Negocios
Análisis de la situación de la I+D y de la innovación en España
Tras la reciente publicación por el INE de la Estadística sobre Actividades de I+D (2012) y de la Encuesta sobre Innovación en las Empresas Españolas (2012), y, por parte de la Comisión Europea, de los últimos datos de Eurostat sobre ciencia, tecnología e innovación y del informe “2013 EU Survey on R&D Investment Business Trends”, COTEC presentó a finales de diciembre, en Madrid, un análisis de la situación de la I+D y la innovación en España en una rueda de prensa ofrecida por su Director General, Juan Mulet.
En primer lugar, Juan Mulet quiso diferenciar entre la ‘Estadística sobre Actividades de I+D en España’, que se basa en el Manual de Frascati e incluye la I+D pública y la I+D privada (tanto interna como externa) de todas las empresas, siendo la referencia más habitual y fiable para datos de investigación e innovación; y la ‘Encuesta sobre Innovación en las Empresas Españolas’, que se basa en el Manual de Oslo y es una encuesta de innovación sólo de empresas de más de 10 empleados. Esta Encuesta es relativamente joven y ha cambiado varias veces de metodología, por lo que sus resultados son todavía poco fiables y difíciles de contrastar a nivel internacional.
También ha hecho observar que el término I+D+i, introducido por primera vez por España, se refiere a resultados de la Estadística de I+D y de la Encuesta de Innovación en las Empresas.
Datos de innovación
Una definición, acuñada por COTEC en el año 2006, dice que una innovación es “todo cambio basado en el conocimiento que genera valor”. Básicamente existen dos tipos de innovaciones: innovaciones tecnológicas, que son aquellas basadas en las ciencias exactas y naturales; e innovaciones no tecnológicas, que parten de las ciencias socioeconómicas y de humanidades.
Según los datos de la Encuesta de Innovación en las Empresas Españolas (2012), el 20,5% del total de empresas españolas tuvieron al menos una innovación no tecnológica entre 2010 y 2012, frente al 24% del periodo 2009-2011. Mientras que el porcentaje de las que tuvieron al menos una innovación tecnológica en el periodo 2010-2012 fue sólo del 13,22%, frente al 16,57% del período 2009-2011.
Por ramas de actividad, los cinco sectores que más gastaron en innovación en 2012 fueron: Servicios de I+D (CNAE 72), Vehículos de motor(CNAE 29), Farmacia (CNAE 21), Telecomunicaciones (CNAE 61) y Programación, consultoría y otras actividades informáticas (CNAE 62).
Y por Comunidades Autónomas, las diez que registraron en 2012 un mayor gasto destinado a la realización de actividades de innovación tecnológica fueron: Madrid, Cataluña, País Vasco, Andalucía, Comunidad Valenciana, Galicia, Castilla y León, Aragón, Navarra y Castilla-La Mancha.
El Director General de COTEC, Juan Mulet, llamó la atención sobre el importante descenso que se ha producido en el número de empresas españolas que tienen actividades de innovación en España, que se ha reducido a la mitad, pasando de 36.183 en 2008 a 18.077 en 2012, un hecho que según señaló preocupa especialmente a la Comisión Europea, tal como lo señaló recientemente el Jefe del Centro de Competencia para el Crecimiento Inteligente y Sostenible de la DG REGIO, Mikel Landabaso, en una reunión del Club de Gestores de Innovación de Cotec.2.
La evolución del gasto total en I+D en España ha sido muy importante desde 1994 hasta el comienzo de la crisis en 2008, con crecimientos medios anuales superiores al 10%. Con la crisis este gasto primero se estanca y luego comienza a caer con descensos en 2011, del 2,5 %, y en 2012, con una caída del 5%.
Cuando comparamos la evolución desde el comienzo de la crisis del gasto en I+D como porcentaje del PIB de España con los principales países de nuestro entorno, se observa que mientras estos últimos mantienen o incluso suben su gasto, especialmente en Alemania, en España éste se reduce cada vez más a pesar de que el PIB también ha venido disminuyendo durante estos años, exactamente lo contrario que ocurría en la época de bonanza.
