Smart City: capital…sin riesgo

Smart City: capital…sin riesgo

Los objetivos siguen siendo garantizar la calidad de vida de los ciudadanos, la sostenibilidad medioambiental y económica, atajar las deseconomías y aprovechar del mejor modo los recursos.

La tecnología está en el genoma de BBVA para contribuir con una nueva capa de información a mejorar la citada lectura de lo que acontece en nuestro territorio

En el futuro esperamos seguir ideando y explorando vías que desemboquen en nuevas capacidades de interpretación de las dinámicas urbanas, o incluso en modelos que den un paso más allá del diagnóstico del pasado y del presente, y sean capaces de predecir lo que puede acontecer ante determinadas condiciones

Miembro del Consejo Ejecutivo del BBVA dirigiendo el departamento de relaciones institucionales, economía global y regulación, además de ser el presidente del consejo asesor internacional. También ha formado parte del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo y del Banco de España, tras ejercer como Profesor de Economía en la Universidad Complutense de Madrid.

¿Qué papel puede desempeñar un banco en el ámbito de las Smart Cities?, ¿cuál puede ser su contribución más allá de la función financiera?. Para responder a esta cuestión tenemos que retrotraernos al origen del término ciudad inteligente o, mejor aún, ciudad sensible y reactiva, ciudad legible, en contraposición a la ciudad opaca.

SmartPhonesLas nuevas capacidades de lectura de lo que sucede en el territorio vienen de la mano de dos fenómenos tecnológicos: internet de las cosas (IoT), y la hiperconexión de los ciudadanos a través del ordenador en miniatura que la mayoría de nosotros tiene en su bolsillo, el smartphone.

Por un lado el despliegue de múltiples redes de sensores, junto con la eclosión de las herramientas de análisis de cantidades masivas de datos, nos permite controlar mucho mejor los ciclos físicos vinculados al metabolismo urbano (ciclo del agua, ciclo energético, materiales y residuos, movilidad, etc.). Por otro los ciudadanos se erigen en emisores de datos de otra naturaleza, datos descriptores de las interacciones socioeconómicas en muy diversos campos: educación, sanidad, periodismo y redes sociales, comercio y economía. Todas estas actividades dejan una huella digital creciente, cuyo análisis puede abordarse de manera mucho más económica gracias a las soluciones de computación distribuida.

La sociedad se comunica, pero para que esta comunicación sea efectiva ha de haber también un lector, un receptor de la información que haga algo con ella, que sustente su toma de decisiones en el conocimiento que le llega.

En todo caso la tecnología es tan solo un medio, las cuestiones de fondo son otras, de hecho, son las de siempre. Los objetivos comunes a todos los agentes que intervenimos de un modo u otro para mejorar nuestras ciudades siguen siendo garantizar la calidad de vida de los ciudadanos, lograr la sostenibilidad medioambiental y económica de nuestra sociedad, atajar las deseconomías y aprovechar del mejor modo los recursos.

Aplicación para tablet BBVADesde el momento en que la tecnología está en el genoma de BBVA, parece casi natural que, hace ya tres años, se planteara en el área de innovación cómo la capacidad tecnológica del banco podría contribuir con una nueva capa de información a mejorar la citada lectura de lo que acontece en nuestro territorio. En este proceso nos encontramos además con la gran fortuna de tener ya desplegada una densa red que monitoriza las interacciones de ciudadanos y empresas en el plano socioeconómico: nuestro sistema de medios de pago electrónicos, que recaba en España un flujo de 600 millones de transacciones al año. Los sensores ya estaban desplegados, tan sólo había que detenerse a interpretar la ingente cantidad de datos que generaban los pagos con tarjeta. Comenzamos entonces la labor de convertir estos datos en información útil, con la voluntad, además, de abrir dicha información, de compartir con la sociedad soluciones y herramientas que pueden ayudar a dinamizar la economía. Los servicios ideados desde entonces han tratado de cubrir, entre otros, los siguientes objetivos:

  • Que un comerciante sepa de dónde están llegando sus clientes, cuánto gastan en función de su edad, género u origen, con qué tipo de comercio se complementa mejor, o cuál es el momento de máximo consumo en su área puede ayudarle a mejorar su rendimiento, a configurar mejor los servicios y productos que ofrece, a regular sus precios, o incluso a planificar con antelación sus necesidades en materia de recursos humanos.
  • Que un emprendedor acierte en el tipo de negocio y en la ubicación elegida gracias a análisis de mercado basados en la actividad comercial real.
  • Que no se deniegue un crédito si la información de contexto, más allá de las cuentas internas de la pequeña empresa en cuestión, apuntan a que la idea de negocio se inserta en un área con potencial de crecimiento, y destaca además, según ciertos parámetros, sobre otros negocios de perfil similar.
  • Que un gestor público evalúe el impacto de una remodelación urbana, una nueva línea de transporte, o una medida legal o fiscal tiene sobre la actividad comercial, puede ayudarle a replicar dichas medidas, o a corregirlas si el impacto no fue el deseado.
  • Que un operador privado del sector turístico tenga información dinámica y suficientemente detallada sobre la actividad y patrones de consumo de cada una de las nacionalidades, sus áreas de interés o sus movimientos dentro de un destino, para que pueda adaptar su oferta a la demanda del mercado, o incluso para tratar de reconducir esta demanda hacia nuevas áreas y actividades, ayudando a afrontar los retos de recualificación que afronta este sector en concreto en nuestro país.

Creemos que todo ello encierra valor y ha de ser compartido, porque los beneficios producidos retornarán de un modo u otro al banco.

Además, más allá del esfuerzo acometido para crear los servicios de análisis de desarrollo propio, el pasado otoño abrimos experimentalmente parte de nuestros datos, porque confiábamos en que la gran cantidad de talento existente entre las comunidades de desarrolladores de aplicaciones nos sorprendiera, y sin duda así ha sido: los resultados del reto Innova Challenge han superado nuestras expectativas.

En el futuro esperamos seguir ideando y explorando vías que desemboquen en nuevas capacidades de interpretación de las dinámicas urbanas, o incluso en modelos que den un paso más allá del diagnóstico del pasado y del presente, y sean capaces de predecir lo que puede acontecer ante determinadas condiciones. Y lo haremos como hasta ahora, de una forma abierta y colaborativa, con el afán de lograr mejoras tangibles en nuestra sociedad.

 

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