Es mejor hablar de Smart Society que de Smart City porque, además de las infraestructuras, se debe hacer evolucionar todo el ecosistema de la sociedad en su conjunto

Siempre se ha comenzado poniendo un gran foco en la tecnología para desplegar iniciativas aisladas, pero en las que falta un nexo común

Las grandes ciudades empiezan a pensar en centralizar la información y en modelos de gobierno que pretenden dar una visión integrada

La tecnología sirve como soporte y catalizador de la evolución de la sociedad, pero debe combinarse con ella.


Alberto Masa

 

 Alberto Masa, responsable de I+D+i del Sector Público en Altran España

www.altran.es

 


Históricamente, la inteligencia colectiva de la sociedad se ha venido nutriendo de los errores previos cometidos. Y para ello, siempre es útil considerar la detección de patrones como una vía para aprender e incorporar lecciones aprendidas a la hora de abordar nuevas iniciativas.

Así, si hacemos una generalización (y exageración) de la manera en la que se han enfocado dos de las últimas transformaciones que han ‘sacudido’ nuestra sociedad en un pasado reciente, la Administración Electrónica y las Smart Cities, podemos llegar a establecer un patrón. Obviamente, este patrón es totalmente empírico y se basa en la mera observación y en mi experiencia personal al respecto.

En ambos casos, siempre se ha comenzado poniendo un gran foco en la tecnología. Si nos fijamos en las iniciativas de Smart City, la caricatura sería una ciudad que empezó desplegando redes de sensores, puntos de recarga para vehículos eléctricos, farolas led, etc. Y si nos fijamos en la Administración Electrónica, tendríamos un organismo que empezó a invertir en desarrollar costosas plataformas, en múltiples ámbitos (contratación, urbanismo, etc.) o que, al margen de las iniciativas a nivel estatal o autonómico, empezó a trabajar en su propia herramienta de registro, notificación, etc.

Todo esto ha llevado, en ambos casos, a desplegar iniciativas aisladas en las que falta un nexo común. En el caso de las Smart Cities, podemos pensar en ciudades donde existen múltiples proyectos, casi como pilotos demostradores, en zonas localizadas, pero sin una repercusión general, e incluso duplicados en áreas geográficas y con actores diferentes. Y si nos fijamos en el ámbito de la administración electrónica, podemos ver organizaciones que han realizado grandes inversiones en tecnología, derivando en ocasiones en duplicidades o herramientas solapadas, herramientas infrautilizadas, etc.

A continuación, y tras esta primera etapa, se pasa a considerar la visión de la ciudadanía con una conceptualización mucho más holística y centralizadora, donde se pasa el foco a la componente social y, sobre todo, en la racionalización de la inversión respecto del impacto generado.

Dentro de la Administración Electrónica, este salto también se vivió con el giro dado hacia la simplificación administrativa, la reducción de cargas administrativas y todo lo que tiene que ver con facilitar la vida a los usuarios de la administración electrónica: la ciudadanía y las empresas. Es esto precisamente lo que llevó, en el caso de la administración electrónica, a plantear hojas de ruta específicas y plataformas integrales donde la filosofía del dato único es uno de los pilares fundamentales.

Gráfico

En las Smart Cities también se empieza a ver esta tendencia. Las grandes ciudades empiezan a pensar en centralizar la información y en modelos de gobierno que precisamente pretenden dar esta visión integrada, que dote de una mayor madurez a estas iniciativas. Y donde, más allá de considerar el desarrollo de una plataforma, se empieza a hablar de la importancia de hacer tangible qué significa la inteligencia de ciudad, hecho que lleva a considerar los procesos o semántica de ciudad, es decir, las reglas o interdependencias entre los diferentes ámbitos dentro de la ciudad: transporte, energía, turismo, etc. y como éstas impactan positiva o negativamente sobre la ciudadanía. Esto es lo que permite, real y definitivamente, hacer que la ciudad, y por ende la sociedad, sea más inteligente.

En este sentido, he tenido la suerte de colaborar en equipos interdisciplinares, donde los politólogos y politólogas, como especialistas dentro de la gestión pública, siempre transmiten que las políticas públicas se basan en un ciclo y que este no puede reducirse a la mera implantación de una nueva tecnología. Poniendo a las personas como centro, se trata de identificar y definir las necesidades y las expectativas de la sociedad, para realizar después un diseño planificado en diferentes fases para su implantación. Sin olvidar, por supuesto, una fase final de seguimiento para evaluar y redefinir las actuaciones que sean necesarias.

Con todo esto no digo que la tecnología no juegue un papel destacado. Todo lo contrario. Pero no puede considerarse como un fin en sí misma. La tecnología sirve como un soporte y un catalizador de la evolución de la sociedad, y debe combinarse con ésta, es decir, con el componente social, para realmente encauzar de una manera adecuada todo su potencial.

Bajo esta óptica, desde Altran más que de Smart City (ciudad inteligente) preferimos hablar de Smart Society (sociedad inteligente), entendiendo que, además de las infraestructuras, se debe hacer evolucionar todo el ecosistema de las ciudades: a la sociedad en su conjunto.

Altran


We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.