Es urgente una política innovadora para reindustrializar España

Pensamiento crítico

La necesidad de reindustrializar la economía occidental, y por supuesto la española, es cada vez más evidente. Y los cambios en el mercado mundial y los recientes avances tecnológicos la hacen hoy sin duda posible, si existe una decidida voluntad empresarial y política.

Por supuesto, la que incluye la aceptación del riesgo que siempre implica la innovación, y excluye la especulación.


Justificar las bondades de la reindustrialización es muy fácil. El sector manufacturero demanda empleo cualificado con mucha más intensidad que cualquier otro sector. Una cualificación que cubre un amplio espectro, tanto en lo que se refiere al tipo de conocimientos como a su nivel de habilidad. Además, es demandante de una amplia gama de servicios de alto valor añadido que también requiere de personal cualificado. Todo ello contribuye a conformar una amplia clase media, que ha sido el aglutinante de las sociedades modernas. La pérdida del sector manufacturero tiene como consecuencia más inmediata una reducción del consumo interno, con su consiguiente impacto negativo en todos los demás sectores productivos.

Las consecuencias negativas de no tener industria son también evidentes, porque la práctica ha demostrado que, para la existencia de una actividad manufacturera, es imprescindible la cercanía geográfica de proveedores de servicios tecnológicos avanzados, incluyendo los de I+D, con lo cual la hipótesis, ampliamente mantenida durante muchos años, de que era posible retener en los países de origen esta importante fuente de valor añadido, ha quedado completamente desmentida. Dos son las razones; por una parte, los países receptores exigen estos servicios y, por otra, estos servicios avanzados no pueden sobrevivir sin una demanda cercana. Los países que deslocalizan su actividad manufacturera, en pocos años no solamente han perdido su capacidad de fabricación sino también la de concepción, desarrollo e ingeniería de nuevos productos, que supuestamente debía asegurar la sostenibilidad de su modelo económico en un mercado globalizado.

 

Una nueva industria 

made in SpainDebe aceptarse que la industria posible hoy no será la misma que nació de la Revolución Industrial. Generará menos empleo y exigirá mano de obra cualificada en cantidad y, sobre todo, solo se mantendrá si se adopta una nueva forma de ver la manufactura. Una nueva forma que no excluye en absoluto a la pyme tradicional, siempre que tenga una mínima propensión a innovar. Por esta razón, es un campo muy adecuado para que los gobiernos ideen nuevas políticas industriales horizontales basadas en la innovación, es decir que afecten de forma simultánea y parecida a multitud de estas empresas, lo que debiera resultar atractivo a cualquier político.

Los cambios en el mercado, que era ya global, han hecho que las demandas sean ahora extremadamente volátiles. Que el consumidor acceda a mucha información sobre los productos o servicios que necesita y, por esto, la simple información sobre las características de un producto o servicio desvela nuevos mercados. Paralelamente, se ha impuesto una lógica basada en la importancia del servicio asociado al producto (Service-Dominant Logic), frente al simple valor del producto, lo que aumenta el valor de la proximidad geográfica al fabricante. Todo esto ha hecho que haya una creciente demanda de productos y servicios diseñados para un nicho o un cliente específico.

 

Debe aceptarse que la industria posible no será la misma que nació de la Revolución Industrial. Los políticos tienen la oportunidad de hacer que muchas pymes se incorporen a las nuevas formas de fabricar

 

Esta nueva forma de vender y fabricar se llama ya personalización masiva, que es la capacidad de producir bienes de consumo adaptados a los deseos de un cliente o de un nicho de mercado, con precios y plazos de suministro comparables a los que ofrece la tradicional fabricación en serie. Es una nueva etapa en la segmentación del mercado, donde cada cliente puede tener exactamente lo que quiere. Es la manera de atender a mercados muy variables, que exigen una gran diversidad de unos productos, que deben ser vendidos, tanto en las tiendas convencionales como a través del comercio electrónico.

Atender este mercado, ya imparable, no es una utopía. La tecnología lo hace posible, y tiene ya un nombre: ‘sistemas cibernéticos y físicos de producción’ (cyber-physical production systems), que los alemanes han bautizado como Industrie 4.0. Esta nueva fábrica utiliza tecnologías ya concebidas y en rápida mejora, que se integran en máquinas inteligentes y se gestionan con nuevas logísticas. Estas piezas tecnológicas son la automática, internet, el diseño de productos modulares, centros flexibles de mecanizado y la fabricación aditiva (3D).

Al margen de inversiones en activos fijos, que serán cada día más asequibles, las empresas que quieran optar por esta forma de fabricar, la única apta para los países desarrollados, deberán estar implicadas en innovar, tanto en cuestiones tecnológicas como no tecnológicas. Sus vendedores deberán innovar primero para identificar las necesidades que justifican para el cliente una fabricación personalizada y, luego, para hacerlas llegar a la fábrica, que las deberá atender en costes y tiempos aceptables. Sus desarrolladores de productos deberán tener en cuenta que sus ideas tienen que permitir aquella personalización sin necesidad de una ingeniería de producto, que siempre supone un gran coste.

 

Los gobiernos deben idear nuevas políticas industriales basadas en la innovación. La nueva forma de vender y fabricar se llama ‘personalización masiva’ y la hacen posible sistemas cibernéticos y físicos de producción

 

Una nueva fábrica pyme 

La fábrica ciber-física está concebida para adaptarse por ella misma a la fabricación de este producto singular, con lo cual es innecesaria la ingeniería de proceso y los ajustes de preserie, que son origen de precios prohibitivos, cuando se quiere competir con la fabricación seriada. Finalmente, la innovación en la logística hará posible la fabricación ajustada a los pedidos, reduciendo los costes que ocasionan los stocks, tanto de materias primas e intermedias como de producto terminado.

La pyme española tiene todavía la oportunidad de ser pionera en este tipo de fabricación, adquiriendo el equipo necesario y asumiendo el riesgo de innovar en la detección de necesidades, en la concepción de los futuros productos y, por qué no, en la especificación, y en su caso diseño, del software que moverá la fábrica. Mientras Alemania aspira a ser líder en la provisión de estas nuevas fábricas, los políticos estatales y regionales españoles tienen la oportunidad de hacer posible que muchas pequeñas industrias manufactureras tradicionales se incorporen desde estos momentos iniciales a esa nueva forma de fabricar, que marcará el futuro manufacturero de la industria del mundo desarrollado. Y hay recursos económicos e intelectuales para ello.

 

Juan Mulet Meliá
Dr. Ingeniero de Telecomunicación

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