En cuanto al origen de fondos para actividades de I+D, se observa que los fondos públicos totales de la Política 46 (P46) de I+D+i de la Administración General del Estado (AGE) tuvieron un crecimiento muy fuerte entre 2004 y 2009, pero desde entonces han ido cayendo, especialmente en 2011. Si bien los capítulos no financieros de la P46 (capítulos del I al VII) han tenido una evolución más moderada.
En el caso de las Comunidades Autónomas, la P46 total ha tenido un crecimiento total más gradual que en el caso de la AGE y también su caída ha sido más atenuada, de tal manera que en 2013 prácticamente el importe total de las Comunidades Autónomas para la P46 se iguala a los Capítulos no financieros de la AGE.
El peso de la Política 46 de I+D+i en los Presupuestos Generales del Estado ha caído en 2013 prácticamente a los niveles del año 2000.
La aportación pública de la actividad de I+D de las empresas se ha reducido un 40% desde el comienzo de la crisis, pasando de 1.447,8 millones de euros (el 17 %) en 2008 a 898 (12,7 %) en 2012.
En cuanto al número de investigadores, desde 2008 en España su número en Equivalencia a Jornada Completa (EJC) se ha mantenido prácticamente igual en el sector privado, mientras que en el sector público, después de subir ligeramente en 2010, ha bajado en 2012. En la media de la UE-28, en 2012 el número total de investigadores en EJC ha subido ligeramente, pero más en el sector privado. En Alemania y Francia ha aumentado el número de investigadores durante la crisis, con mayor importancia en el sector privado.
Fondos comunitarios de la UE para 2014-2020
El programa Horizonte 2020 podría suponer un retorno para España de alrededor de 800 millones de euros anuales en el periodo 2014-2020, para financiar en régimen competitivo con los demás Estados Miembros proyectos de I+D.
Pero además, de los 25.116 millones de euros de los Fondos de Cohesión asignados a España para el periodo 2014-2020, el Gobierno español podría dedicar más de 10.000 millones de euros a actividades de innovación y ayudas a las pymes a través de las estrategias RIS3 (Research and Innovation Strategies for Smart Specialisation). Estas estrategias permiten a las Comunidades Autónomas proponer los campos de los proyectos de innovación que les interesan, lo que supone una gran oportunidad para desarrollar políticas de innovación realmente adaptadas a sus tejidos productivos.
Un informe delator: el capital social español no está preparado para la innovación productiva
En él se señalan los diversos factores que nos alejan de los países europeos de referencia. - Plantea la necesidad de cambios en el sistema educativo, en el mercado laboral y en la cultura y estructura de las empresas
La persona es la protagonista de la innovación y por eso es tan importante la ‘calidad’ del capital social de un país para su innovación productiva, que es determinante para la mejora de su capacidad competitiva. Una de las principales preocupaciones de la Fundación Cotec, dedicada a fomentar la innovación en las empresas y en la sociedad españolas, ha sido la de analizar los valores y aspectos sociales y culturales que favorecen o dificultan el desarrollo de la capacidad innovadora de nuestro país.
Cotec ha querido seguir profundizando en este campo con la publicación de un informe sobre ‘Capital social e innovación en Europa y en España’, en el que se analizan los efectos del capital social en la innovación productiva en España y su comparación con cerca de una treintena de países europeos.
Un centenar de indicadores
El documento es el resultado de la investigación realizada por el Profesor Víctor Pérez-Díaz, Doctor en Sociología por la Universidad de Harvard, y utiliza cerca de un centenar de indicadores procedentes de encuestas internacionales relacionados con el capital social, entendido en su sentido más amplio. Estos indicadores analizan las redes y conexiones sociales en los ámbitos de la empresa, la familia y la sociedad en general, junto a aspectos institucionales y culturales, que incorporan a su vez normas y una cultura moral compuesta de sentimientos de confianza, motivaciones, juicios de valor, disposiciones y virtudes.
En todos los indicadores se han tenido en cuenta los efectos, tanto individuales como colectivos, que cada uno de ellos puede tener en la capacidad innovadora de los países contemplados en el estudio, con el fin de explorar mecanismos causales entre capital social e innovación productiva, es decir, la que está dirigida a crear productos y servicios o procesos y tecnologías y ponerlos a disposición de la sociedad.
