Entrevista a Mercè Conesa | Alcaldesa de Sant Cugat

La alcaldesa de Sant Cugat del Vallès (Barcelona) es consciente de  que gobierna una ciudad peculiar: 85.000 habitantes,  con una edad media de 36 años y un nivel medio-alto de estudios  y de familiaridad con las nuevas tecnologías, en el que tres de cada cuatro adultos utilizan un IPhone. Una suma de características que ha favorecido una excelente acogida de las medidas consideradas smart tomadas por el consistorio:

“El nivel de exigencia de nuestra ciudadanía es muy alto y nuestras acciones deben tener en cuenta las opiniones de personas competentes, cada una en su campo” – explica Mercè Conesa. La alcaldesa cree en el concepto smart “siempre y cuando sea funcional y para la mejora de la calidad de vida del ciudadano”.

P.- ¿Porqué Sant Cugat se define como una Smart City?

R.- Son muchas razones pero le destacaré tres de ellas: aquí hay más de 50 edificios smart funcionando con energías alternativas y cuyos consumos de agua y electricidad se monitorizan constantemente, favoreciendo con ello el ahorro y el uso racional de los recursos; en referencia al alumbrado público, en esta ciudad hay 18.000 puntos de iluminación y 7.000 de ellos están dotados de sensores, activándose sólo cuando una persona pasa delante de ellos; y, finalmente, el sistema de recogida de basuras, que está monitorizado y optimizado con una gran precisión para permitir elasticidad, cambios de trayectos de recogida y de frecuencia y una mayor eficacia.

P.- Precisamente en la recogida de basuras desde el ayuntamiento se acaba de lanzar un nuevo servicio inteligente. ¿En qué consiste?

R.- Hemos introducido un tipo de contrato que contempla una serie de indicadores según los cuales pagamos sólo por el trabajo bien realizado, teniendo en consideración la satisfacción del ciudadano. En otras palabras, la empresa que se ha adjudicado la gestión de los desechos se responsabiliza del cumplimento eficaz del trabajo y, de no ser así,se reduce su factura. Se trata de un experimento pionero en Catalunya que se llama “Plan de Control y Mejoría Continuada” que estamos desarrollando y que incluye tecnología de geolocalización para saber cuántos contenedores se trabajan y tener un control diario humano, es decir, dos inspectores, uno del ayuntamiento y otro de la empresa adjudicataria queharán un trabajo de campo para monitorar su eficiencia.

P.- Sant Cugat es pionero también en el campo del e-government

R.- Acabamos de lanzar nuestra primera licitación electrónica con el software Vortal. No hay duda de que el futuro pasa por la transparenciay en nuestro caso, por ejemplo, contamos con la presencia de la oposición en la mesa de contratación para licitaciones superiores a un millón de euros.

P.- Para un gran número de proyectos parece fundamental la relación con los ciudadanos. ¿Cómo se logra mantenerla viva?

Cada seis meses lanzamos un observatorio ciudadano para establecer, a través de un cuestionario, las características y las exigencias de los habitantes de Sant Cugat. El resultado, en algunos aspectos, es asombroso. Por ejemplo: tres de cada cuatro posee un Iphone, no un smartphone cualquiera, un ¡Iphone!. Son datos que nos hacen pensar que nos encontramos ante una masa crítica que puede entender y entiende nuestras iniciativas en el campo de las ciudades inteligentes.

¿Cuál es su definición de ciudad inteligente?

Una definición que hago mía es la que afirma que el mejor sensor es el ciudadano. La ciudad inteligente pasa por que el ciudadano esté en el centro de toda la política. Sin esta prioridad,nos encontraríamos en una ciudad domótica, no inteligente.Tenemos que utilizar los datos que nos ofrece la domótica para transformarlos en servicio para el ciudadano, siempre teniendo en cuenta el componente green y la sostenibilidad.

En el centro de Sant Cugat se ha creado una Smart Street. ¿Cuál es su objetivo?

Sencillamente fue una idea que nació de la búsqueda de soluciones tecnológicas adecuadas a nuestro plan estratégico. Para ello pusimos a disposición de las empresas del sector una calle donde diez de ellas implantaron sus soluciones, poniéndolas a disposición de la ciudad. Todo ello nos sirvió para ver las que sí podían ser utilizadas y las que no. Por ejemplo: el tema de sensores en los contenedores subterráneos de basura no ha funcionado. No detectaban el volumen exacto de desechos debido a la forma de pirámide que estos asumen cuando son depositados. Sí funcionó, en cambio, el tema del alumbrado. Debo decir que ha sido una experiencia muy útil y nos ha ayudado en la búsqueda de soluciones óptimas para nuestros proyectos.

 

 

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