboral será una gran válvula de escape. Entender que no hay que trabajar más horas sino mejor y con sueldos más altos indexados a la calidad lo que paradójicamente indirectamente enriquece el dinamismo del consumo. ¿No estaremos haciendo algo mal con las generalizaciones?. Valor: compromiso

Reto de ocio: es casi una consecuencia del anterior reto que dispondremos de más tiempo.  Una gestión optimizada de la ocupación de ese tiempo redundará en la calidad de la sociedad en su conjunto: tiempo de ocio, tiempo de aprendizaje, tiempo de cooperación y solidaridad…Valor: amistad y respeto.

Reto de relaciones: las redes sociales, los móviles, las tablets... nos inundaran de información.  Estar atentos a no aplicar soluciones tecnológicas complejas a cosas simples. Quedar en un parque siempre será más agradable para nuestra espalda que una conversación de dos horas por chat. Valor: amor por encima de todo.

Gobernanza: en las gestiones administrativas el reto será la simplificación real de procesos para que su implantación no suponga una imposición sino una aceptación de mejora. Valor: educación integral y libertad.

Solidaridad: Viviremos en ciudades con múltiples actores sociales diferentes en convivencia. La realidad aumentada por doquier no debe alejarnos de la realidad real, personas que necesitan de personas. Marginar o aislar a los más desfavorecidos ya no puede ser una solución creativa Smart City del siglo XXI. Tampoco las sanciones han de suplir una falta de programas educación y sensibilización social.  Valor: cooperación

La comunicación en imágenes ha de ser nuestro gran instructor por doquier en las Emoticies del siglo XXI. Cierro este artículo volviendo a hacer énfasis en la importancia de la educación emocional en el uso de la tecnología (tecnología emocional) para que su auge imparable lo sepamos provechar para potenciar lo esencial y que no nos desmarque de la esencia que somos: personas más conscientes en el siglo XXI.

 

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