Se analiza, en primer lugar, el capital social de las empresas, tanto interno, contemplando aspectos como la experiencia de trabajo, las relaciones entre los trabajadores o el trato que los trabajadores reciben de los directivos, como externo, analizando la cooperación de las empresas con otros actores y el capital social en las universidades, como formadoras de investigadores y de otros trabajadores implicados en la innovación. Se detiene también en el capital social de familias y asociaciones, estudiando la familia, las redes sociales informales o amistosas, y el asociacionismo y su influencia en la innovación. Y, por último, analiza el capital social sistémico, contemplando aspectos relacionados con la confianza generalizada de los ciudadanos y su interacción con los principales actores estratégicos, como políticos y funcionarios, empresas y otros agentes del mercado, y con la cultura moral de la sociedad.
El informe señala que existe una clara relación entre la ‘calidad’ del capital social y la innovación productiva en todos los países analizados, y con la mayor parte de los indicadores utilizados. Una mejor calidad correspondería a sociedades poco individualistas, caracterizadas por niveles altos de capital social interno en las empresas y niveles bajos de capital social universitario y de capital familiar orientados hacia adentro, o endogámicos. También correspondería a niveles elevados de capital asociativo y de capital social sistémico, es decir, de pertenencia a asociaciones o entidades sin fin de lucro y de confianza generalizada y en las élites, así como a niveles altos de moralidad sistémica, caracterizada por una escasa corrupción pública, por un reducido intervencionismo estatal y por un buen funcionamiento de la democracia.
Poca afinidad a la innovación productiva
El informe distingue en Europa tres grupos de países claramente diferenciados, según se acerquen a ese modelo de capital social afín a la innovación o se alejen de él. El primer grupo estaría formado por los países nórdicos, incluyendo a Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega e Islandia, junto con Suiza y los Países Bajos, caracterizados por una capacidad de innovación más alta. El segundo lo integran los países centrales como Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Irlanda y Reino Unido, que presentarían unas tasas medias, salvo en el caso de Alemania que se acercaría más a los niveles del primer grupo. Y, el tercer grupo, el más alejado del modelo noreuropeo, lo formarían los países mediterráneos y de la Europa del Este, caracterizados por bajos niveles de capacidad innovadora.
España se situaría en este último grupo, cuya estructura de capital social es menos afín a la innovación productiva, con una evolución en los principales indicadores analizados caracterizada por su estabilidad en el tiempo, un nivel bajo y una estructura inadecuada. Los resultados españoles se colocan en niveles entre medios y bajos en todas las clasificaciones, según el indicador de capital social correspondiente, lo que supone una clara barrera que dificulta que España consiga tasas altas de innovación.
El informe destaca que dos de los factores que más nos alejan de los niveles de los países de referencia corresponden a indicadores de capital social familiar y asociativo: la emancipación extremadamente tardía de los jóvenes españoles en el contexto europeo (del 43 % de los jóvenes de 18 a 35 años en 2002-2006, frente a una mediana europea del 53,5 %) y el escaso nivel de pertenencia a asociaciones voluntarias en España (16,8 % en 2004-2006, frente a una mediana europea de 28,8 %). En el caso de los indicadores de las empresas, señala que en los últimos 30 años el modelo económico español no ha favorecido la creación de puestos de trabajo enriquecedores y que se desempeñan con autonomía. Algo similar a lo que ha ocurrido con el capital social sistémico, en el que los factores que más nos alejan de esos países siguen siendo, desde el inicio de la democracia, la distancia entre los ciudadanos y la clase política y su escaso interés e implicación en la vida pública.
El documento concluye aportando una serie de sugerencias para la mejora del capital social para la innovación en el caso español, referidas a cambios en la estructura, la cultura y las relaciones con su entorno por parte de las empresas; a reformas en el mercado laboral, orientadas a dar mayor seguridad, especialmente a los jóvenes, y a favorecer la movilidad geográfica. Otras sugerencias se centran en cambios en el sistema educativo y en los modelos de enseñanza, así como en el impulso de una formación profesional de calidad y de una mayor especialización de las universidades españolas.

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